Ríe cuando todos estén tristes (Sergio Durán Escobar)

Ríe cuando todos estén tristes. El entretenimiento televisivo bajo la dictadura de Pinochet.
LOM Ediciones
ISBN: 9789560003591
Sergio Durán Escobar
142 páginas
Precio referencial: $7.000

Pensemos en la televisión de años atrás. Recordemos lo que nuestra edad permite recordar de la televisión de la década de los setenta y ochenta. Pensemos en quienes presenciaron importantes cambios de la pantalla chica, como el paso de los canales universitarios a canales cuyo objetivo era la comercialización del entretenimiento a mediados de los ochenta, o el cambio de la pantalla en blanco y negro a color. Pensemos ahora en cómo fueron recibidos estos y otros cambios por los telespectadores dentro de un contexto de represión dictatorial, en cómo el espectador se relacionó con los animadores, con el público asistente a los diversos programas de entretención.
      Todas estas son preguntas que se hace Sergio Durán Escobar, autor de Ríe cuando todos estén tristes, a través de cinco relatos, en los cuales se refiere a los cinco formatos de entretenimiento que coexistieron en pantalla durante el periodo de dictadura. El entretenimiento televisivo se transforma en el campo de estudio de este autor en la medida que los años que abarca en su análisis (1973 a 1990) confieren mayor importancia a este objetivo, más allá, mucho más allá de los otros dos que por definición debiera tener la pantalla chica: educar e informar. Así, los programas envasados –comprados en el extranjero–, y los realizados en casa bajo un fuerte control de parte de las autoridades, conforman el modo de hacer televisión de una época. El control editorial de los llamados canales universitarios (Canal 9, que luego pasará a ser CHV, UCV y Canal 13) se realizaba desde las universidades mismas, a través de los rectores delegados por las autoridades, y tanto la televisión como el resto de los medios de comunicación se encontraban bajo la tutela de la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS).
      Dentro de este contexto de sumo control, el entretenimiento aparentaba ser el área en el cual los canales podían desenvolverse con mayor libertad. De este modo la parrilla programática de los canales se vio copada por los llamados shows musicales, de novedades, programas de concursos, telenovelas y los programas infantiles.
     Durante las noches, el espectáculo ingresa a los hogares de los chilenos, a la intimidad del hogar. Los estelares o shows musicales –grabados en lujosos hoteles, con un selecto público asistente y con artistas internacionales invitados–, acompañaban a los televidentes. Programas como El gran baile y Un aplauso hacían gala de una normalidad que no era tal.

Otro de los formatos descritos por Sergio Durán es el del estelar de mediodía. Más familiares y cercanos a la dueña de casa, estos programas tuvieron sus máximos exponentes en el Festival de la una, conducido por Enrique Maluenda, y en Sábados Gigantes, programa conducido por Mario Kreutzberger, don Francisco, y que llegó a completar hasta ocho horas sin interrupción en pantalla. Dichos espacios buscaban relacionarse de una forma más cercana con el público, interactuando con quienes visitaban el set de televisión, haciéndolos participar en concursos, mostrando la “realidad” de personajes comunes y corrientes con quienes el televidente podía identificarse. Sin embargo lo que estos hacían era mostrar una vivencia inconsciente de la democracia mediante los concursos, brindando participación y “pantalla” al chileno medio.
      Por su parte las teleseries, en sus inicios traídas desde el extranjero y posteriormente de producción local, no hacían más que mostrar personajes arquetípicos, carentes de ideología. La investigación de Sergio Durán no se conforma con describir en qué consistían estas y los antes mencionados programas transmitidos en los años de dictadura, sino que indaga en los otros medios de comunicación, como diarios y revistas, que sirvieron de fuente para estudiar las apreciaciones del público, como la manifestada por Fernando Barraza a través de la revista Mensaje, quien a propósito de los estelares escribe:

El programa no es para los televidentes, como pudiera creerse. Ellos se limitan a ver, en vivo y en directo, cómo se divierten los personajes, la “gente linda”. ¿Cómo no recordar las grandes fiestas del siglo pasado, o las funciones de gala en el Teatro Municipal, cuando el pueblo se agolpaba en las afueras del recinto, para ver llegar a las personalidades de aquel tiempo? 

La idea de “pan y circo”, la invitación a reír cuando todos estén tristes es uno de los objetivos principales de la televisión bajo la dictadura de Pinochet. El contexto político hace evidente el énfasis en este tipo de programas por sobre otros, sin embargo, el valioso aporte del trabajo de Durán Escobar con este libro consiste en mostrar el otro lado, la recepción del público, a quienes siempre se les atribuye un rol totalmente pasivo. Y no solo del público, sino que también de quienes forman parte de la televisión. De este modo se logra entender a cabalidad, por ejemplo, el rol que tuvieron los actores de teleseries en la llegada de la democracia, pues a través de un hecho puntual se hace necesario alzar la voz. Un documento valioso es, entonces, el que nos entrega este autor, que postula a los medios de comunicación como una fuente valiosa de información sobre una determinada época, yendo más allá de los documentos históricos oficiales que, como ya sabemos, no siempre –o difícilmente– muestran la realidad.
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