Reseña remitida por:
Jonnathan Opazo Hernández
Jonnathan Opazo Hernández
Historia del ojo (1967)
Tusquets (Colección Sonrisa vertical)
ISBN: 9788472233102
Georges Bataille (1897 - 1962)
143 páginas
Cuando Georges Bataille lanzó Historia del ojo en el año 1928, lo hizo bajo el
seudónimo de Lord Auch (que en español significa “Lord a la mierda”, ¿cómo te
quedó el ojo, Juan Emar?). Y con justa razón. Si bien, como señala Adorno en su
frase cliché “no se puede escribir poesía después de Auschwitz”, haciendo
referencia al hecho que, después de las atrocidades perpetradas por los nazis
tras la Segunda Guerra
Mundial (1), la construcción de un gran relato estético, y la misma estética,
antaño asociada al alcance de la belleza como lo prístino y sagrado —pensemos
en la época del Renacimiento, por dar un ejemplo—, es prácticamente imposible (2), y
que la capacidad de asombro en todo sentido fue sobrepasada por la
experiencia de los campos de concentración, enfrentarse a este relato erótico
posiblemente no le crispe los nervios a nadie, en su momento más de alguien debe
haberse escandalizado con las aberraciones que aquel extraño sujeto ponía en
sus manos.
Autor de poesías e incluso un tratado de filosofía
sobre el erotismo, Bataille —o Lord Auch— nos relata, en el ejercicio de
distanciamiento propio de la literatura, desde un narrador cuyo nombre no
sabemos nunca, las aventuras de este y Simone, jóvenes franceses de familias
burguesas que comienzan a experimentar el deseo y la búsqueda de lo prohibido,
llegando a límites que un principio parecen insospechados, pero que a lo largo
de la historia orquestan todas las aventuras de estos pequeños anarquistas de
la moral de la élite. Además de las sugerentes imágenes que se van sucediendo,
en donde no solo lo corpóreo manifiesta su pletórica agitación, Bataille
conjuga el lado más perverso de la sensualidad, añadiendo momentos que incluso
encontramos años después, por ejemplo, en el cine de David Cronemberg (quienes
vieron Crush hallarán un antecedente dentro del libro). El constante juego con
una serie de símbolos —el ojo, los huevos—, que un principio parecen
inexplicables, juegan el rol de la sombra que la historia proyecta, la cual
además es un elemento que tensiona la historia y mantiene la interrogación
constante hacia la misma.
Otro factor interesante de destacar en la novela es la
alusión a la juventud como una época de la desmesura y la exploración, tópico
literario que puede encontrarse en otros autores como el archi-conocido Rimbaud
y su poesía iluminada; Marcel Schwob y el mundo de los niños que relata en El libro de Monelle, en donde la adultez
aparece como un estadio indeseable; e
incluso en la cerebral pluma de Enrique Lihn y su Pieza oscura. La
confrontación implícita pero violenta al padre (“Con todo, consideré prudente
desaparecer previendo la ira del viejo padre, prototipo perfecto del general
gagá y católico” pág. 65) y, como el narrador nos cuenta en parte del texto, a la
familia que, desde las sociología y el psicoanálisis, por ejemplo, suponen la
cristalización de las normas sociales, institución por antonomasia desde donde
el niño comienza a ser moldeado a base de moralina para insertarse en la
sociedad. Pues bien, nuestro amigo narrador y Simone comienzan a vivir su
propio interregno, en donde la lujuria avanza in crescendo de manera paulatina
hasta alcanzar una cumbre de placer en donde ya todo está permitido y desde la
cual no hay vuelta atrás:
“Los demás hombres y mujeres ya no tenían interés para nosotros. No pensábamos más que en Marcelle; imaginábamos puerilmente que se había ahorcado voluntariamente, evocábamos el entierro, las apariciones fúnebres”.
El erotismo y lo concupiscente aparece como una forma
de emancipación que no escatima en costos. Solo va arrasando de manera pujante
hacia una consumación que cada vez exige más y más de quienes participan en el
acto, y también de todos aquellos que se crucen en su camino. Dice Vargas Llosa
al respecto: “juego de niños, pastiche
gótico, texto automático, documento psicológico sobre la obsesión, Historia
del ojo es todas esas cosas al mismo
tiempo y ninguna por separado”.
En síntesis, una conjugación de elementos caóticos que
devienen en una apología al descontrol de los sentidos y la ruptura de todos
los símbolos morales que enclaustran al sujeto tras la barrera de lo deseable—la inclinación por la filosofía nietzscheana del autor puede explicar en parte
esto—.
Para terminar, dejo acá el ensayo "El placer glacial" de Mario Vargas Llosa, dedicado a la obra de Bataille.
Para terminar, dejo acá el ensayo "El placer glacial" de Mario Vargas Llosa, dedicado a la obra de Bataille.
* Las
imágenes son los aguafuertes realizados por el surrealista Hans Bellmer para
una edición especial del libro.









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