Almas muertas (Nikolái Gógol)

Almas muertas | Мёртвые души (1842)
Nikolái Gógol (1809-1852)
Alianza Editorial
ISBN 9788420649252
548 páginas
Precio referencial: $ 20.000
Lo difícil es ganar miles honradamente, los millones se amontonan sin trabajo.

 

Gógol fue un hombre singular. Comenzó una carrera de escritor que prontamente lo llevó a triunfar en popularidad dentro de una sociedad rusa eminentemente lectora, valiéndose de elementos satíricos y fantásticos para describir y hasta burlarse de esa misma sociedad que lo ensalzó durante un primer momento, esquivando también la tacha de los organismos censores que seguramente habrían dado en el tacho de la basura con varios de sus escritos si no se hubiese valido de este recurso, tal como lo hizo en El Capote o en La Nariz.
No es muy aventurado decir que desde Gógol se puede marcar un antes y después en la literatura moderna. Más aun, es desde esta novela inconclusa (al más puro estilo kafkiano, lo que también incluye una segunda parte que ardió en el fuego para profunda lástima de nosotros sus lectores) que en muchas ocasiones se indica como el comienzo de la novela rusa moderna.
El autor ya escapaba por Europa de esa misma sociedad sobre la que escribía cuando comenzó a componer este relato. En él, un hombre común y corriente que desea hacer nombre y fortuna en una sociedad altanera comienza a comprar “almas muertas”, es decir, campesinos (mujiks) que hayan muerto posteriormente al último registro del censo (y, antes que ocurra el siguiente), para que, constando todavía como vivos pueda con ellos hacer negocios no del todo limpios, en los que no me detendré por cuanto son revelados ya bien avanzada la narración de la novela. Almas muertas en la mente del autor vendría a ser algo así como el equivalente a La divina comediarusa; un relato en partes de la sociedad en su conjunto, exponiendo sus vicios a través de personajes cotidianos que van poniendo en relieve sus ambiciones, defectos y penas. No llegó a conseguirlo, su estabilidad física y mental –especialmente mental– se interpusieron antes que lograra su cometido. Sin importar lo anterior, con esta novela inconclusa, existiendo una primera parte íntegra y una segunda rescatada en secciones del fuego, ya pasó a la posteridad, emparentándose y siendo punta de lanza de la más grande literatura rusa.
Óleo que representa a Gógol quemando la segunda parte de “Almas Muertas”, por Iliá Yefímovich Repin.
Se sabe que el autor, a su regreso a Rusia, alabó al mismo Gobierno que antes había criticado, por lo que sus seguidores le dieron la espalda. Posteriormente enloqueció, se dedicó de lleno a la religión e incluso indicó que escribir era algo inmoral. Luego se dejó morir de inanición. Sí, murió de hambre voluntariamente.
Quizás fue un loco, quizás también fue uno de los mayores genios que ha tenido la literatura, probablemente fue ambas cosas a la vez, sabemos por cierto que hasta el día de hoy puede reconocerse su influencia en la literatura moderna. No sabemos, lamentablemente, qué nos habría deparado su puño si hubiese podido seguir escribiendo. Almas muertas es quizás su novela cúspide (sus relatos breves rutilan con brillos propios), donde, como en ninguna otra parte, Gógol decanta la conducta humana, y va deshilvanándola en su peor y más mundana faceta… y no pretende burlarse de ella, sino que solo quisiera mostrarnos cómo también hay poesía en nuestros propios defectos.
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