Travesía (Manuel Rojas)

Travesía (1973)
Manuel Rojas (1896 – 1973)
Editorial Nascimento
N° Inscripción N° 3564
168 páginas
Precio referencial: $14.60
Arriba en la Cordillera
No nos vio pasar ni el viento.

Patricio Manns.

 
Travesía (1934) es uno de los muchos volúmenes de cuentos de Manuel Rojas, en cuyo interior posee nueve cuentos: desde el conocido “El hombre de la rosa” a el implacable “El león y el hombre”. Esta edición de 1973 de la editorial Nascimento, que se encargaba de sacar a la luz a grandes autores chilenos y que lamentablemente desapareció en el año 1986 debido al atraso tecnológico y el desinterés familiar, tuvo un tiraje de 8.000 ejemplares. Esta gran cifra nos dice mucho del interés que se les daba antiguamente a los escritores nacionales, y que se hace significativo hoy en día cuando el límite de los 5000 ejemplares son dignos solo de bestsellers como Isabel Allendey Roberto Ampuero y los escritores emergentes son publicados contadas veces por editoriales específicas. Actualmente, la literatura chilena consagrada y clásica existe casi subrepticiamente, en ferias de pueblos de provincia (este mismo libro fue conseguido en la feria de la plaza de Llo Llleo) o, como ya es una tradicional, en la calle San Diego en el centro de Santiago.
En fin, es que Manuel Rojas no se merecía ni se merece —no hay que olvidarlo— mucho menos que esto. Con una vida difícil se hizo autodidacta de la vida, que es lo más importante. Luego se convirtió en escritor. Luego trató de superar la descripción exacerbada y retratista de la literatura. Luego presentó a sus personajes, como el recordado Aniceto Hevia de Hijo de ladrón o el joven Eugenio de Lanchas en la bahía, además del peculiar lenguaje usado por ellos, e incursionó en lo más radiante y lo más oscuro del ser humano. Luego sus monólogos interiores revolucionaron a la literatura chilena… para siempre.
Se podría pensar: ¿cómo se pudo hacer hombre de papel y lápiz alguien que vivió en Argentina su primera década de existencia, y además sin padre, que volvió a Chile enrolándose a los más diversos oficios, que cruzó la Cordillera de los Andes a pie para ello, que el andar por la vida era su gran motor y que sufrió vicisitudes que muchas veces no dan tiempo a las letras, etc.? Es simple: vivir es movimiento, el vivir exhala toda experiencia, la vida no es esencialmente estática, de una actividad quieta y perpetua. Así, la escritura y la lectura, sin dudas, es uno los mayores soportes en donde resuma a borbotones lo vivido. Y esto debe considerarse para entender la genialidad de Rojas, y este texto en particular.
En el libro los relatos poseen un orden preciso, comenzando la travesía con la historia de dos bandidos que entran a una casa y son sorprendidos por el patrón, produciéndose una escena muy peculiar, y terminando con un cuento sobre una idea brillante que tiene don Floridor, quien desea una estancia en medio de Chile y Argentina, cuyos frutos económicos den paso, quizás, a un buen y tranquilo porvenir. En el medio del libro hay una apuesta que hacen dos hombres de Osorno y que termina demostrando la fortaleza moral del hombre alejado de la corrupción; también tenemos la hilarante historia de un hospital en el que los enfermos, los internos y los médicos más endiosados protagonizan un descontrol entrañable.
La Cordillera, las conexiones culturales propiamente andinas entre Chile y Argentina, el campo, las puertas de madera crujiendo por el viento entre las murallas de una gran casa, las familias numerosas, las risas de quienes están juntos en torno a una misma alegría y un mismo miedo, las anécdotas y los cantos y dichos populares transmitidos de generación en generación, son todos elementos que conforman un libro de relatos tan impresionante como los otros que tiene Rojas, quien con su narrativa nos ilustra cómo se vivía antes, cuando la población rural era mucho más numerosa que hoy y la época sangraba simpleza; en donde los bienes constituían algo elemental, básico, como para el escritor deberían serlo según su visión, cercana a toda noción susceptible de señalar al desarrollo eminentemente humano como lo más importante, dando al desarrollo económico o material un rol lateral, nunca protagónico, nunca aclamado.
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Hay que decir, en fin, algo mucho más allá a propósito de que este pequeño libro es uno de los tantos de los compilados esenciales de Rojas. Hay que aclarar que es uno alto entre los altos logros de la literatura chilena, que en sí mismo, y haciendo alusión sin quererlo a todos los otros alcances de lo que nos ha entregado este país de escritores, llama a pensar que la creación completa —sí, probablemente toda ella— del autor anarquista es una de las más íntegras. Y el único fundamento que basta para sostener esto es que en ella habla la vida, pronunciándose y capaz de mostrarse a todos como lo único, como el medio y el fin más hermoso entre todos.

 

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