Océano mar (Alessandro Baricco)

Océano mar
Alessandro Baricco
ISBN 9788433967497
Anagrama
238 páginas
Precio referencial $9.200
El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.
     En un momento de Océano mar se menciona que hay tres tipos de hombres: los que viven frente al mar, los que se internan en el mar y los que logran regresar, vivos, del mar, y eso es, justamente, lo que intenta reflejar, de todas las formas y perspectivas posibles, Alessandro Baricco. Porque Océano mar solo pudo haber sido escrito a partir de una obsesión. Obsesión por abarcarlo en todas y cada una de sus dimensiones. Observarlo, sumergirse, ahogarse, salir de él, y observarlo otra vez.
     En este encuentro con el océano, Baricco nos presenta dos personajes que conviven en una posada y que, al igual que él, están motivados por una obsesión: un pintor que intenta retratar una y otra vez el mar con el agua de este mismo. Día tras día, hasta que anochece, hasta que el nivel del mar se eleva y lo cubre casi por completo. Y un profesor que pasa el tiempo buscando los límites del océano para acabar su Enciclopedia de los límites de las cosas.
Tenemos, también, una joven acompañada por un sacerdote, que ha viajado hasta la posada Almayer para deshacerse del terror que la invade y que le impide vivir; un hombre que observa y que está siempre a punto de matar; niños que atienden esta posada, acompañan a los personajes, conceden sueños, observan el mar.
Por otro lado, una balsa en el medio del océano, repleta de gente aferrándose a ella para sobrevivir. El mar y el viento norte. El mar, la oscuridad y el horror que entrega espacio a la verdad –¿por qué las cosas sólo llegan a ser verdaderas en la dentellada de la desesperación? 
Baricco, mediante una especie de écfrasis, logra retratar de tal forma esta escena del naufragio, que no puede sino recordar La balsa de la medusa de Géricault, con esos hombres y mujeres abandonados cruelmente a su propia suerte, aferrándose a la vida. Estamos, pues, en medio del océano, sumergidos y viviendo el horror de sentir la muerte cerca, de ver el mar y sentir su incesante danza. De sentir que el peligro ya no viene del océano, sino de los propios hombres.
El mar danza, pero lentamente.
Ni plegarias, ni gritos, nada.
El mar danza, pero lentamente.
¿Querrá contemplar mi muerte?
 

El autor vuelca sobre las páginas un sinfín de historias que podrían ser muchas más. Porque para este la historia de un hombre que nunca ha vivido fuera del océano -como Novecento– debe ser contada, así como la historia de un hombre que solo se para frente al mar para retratarlo, o la de una mujer que va al encuentro con el océano por orden de su marido. O porque, simplemente, gracias a Baricco nos percatamos de que toda forma de relacionarse con el mar está cargada de tanta belleza que merece ser narrada.

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