Las pequeñas memorias (José Saramago)

As Pequenas Memórias (2006)
José Saramago (1922- 2010)
Alfaguara
ISBN: 9789870406426
208 páginas
Precio referencial: $9900
 
     Cuatro años antes de su muerte, José Saramago publica un breve libro autobiográfico llamado Las pequeñas memorias. En él el ganador del Premio Nobel de Literatura 1998, autor de El año de la muerte de Ricardo Reis, El hombre duplicado, El evangelio según Jesucristo, entre otros, relata los sucesos que marcaron su infancia, desde los cinco a los catorce años, y que, en muchos casos, lo llevaron por el camino de la literatura transformándolo en un célebre escritor.
     Con más de ochenta años, Saramago nos entrega mediante fragmentos parte de su niñez en Azinhaga, Portugal, localidad que en los primeros años de nuestro autor se encontraba poblada de olivos, árbol que quedó aferrado a los recuerdos y que hoy en día acompaña sus cenizas en Lisboa. Utilizando la escritura como un ejercicio de memoria, expresa en estos pequeños relatos el amor por la tierra que lo vio crecer, tierra que recuerda con nostalgia y con la imprecisión que el paso del tiempo entrega al pasado. Por entre las brumas de la memoria, como expresa el autor, encontramos también la importancia de la palabra oral. Los “se decía…” abundan en el relato, así como también las anécdotas en donde la palabra de la gente de la tierra estaba ligada fuertemente al honor, habla que quitando juramentos y maldiciones, era sí, sí, no, no, sin desperdicios de floreados retóricos.
 

Ésta muestra un aire triunfante, una media sonrisa que parece muy segura de sí misma. Supongo que me la hicieron después del examen de cuarto, cuando disfrutaba por anticipado con las responsabilidades que me esperaban en el instituto. Por poco tiempo.


     Transitando de la palabra oral a la escrita, relata la anécdota de cómo terminó él, sin quererlo, renombrando a su padre por un error del funcionario del registro civil, pues el pequeño José de Souza fue inscrito como “José de Souza Saramago”, razón por la cual su padre debió adoptar el apellido Saramago para evitar cuestionamientos a futuro por la diferencia en los apellidos de ambos. Recuerda también sus primeras lecturas y el orgullo de sus padres analfabetos, sus incursiones en el teatro de Molière, así como también las lecturas de novelas por suplementos, de dudoso valor literario pero valiosísimas para fomentar el amor por las letras del joven Ze, como le decían sus cercanos. 

No sé cómo lo percibirán los niños de ahora, pero, en aquellas épocas remotas, para la infancia que fuimos, nos parecía que el tiempo estaba hecho de una especie particular de horas, todas lentas, arrastradas, interminables. Tuvieron que pasar algunos años para que comenzásemos a comprender, ya sin remedio, que cada uno tenía sólo sesenta minutos, y, más tarde aún, tendríamos la certeza de que todos ellos, sin excepción, acababan al final de sesenta segundos…

     Son las pequeñas memorias que mantienen la visión de un niño que observa con curiosidad el mundo reducido al entorno inmediato, los árboles, el piso de tierra de la casa de la infancia, la cocina, la vida con los vecinos y primos. Pero que también nos habla de la adultez, de la crueldad, de la ingenuidad y deja por escrito la ternura de los pensamientos de un niño, que podría ser cualquier niño, de cualquier localidad campestre, que podría ser cualquiera de nosotros recordando una luna llena, un cielo estrellado o un olor a pasto húmedo recién bañado por la lluvia.
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