La trilogía de Nueva York (Paul Auster)

La trilogía de Nueva York (1985-1986-1987)
Paul Auster (1947 – X)
Planeta Chile
Colección Biblioteca Paul Auster
ISBN: 9788432200397
380 páginas
Precio referencial: $6820
Escribir era una enfermedad que me aquejó durante mucho tiempo, pero ya me he repuesto de ella.


La trilogía de Nueva York se suma a nuestro panteón de novelas del cada vez más conocido y laureado autor estadounidense Paul Auster, con libros como El libro de las ilusiones, Leviatány Ciudad de cristal. Esta última es, precisamente, la historia que abre la trilogía, compuesta además por Fantasmas y La habitación cerrada, pequeñas novelas que Editorial Planeta ha publicado en esta económica edición de bolsillo.
Es difícil en este momento decidir entre tratar a cada uno de estos tres elementos individualmente o referirse a la trilogía entera como un todo. Para fines prácticos iremos explorando la segunda opción, hasta dar hacia el final de estas líneas fundamentos que puedan ser de la satisfacción de quienes quieran leerla o ya lo han hecho. Veamos.
A grandes rasgos, Ciudad de cristal cuenta la historia de Quinn, un hombre atormentado por la muerte de su esposa y su hijo, y quien una noche recibe una llamada equivocada y dirigida originalmente hacia el detective Paul Auster —sí, Paul Auster se mete en todo esto—, cuyo caso debe resolver como por azar. Fantasmas, por otro (o quizás el mismo) lado, nos presenta a Azul, quien recibe un encargo de Blanco: vigilar a Negro, observarlo cuando escriba y lea, otearlo desde su departamento de detective exiliado del mundo real. Finalmente, La habitación cerrada nos habla de dos amigos de infancia que se separan cuando adultos, uno de los cuales está condenado a vivir obsesionado a cuestas del otro, llamado Fanshawe, que escapa de la prisión asfixiante de lo común y corriente, legando sus textos y dejando a su esposa y su hijo Ben para siempre.
Una gran variedad de nombres, lugares y personajes justifica estas tramas distintas pero tan revueltas, tan juntas en sus particularidades que logran poner ante los ojos del lector esta inteligente trilogía, que nos dice a cada tanto que los que nos va a contar tiene mucho que ver con la vida, con el mundo moderno que se respira en las ciudades. Aquellos lugares con cielos llenos de nubes, de edificios tan altos y líos tan complicados, en donde hay tanta  gente que es casi imposible que dos no se confundan. O en donde el merodeo en los asuntos cotidianos conduce a pensar que todo es posible. O en donde la utilización del dinero es pan cada día. O, es más, donde hay misterios, muertes y hasta hombres que quieren crear su propia y auténtica existencia solo en base a sus excentricidades.




Estos tres textos son de lectura simple. Los párrafos se suceden rápidamente, la trama arrastra los hechos, las intervenciones del autor y del narrador son vertiginosas, los vuelcos y giros del argumento desconciertan… en fin, un libro en el cual la historia que se lee precipita el acto de recepción como suele pasar en las mejores películas, esas en las que hacia el final dan paso a su clímax, y por consiguiente a la catarsis, el éxtasis y la revelación del espectador. 
Pero más interesante incluso es que en su conjunto estas páginas parecen algo así como un museo o un carrusel de literatura. Hay continuos intercambios de narradores y personajes que se persiguen unos con otros, siempre buscando algo que será imposible encontrar. Hay cameos en los que los personajes saltan con su presencia entre las tres novelas, aterrizando con decisión. Hay técnicas narrativas, intertextualidades, juegos de ficción o de espejos y biografías solapadas de los mejores escritores norteamericanos (el poeta Walt Whitman, el novelista Nathaniel Hawthorne, el filósofo Henry David Thoreau).
Con todo, se nota que Auster es un autor que ama la literatura, que conoce mucho de ella y que, además, goza de hacerla notar al utilizarla en sus libros. Es casi imposible que en ellos no haya alguna referencia al acto de escribir, al acto de leer, al autor, al lector, a diversos libros, diversas vidas, diversas muertes. Por eso esta trilogía, quizás la obra cumbre que lo catapultó a la fama, es un imprescindible. Porque vale la pena conocer a personajes como Peter Stillermann, que se le negó para siempre el lenguaje humano para  que conociera el lenguaje de Dios, o a Negro, fanático coleccionista de las historias y anécdotas vitales que no son suyas ni van a serlo nunca, las mismas que hicieron caminar a sus dueños por las calles que él camina, y que hoy no son más que fantasmas rodeando a los  vivos.


  
 Cerremos con algo importante: la trilogía sin duda debe leerse entera y de un solo tirón. Nada de leer los libros separados en momentos demasiado separados entre sí. Nada de pensar que no tienen nada que ver unos con otros porque se ha decidido publicarlos por separado. ¿Razones? Razón es una y es simple: a veces en la vida y en la ficción todo está conectado, y en este caso es mucho más delicioso afirmar ese vínculo especial encadenando estas tres novelas escritas en años sucesivos. Sumado a lo anterior está la idea de que es cierto que si un escritor es grande y se esfuerza en su grandeza, puede seguir mejorando. De manera que es un buen ejercicio literario ver cómo el Paul Auster escritor crece de la mano con sus historias.

 

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