Pnin (Vladimir Nabokov)

Pnin (1957)
Vladimir Nabokov (1899 – 1977)
Anagrama
ISBN: 8433914324
185 páginas
Precio Referencial .Cl $ 7.000
El estilo es el tema.
V. Nabokov
Pnin es una novela que ha vivido siempre —como gran parte de la obra del autor— bajo la sombra de Lolita. Esta fue publicada por primera vez en París en 1955, censurada en varios países, especialmente en Estados Unidos, donde solo pudo publicarse tres años después. Pnin, en cambio, fue escrita con posterioridad y publicada en el país en que se había radicado Nabokov previamente a Lolita. En ese entonces ya se le conocía mundialmente como el autor de una controversial novela, que se distribuía más bien por contrabando que a través de los canales oficiales. La novela que ahora reseñamos salió a la luz en Estados Unidos y se vendió soberbiamente. Al siguiente año finalmente pudo conseguir que publicasen su Lolita, y la otra fue completamente opacada por aquella obra.
     ¿Qué tenemos en Pnin?. Pues bien, se trata de un relato en muchos sentidos absolutamente distintos a los que nos tiene acostumbrados el autor pero que, en otros sentidos, logra mantener la esencia del lenguaje, los recursos utilizados y la calidad literaria del mismo. Timofey Pnin es un emigrado ruso en E.E.U.U., quien, como el autor, hace clases en una Universidad. Posee también otros rasgos que los emparentan, por ejemplo su falta de capacidad para comparecer ante una audiencia, su desprecio hacia Freud, entre otros. Es un personaje un punto adorable, construido con rasgos simpáticos; una calva, la falta de proporción en su cuerpo, un lenguaje que no se adapta bien a aquel nuevo idioma que ha debido aprender en su acto de inmigración. Normalmente se le suele confundir con el propio Nabokov, aunque lo cierto es que él se basó no en sí mismo sino que en un colega —inmigrante ruso, tal como él— llamado Marc Szeftel. A tal punto que es sabido que Marc Szeftel se reconoció como base para aquel personaje y ello mismo llevó a enfriar la relación de amistad que ambos tuvieron. Obviamente Nabokov también toma de su propia experiencia para terminar la caricatura y cerrar este personaje ficticio, pero no caigan en el facilismo de creer a pie juntillas que Pnin es Nabokov.
“In Pnin I have created an entirely new character, the like of which has never appeared in any other book. A man of great moral courage, a pure man, a scholar and a staunch friend, serenely wise, faithful to a single love, he never descends from a high plane of life characterised by authenticity and integrity. But handicapped and hemmed in by his incapability to learn a language, he seems a figure of fun to many an average intellectual…”
      La construcción narrativa funciona en varios niveles. En una primera instancia un lector poco advertido puede leer y regocijarse simplemente con la sucesión de desventuras del protagonista y pensar, desde ahí, que estamos frente a una “simple” novela de crítica a las condiciones y trato que se le otorgaba a los inmigrados en Estados Unidos en la época. Hay algo de eso, claro está, pero seguramente para el autor era más bien el decorado (no olviden que Nabokov hacia arcadas ante la llamada “literatura de ideas”). Fue ese mismo motivo que llevó a un par de editoriales a rechazar la publicación de esta novela, diciendo algo como que no consistía en una novela-unidad sino que en la suma de escenas cómicas, desventuras que pasaba este personaje principal (también bastante cómico). Pero luego caemos al final de la narración (y no se preocupen, que no lo adelantaré) y ahí Nabokov nos muestra, otra vez, la trampa que nos ha tendido durante el transcurso del libro: el narrador omnisciente que siempre nos ha ido contando la historia toma cuerpo como personaje, opina sobre nuestro —a estas alturas— querido profesor Pnin y, por demás, toma partido en contra de él.
¿Qué tenemos nuevamente? Un narrador no confiable, otra patada de Nabokov a nosotros los malos lectores, y nos hace de-construir mentalmente la novela que hemos leído, sabiendo que nos ha sido presentada bajo un prisma parcial, prejuzgado, haciéndonos dudar de la forma en que el mismo autor ha escogido que se nos presenten los hechos. Repito, entonces ¿qué tenemos? Otro de aquellos juegos tan propios de Nabokov, que sin verse venir, nos hace replantearnos toda la estructura compositiva de la novela, ansiando la segunda lectura de ella, ya fuera del influjo “malévolo” del narrador. Y al final, Vladimir Nabokov ha vuelto a jugar con todos sus recursos literarios, haciendo leer al lector una cosa, obligándolo al final a repensarla, construirla nuevamente en su mente. Muy propio del hombre que dijera y llevara a la práctica la siguiente frase:
“Para mí el estilo es el tema”
Un excelente comentario sobre el libro pueden encontrarlo en el link que les dejo a continuación, que entiendo se trata de un extracto de un breve estudio que funciona como prólogo a la edición en inglés de esta novela:
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