
Marta Brunet (1901 - 1967)
Ed. Andrés Bello (1978)
N° Inscripción 47.158
155 páginas
Precio referencial: $6.000
Marta Brunet fue una mujer de aquella especie casi extinta. De partida, nació en una familia tan acomodada que se
crió y educó tan solo con profesores particulares, desarrollando su
primera infancia en un fundo, donde habrían un sinnúmero de trabajadores
agrícolas destinados a satisfacer las obligaciones ligadas a la tierra. De ellos puede leerse mucho en sus cuentos, así como de sus modismos
y tonos. Luego, al crecer, sus padres la llevaron a Europa, donde completaría su formación académica asistiendo a una escuela con más niños. No
es extraño, entonces, que a muy temprana edad se haya familiarizado con la
literatura de autores como Proust o Pirandello.
En 1919 estaba de vuelta en Chile,
desmadejando aquel interés que siempre había demostrado en la literatura.
-Na, patrón —contestó con voz insegura Segundo Seguel.-¡Cómo que nada... ! Y entonces ¿por qué se vinieron?-Es que la ruea grande e la máquina se quiebró por el eje —explicó con voz entera Juan Oses, mirando bien de frente al administrador.-Se quebró.. . Se quebró.. . La quebrarían ustedes, rotos de porquería.. .
Montaña adentro fue su primera novela. O novela
corta, si se quiere hacer el distingo. Qué hay en ella. En ella está la propia
Marta Brunet. La vida en el fundo, sus horas de contemplación de los
campesinos, sus hábitos, vida y carestías. Sus tonos y maneras de expresarse.
Marta Brunet, desde la altura en que creció, se conformó en una escritora
adscrita a la corriente del criollismo, repletando sus historias con el Chile
rural, pero no como si se tratase de un mero espectador —cosa simple de
hacerse, si se hubiese mantenido ajena a toda la faena que siempre pululó a su
alrededor— sino que haciéndose parte del vivir y mal vivir de nuestra gente de
comienzos del siglo pasado.
Sus diálogos, por evocar algo característico,
retratan con fidelidad el hablar campesino al punto que creo que se le deben
hacer casi inaccesibles a cualquier persona que no comparta la nacionalidad con
la autora. Esto, aunque en un primer momento podría pensarse que es un defecto,
bien visto funciona a la perfección para dar el adecuado tono, y no solo eso,
sino que además de convertir en testimonio a aquel óleo social que va pintando
Marta Brunet.
El criollismo funcionó en nuestro país como espejo
que reflejaba una realidad sobre la que el arte se estaba haciendo cargo,
exhibiéndola, exponiéndola y volviéndola latente como la verdad de una parte
muy significativa de nuestro país, quizás mayoritaria en ese instante. Marta Brunet da un paso, no diría más allá,
sino que más hacia el interior, adentrándose no solo en el día a día del hombre
ligado a la tierra, sino que además en sus penas, en su vida interna, en el
relato de la mujer anciana que, criando a sus nietos, teme cada día a que el
padre viudo de estos viole a la mayor, que cada día se parece más y más a la
difunta madre, a la historia simpaticona de la mujer que, como cocinera, ha
llegado a adueñarse de la casa. En eso transporta a una nueva belleza,
profundizando en el pecho endurecido del campesino.
Hay otra faceta de la escritora, consistente en su calidad de autora infantil. En la
edición que uso, que es la misma que normalmente se hace leer en colegios,
ambos aspectos de Brunet se enlazan sin hacer el distingo, esto es, así como
podemos leer en ella la dura historia de Montaña adentro, al mismo tiempo nos
encontramos con la Historia
del Sapete que se enamoró del sol, una narración infantil, de lindísimo trazo pero pensado para los más pequeños, por
ende, que se distancia de aquel criollismo “íntimo” que abordó Marta Brunet,
por el cual fuera tan loada. Mi queja con este tipo de ediciones, supuestamente
indicadas para un público más juvenil, es que no consiguen conformar una unidad coherente, más allá que documental, para que un lector incipiente pueda realmente
interesarse, sin tener que caer en los altibajos, con la literatura que más
desarrolló la autora o, por el contrario, que un lector pequeño, a quien
perfectamente podría encantarle la narración de la Historia de por qué las
loicas tienen el pecho rojo claramente no podrá con el tono angustioso de Montaña
adentro. Creo que ahí hay una pésima lección editorial y creo que es mala porque a un gran
grupo de escritores chilenos se les ha subvalorado enormemente, considerándolos
nada más que una especie de lectura colegial cuando su talla es muchísimo más
amplia y profunda, perdiendo cuidado en sus ediciones y presentaciones. Se nota
la falta de cariño en la elección de los cuentos, porque entre uno y otro no
hay un lazo temático ni de estilo.
Olvidándose de eso, Marta Brunet es,
probablemente, una de las mejores exponentes del criollismo chileno, y una de
las mejores formas de acercarse a ese estilo que más tarde vendrían a abolir
otros tremendos autores como Manuel Rojas, Alberto Romero, Óscar Castro, etc.







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