Revolución en Chile (Sillie Utternut —G. Blanco, C. Ruiz-Tagle—)


Revolución en Chile (1962)

Sillie Utternut (Guillemo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle)

Ed. Del Pacifico  
N° Inscripción 25.663-1973
174 Páginas
Precio referencial: $12000
—Mire —me dijo—, a esta pobre nación no hay por dónde agarrarla. La única solución para el caos que existe sería matar a unos cuantos cabecillas, instalar a un gobierno fuerte y hacer que la gente anduviera a las derechas.
—¿Una dictadura? —inquirí.
—Sí. —confirmó— una dictadura. Nada de cuentos…
     Esta novela es un invento curioso. No digo único porque se ha hecho en otras ocasiones, pero no por ello deja de ser poco usual. Además, en este caso en específico, se trata de un resultado notable, consiguiendo ser reeditada 21 veces, si es que mis datos no fallan. Hablamos entre el año 1962, cuando por primera vez se publicó, hasta octubre del año 1973, en que, post golpe de Estado y comienzo de la dictadura en Chile, cuando, me supongo, un libro (aunque ficcional) titulado “Revolución en Chile”, no debe haber caído muy bien en el régimen imperante y dejó de reeditarse; claro, los tiempos no estaban para andar leyendo por la calle una novela que ridiculizara a todo y a todos.
     Lo particular de esta novela, que figura como “traducida” por Guillermo Blanco y Carlos Ruiz-Tagle, es que ellos son realmente los autores y Sillie Utternut (léanlo en inglés: Silly Utter nut: algo así como tonto(a) de remate) no es más que un nombre inventado. Los dos autores reales contaron en alguna entrevista que se demoraron muchísimo en terminar este libro, porque cada vez que se juntaban se reían tanto de las cosas que iban escribiendo que prácticamente no avanzaban en él. Debe haber sido un gusto haber podido presenciarlos.
     De qué trata el libro. Pues bien, esta Sillie Utternut es una periodista que trabaja en una revista o diario en E.E.U.U. y es enviada a Chile para monitorear y reportar sobre las posibilidades de una revolución en este país. Cosa curiosa, por decir lo menos, ya que en Chile, si excluimos la lucha por la Independencia, hay que ser capaz de jugar bastante con la historia como para poder citar un ejemplo de una revolución propiamente tal (sí, muchos historiadores podrán rebatirme con mejores argumentos, pero no es algo que sea propio para adentrarse en esta reseña), especialmente si consideramos la historia previa al año 1958 que es cuando este libro se sitúa históricamente. ¿Qué está pasando en Chile en ese momento que enfrenta la narradora? Hay elecciones presidenciales, unas que fueron bastante “entretenidas” por sus contendores… pero no ahondaré en ello para no dilatar en un tema que solo puede interesar a gente de nacionalidad chilena.

      En ese ambiente cáustico, desordenado, arriba Sillie, quien viene a hacerle honor a su nombre. Esta mujer, de una torpeza supina, va mal interpretando absolutamente todas las cosas que ve en su entorno, creyendo siempre que cada actitud, mirada, frase, es una clave para desentrañar esta revolución encubierta que puede llegar desde cualquier sector.
…me explicó que él, que con la ayuda de otros agricultores, habían hecho este país…
—Oiga —me previno—, no se deje influir por los marxistas-leninistas. Eso de la lucha de clases es un sentimiento formado en cierta gente a través de generaciones que han vivido sin pagar sus cuentas de agua, gas y electricidad.
     En tanto va entrevistándose con gente de todos los sectores políticos, gente de la calle, que con la exageración típica de la gente de Chile, va ofreciendo alternativas de futuro cada cual más distinta, rotunda y opuesta, confundiéndola aun más.
—Lo que hace falta —continuó ella— es un gobierno de orden. Nada de medios pelos ni de medias tintas. Gente de clase, que sepa manejar al país. Que no se sienta rara comiendo con cubiertos de plata, o con loza fina, en La Moneda. Y que no se tiente de quedarse con ellos. Que no roben. Nada. Porque una persona que tiene casa, apellido, no va a ir a ensuciarse las manos por una basura, ¿no le parece?
     Y se sorprende también al ver el pesimismo exacerbado del chileno, que ella torpemente considera una modestia noble.
—Este país no tiene remedio.
—Así son las cosas aquí: Industria nacional, igual basura.
Frases como estas oí por decenas en diversas oportunidades. Los precios chilenos eran los más altos imaginables; los sueldos, los más bajos; los impuestos, de nuevo los más altos. Para qué hablar de la calidad: siempre la peor. Y del Gobierno ni qué decir, pues, según las personas con quienes tuve ocasión de conversar, no se concebía que hubiera otro peor… ni siquiera en Chile.
     Y va formándose en su mente la idea férrea de que todo indica que las condiciones para la revolución en Chile están dadas, que es cosa de instantes, minutos, segundos.
     Finalmente la protagonista presencia las votaciones en las urnas, las peleas y malas artes de los votantes y apoderados de los partidos políticos, las manifestaciones a viva voz, el contingente policial desplegado para estos fines y está segura, apabullada por los gritos, las manos en alto de los que prematuramente se creen victoriosos, que la revolución ha llegado y, raudamente, escapa del país. Desde ahí se supone que escribe este libro, rescatando sus notas y experiencias.
     Hay muchas cosas acá. Antes que todo está la radiografía a la idiosincrasia chilena, a la gente de la calle, con un tono de mofa, riéndonos de nosotros mismos. Es difícil, incluso ahora más de 40 años después, no reconocer todavía los mismos discursos, los mismos gestos, ánimos, etc. en nuestra sociedad y esa vigencia no deja de ser asombrosa. Por otro lado, y lo leí por ahí a propósito de la revelación de los bullados Wikileaks a fines de 2010, la crítica abierta al imperialismo norteamericano, al trato poco inteligente que se le atribuye, a su nula capacidad para entender los comportamientos más comunes que existen no solo en Chile, sino que también en cualquier pueblo latinoamericano.
     Como ya lo decía al comienzo, el resultado es notable, quizás no tanto líricamente pero sí asegurando un exquisito rato de entretención con cada anécdota y situación, a demás, tan bien narrada.
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3 Comments

  • Una amiga de mi mamá me presto este libro cuando tenía 18 años (ahora tengo 36). Se lo devolví y busque mi propia copia por años, en cada libreria, feria libre, mercado y puesto de libros usados. Una tarde, cuando vivía en Pucón, al hijo de mi jefe de 12 años, se puso a vender libros usados, y entre ellos estaba este libro, primera edicion.
    Lo compre de INMEDIATO. Recuerdo que me costó $ 500.
    Hoy leo Mi Pais Inventado y no puedo dejar de encontrar tanta similitud en el texto.
    Un libro genial!!!

     
  • Necesitamos otra Sillie ya que el momento es propicio para auto reirnos de este pais disparatado que sigue siendo aun peot que el 1962 que ya era tonto.

     

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