Manchas de color y otros cuentos (Federico Gana)

Manchas de color y otros cuentos (1934)
Federico Gana (1867-1926)
Ed. Nascimento (1974)
N° Inscripción 3.603
197 páginas
Precio referencial: $12.000
En vida del eximio prosista estas «Manchas» no formaron libro, y casi no hubo necesidad de ello, pues eran sabidas de memoria por mucha gente, corrían con frecuencia de labio en labio, y se musitaban lo mismo a la luz eléctrica de regios salones que en una noche de campo bajo el esplendor medroso de las estrellas.
Julio Molina Núñez (del prólogo a la primera edición)
     Quiero tratar de situarlos geográficamente en el panorama literario chileno, muy a grandes rasgos, ya que me he detenido largamente en esta travesía sobre nuestra literatura nacional y de pronto se hace necesario entender el contexto para valorar ciertas obras en su justo precio.
     Ruben Darío, poeta nicaragüense, fue el más prodigioso representante del Modernismo en la literatura en español, al punto que influyó en nuestra lengua atravesando toda Latinoamérica. Si bien él se radicó en la poesía, el Modernismo impregnó todas las formas de literatura. Este movimiento tenía como centro al arte como estética, en la belleza interior que emanaba desde el mismo acto de creación del autor. Era, en tanto, un escape del mundo que los rodeaba y un sumergirse en la literatura como arte y creación. Como cada uno de los pasos que ha dado el hombre en el arte, este significó en su momento una especie de “progreso” (lo digo muy figuradamente) hacia la creación literaria. En Chile también tuvo honda influencia, haciendo que gran parte de los autores de la época adscribieran a él, que ensalzaba la cultura y una visión más cosmopolita del mundo. Como “contra” (otra vez relativizo el sentido de aquella palabra) está el olvido que el Modernismo hace del mundo cotidiano, ese que rodea al autor, quien se ha elevado tanto que deja atrás al hombre en su sentido más doméstico, donde evidentemente también radica una gran belleza.
     Este largo rodeo es para poder explicar quién es Federico Gana, descendiente de otro connotado escritor nuestro, Alberto Blest Gana
     Se dice que Federico Gana fue un hombre dado a la juerga, que vivió rodeado de amigos, entre bulla y jolgorio, en este Chile de comienzos del 1900. La corriente literaria dominante, como ya adelantaba, era el Modernismo, y este hombre pasaba sus días, por el contrario, con los pies muy bien anclados en la tierra. Fue un visionario: Federico Gana vio y descubrió aquella belleza donde todos no veían más que la dura vida cotidiana del hombre de campo chileno (vida que, en las primeras decenas del 1900, estaba muchísimo más extendida que ahora). Es tan primitivo su giro, tan extraño diríamos a la realidad imperante, que costó enormemente que se le publicara (y más que se le reconociera), tanto así que este libro de cuentos que ahora reseñamos salió a la luz varios años después que él muriera.
     En esta edición que comento, que contiene la edición original de Manchas de colory sumado a eso otros cuentos publicados por el autor tenemos, como es dable esperar, una dualidad en estilo y temática. En una primera parte, que contiene a Manchas de color propiamente tal, están compilados todos los “relatos” brevísimos que, famosos, se publicaran con anterioridad en su inmensa mayoría en la revista Zig Zag y que, como bien dice el prefacio, fueron muchas veces conocidos por los lectores y hasta memorizados. En esta parte prima un estilo adscrito más bien al Modernismo, con estos pequeños relatos o pensamientos incluso.
 
      Luego, añadidos, están sus cuentos que para mí significan la parte más valiosa. En ellos se aprecia el trazo bien definido del autor, haciendo gala de lo que él mismo va descubriendo como temática y estilo en el campo chileno, en el hombre común y corriente (que a ratos pareciera moverse dubitativamente hacia el Modernismo, en vez de quedarse en este nuevo “estilo” que ha descubierto para sí mismo, lo que no es necesariamente un problema, porque le sirve para hacer gala de una bellísima prosa) y con esta temática tan humana que ha venido asiendo hasta abrazarla definitivamente. Cuentos como “La Maiga”, o el devastador “Por un perro”, se han circunscrito dentro de lo mejor de nuestra cuentística nacional y, dicho sea de paso, vinieron en abolir el Modernismo para dar paso al Criollismo, donde la vida de campo, la vida del hombre dueño de los trabajos duros se asentaría. Sus cuentos, en esta obra recopilados, fueron surgiendo a cuentagotas en diversas revistas literarias de la época, golpeando como un duro martillo en la superficie de la literatura chilena. Así, más tarde el Criollismo sería el movimiento a abolir y superar, pero eso ya es otra historia.
— ¡Tú mataste al señor Gómez?
— ¡Sí, señor, yo lo maté! (…) Mucho tiempo esperé para matarlo, detrás de la cerca… Ahí me pasé varios días. Bien sabía que al fin había de verlo solo. Y cuando lo vi que venía para su quinta, me le fui encima con ese palo y le pegué hasta dejarlo convertido en una masa. ¡Así lo hice señor juez!.
Al terminar, la mandíbula inferior del reo tiembla ligeramente.
Un largo silencio sigue a estas palabras.
— ¿No sabías, entonces, que te habían de fusilar?
(…)
—Ahora yo quedé solo y todo por culpa de ese hombre a quien jamás había hecho daño. ¿Para qué me servía la vida sin mi perro? Para nada. Y entonces creí que lo debía matar como él mató al animal: sin compasión, sin compasión. Y así fue, señor juez, como lo esperé y lo maté a palos.
Hice mal, lo sé; pero esa ha sido mi suerte; él mató al animal, yo debía matarlo a él. Porque yo siento aquí —continuó, golpeándose con fuerza el pecho— algo que nadie puede comprender. Yo sólo lo sé, y me lo guardo, y me callo. Y no diré más.
     Esta es una de esas obras que no se deben dejar pasar por alto, no oólo por su carácter de fundacional, que por sí mismo sería suficiente como para no relegarla a un segundo plano, sino que principalmente —y siento placer el solo poder decirlo— por la gran calidad literaria de su obra, por sus temáticas vernáculas, estremecedoramente humanas, cotidianas y bellamente tratadas. Lamentablemente es una de aquellas que ha ido desapareciendo de las librerías, y ni siquiera sé si es parte de algún catálogo actual de alguna editorial. Mal pago se le ha hecho. Inmerecido tratamiento.
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