Oblómov (Iván Goncharov)

Обломов (1859)
Editorial Alba
ISBN: 8498846928
Iván Goncharov (1812-1851)
645 páginas
Precio referencial: $26.200
¡Desde que nací no me puse yo mismo las medias ni una vez en la vida, gracias a Dios! ¿Debo acaso preocuparme de algo? ¿Tengo algún motivo para ello?
La producción literaria rusa, en su época de oro, es sumamente consecuente y uniforme (al menos aquella que ha traspasado las barreras del tiempo y perdurado hasta nuestros días). Oblómov, de Goncharov, no es la excepción. Cada vez que uno toma una obra de un ruso debería llenarse de las más altas expectativas —que probablemente no podrán ser traicionadas— y esperar un relato por sobre todo humano. Esta es, diría yo, la mayor virtud y defecto del relato que comento en este momento. Iremos paso a paso.
Oblómov es un terrateniente, un noble de nacimiento, un señor. Hace su vida cómodamente, es dueño de 300 almas y recibe una renta que le permite vivir tranquilamente, sin tener que trabajar un día para nadie. Tiene siervos que lo atienden al punto que jamás ha necesitado siquiera calzarse por sí mismo. Su vida está libre de reales preocupaciones. No tiene necesidades que no estén cubiertas de antemano. Despierta por las mañanas solo para seguir durmiendo, o retozando en su cama. Come y vuelve a dormir. Despierta y deja que pase el día, poco a poco, sin preocuparse realmente por nada. Así ha sido prácticamente toda su vida, y ya se haya a tal punto acostumbrado que ni esfuerzo le significa pasar todo el día sin pensar apenas. Claro que en algo gasta sus horas: sueña en cómo sería conseguir su objetivo de irse a vivir a sus tierras en el campo, emprender un plan de mejora de sus tierras, hacerlas rentar más, casarse, vivir con su mujer, etc. Pero, como se pueden imaginar, cada día se despierta y no da ningún paso en esa dirección, no lleva a cabo ninguna actividad que lo acerque un milímetro siquiera a cumplir ese supuesto objetivo de vida. Claro que no toda la novela se la pasa en ese estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Por supuesto; en algún momento sucede algo: se enamora, no gracias a que él haya decidido hacer visitas y conocer gente, sino que gracias a un amigo, y ve cercano de cumplirse su sueño, retoma una especie de actividad… y bueno, el resto de la historia se las dejo a ustedes.
¡Vaya una vida! ¿Qué puedo encontrar allí? ¿Algo que interese a mi corazón, a mi cabeza? No existe nada en el fondo de todo eso, no existe; nada hay allí de profundo, nada que te llegue al alma. Todos esos miembros de la sociedad están muertos, son hombres más dormidos que yo.
¿Qué hay acá? Pensemos de nuevo en el conjunto de la literatura rusa, en los Dostoievsky, Tolstói, Gógol, Turgueniev, etc. ¿Qué hay en ellos? Como alguna vez he dicho, en el giro que hace la historia del arte de la literatura, en dejar de mirar la gesta heroica, para dar aquel quiebre rotundo, magnífico, a la contemplación del hombre y su problemática como modelo artístico, pero ese hombre común y corriente, aquel que sufre, aquel que es como todos, a ese que es reconocible. Al retratar a Oblómov, lo que hace Goncharov es retratar a una especie de individuo característico de la Rusia del 1800, a aquel noble terrateniente que nada hace, porque nada necesita hacer para asegurar su subsistencia, retrata aquel oblomovismo”—como se le designa en el mismo libro—, aquella indolencia, falta de diligencia o movimiento absoluta, que embrutece al hombre, defecto que, por lo visto, estaba bastante más extendido de lo que pudiésemos imaginárnoslo hoy por hoy. Revela también a aquel hombre que desprecia a la sociedad (estuve tentado de escribir “se rebela”, pero aquello indicaría una actividad que acá no se manifiesta) y se excluye de ella, con indolencia, dejadez, apatía. Normalmente, se le considera una de las obras más relevantes dentro de la literatura rusa, porque, claro está, sigue en la senda que llegaría a asentarse y fulgurar con los más grandes autores rusos. Es un escalón firme en aquella escalinata que lleva a la cima alcanzada. Pero asimismo, hoy por hoy, me atrevería a decir que describe (con belleza, una hermosa prosa) a un ser que ya no existe en la particularidad que la describe el autor, aunque sí en su superficialidad, por lo que este retrato humano ha perdido gran parte de su vigencia. Pero como decía, es tal el arte de la narración que todavía puede apreciarse su belleza, y más aun podemos estimar su valor si entendemos la importancia que ha significado para la literatura rusa, y desde ahí, a la literatura del mundo.

 

No es la novela para empezar con los rusos, definitivamente no lo es. Pero una vez dentro de ellos, una vez que te adentras en su literatura —y sabrás que estando ahí no es fácil librarse, no hasta haberlos recorrido en buena parte—, será bueno arribar también a este puerto para ir completando la visión general.
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