Montaña adentro y otros cuentos (Marta Brunet)

Montaña adentro y otros cuentos (1923)
(Descarga desde memoriachilena.cl)
Marta Brunet (1901 – 1967)
Ed. Andrés Bello (1978)
N° Inscripción 47.158
155 páginas
Precio referencial: $6.000
    
     Marta Brunet fue una mujer de aquella especie casi extinta. De partida, nació en una familia tan acomodada que se crió y educó tan solo con profesores particulares, desarrollando su primera infancia en un fundo, donde habrían un sinnúmero de trabajadores agrícolas destinados a satisfacer las obligaciones ligadas a la tierra. De ellos puede leerse mucho en sus cuentos, así como de sus modismos y tonos. Luego, al crecer, sus padres la llevaron a Europa, donde completaría su formación académica asistiendo a una escuela con más niños. No es extraño, entonces, que a muy temprana edad se haya familiarizado con la literatura de autores como Proust o Pirandello.
En 1919 estaba de vuelta en Chile, desmadejando aquel interés que siempre había demostrado en la literatura.
-Na, patrón —contestó con voz insegura Segundo Seguel.
-¡Cómo que nada… ! Y entonces ¿por qué se vinieron?
-Es que la ruea grande e la máquina se quiebró por el eje explicó con voz entera Juan Oses, mirando bien de frente al administrador.
-Se quebró.. . Se quebró.. . La quebrarían ustedes, rotos de porquería.. .
     Montaña adentro fue su primera novela. O novela corta, si se quiere hacer el distingo. Qué hay en ella. En ella está la propia Marta Brunet. La vida en el fundo, sus horas de contemplación de los campesinos, sus hábitos, vida y carestías. Sus tonos y maneras de expresarse. Marta Brunet, desde la altura en que creció, se conformó en una escritora adscrita a la corriente del criollismo, repletando sus historias con el Chile rural, pero no como si se tratase de un mero espectador —cosa simple de hacerse, si se hubiese mantenido ajena a toda la faena que siempre pululó a su alrededor— sino que haciéndose parte del vivir y mal vivir de nuestra gente de comienzos del siglo pasado.
 
     Sus diálogos, por evocar algo característico, retratan con fidelidad el hablar campesino al punto que creo que se le deben hacer casi inaccesibles a cualquier persona que no comparta la nacionalidad con la autora. Esto, aunque en un primer momento podría pensarse que es un defecto, bien visto funciona a la perfección para dar el adecuado tono, y no solo eso, sino que además de convertir en testimonio a aquel óleo social que va pintando Marta Brunet.
     El criollismo funcionó en nuestro país como espejo que reflejaba una realidad sobre la que el arte se estaba haciendo cargo, exhibiéndola, exponiéndola y volviéndola latente como la verdad de una parte muy significativa de nuestro país, quizás mayoritaria en ese instante. Marta Brunet da un paso, no diría más allá, sino que más hacia el interior, adentrándose no solo en el día a día del hombre ligado a la tierra, sino que además en sus penas, en su vida interna, en el relato de la mujer anciana que, criando a sus nietos, teme cada día a que el padre viudo de estos viole a la mayor, que cada día se parece más y más a la difunta madre, a la historia simpaticona de la mujer que, como cocinera, ha llegado a adueñarse de la casa. En eso transporta a una nueva belleza, profundizando en el pecho endurecido del campesino.
     Hay otra faceta de la escritora, consistente en su calidad de autora infantil. En la edición que uso, que es la misma que normalmente se hace leer en colegios, ambos aspectos de Brunet se enlazan sin hacer el distingo, esto es, así como podemos leer en ella la dura historia de Montaña adentro, al mismo tiempo nos encontramos con la Historia del Sapete que se enamoró del sol, una narración infantil, de lindísimo  trazo pero pensado para los más pequeños, por ende, que se distancia de aquel criollismo “íntimo” que abordó Marta Brunet, por el cual fuera tan loada. Mi queja con este tipo de ediciones, supuestamente indicadas para un público más juvenil, es que no consiguen conformar una unidad coherente, más allá que documental, para que un lector incipiente pueda realmente interesarse, sin tener que caer en los altibajos, con la literatura que más desarrolló la autora o, por el contrario, que un lector pequeño, a quien perfectamente podría encantarle la narración de la Historia de por qué las loicas tienen el pecho rojo claramente no podrá con el tono angustioso de Montaña adentro. Creo que ahí hay una pésima lección editorial y creo que es mala porque a un gran grupo de escritores chilenos se les ha subvalorado enormemente, considerándolos nada más que una especie de lectura colegial cuando su talla es muchísimo más amplia y profunda, perdiendo cuidado en sus ediciones y presentaciones. Se nota la falta de cariño en la elección de los cuentos, porque entre uno y otro no hay un lazo temático ni de estilo.
     Olvidándose de eso, Marta Brunet es, probablemente, una de las mejores exponentes del criollismo chileno, y una de las mejores formas de acercarse a ese estilo que más tarde vendrían a abolir otros tremendos autores como Manuel Rojas, Alberto Romero, Óscar Castro, etc.
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