ISBN: 97884024211180
Margaret Atwood (1939 - X)
592 páginas
Precio referencial: $12.000
592 páginas
Precio referencial: $12.000
Corpsegur podría haber acabado con los
disturbios de Happicuppa. Podrían haber pulverizado al grupo, más a algunos
cámaras de televisión que anduvieran cerca. Claro que no podían eliminar por
completo la cobertura de tales sucesos: la gente usaba las cámaras de los
móviles.
Dos protagonistas que necesitan sobrevivir: Toby, una mujer
muy flaca y muy pragmática (“la Bruja Seca”),
y Ren, una joven guapa y sensible que trabaja en el Scales, un crudo cabaret. Además,
un mundo devastado después de la llegada del Diluvio Seco, una catástrofe
predicha por los Jardineros de Dios, secta excéntrica que odia la carne, ama a
todos los seres vivos, detesta la devastación del medioambiente y cree en el
estado de barbecho —cierta manera de meditar durante mucho tiempo— y en la
sabiduría de la naturaleza. Este es el argumento y las características
principales de esta novela de ciencia ficción de Margaret Atwood, pero no es en
absoluto la totalidad de las ideas que esta contiene.
Los Jardineros
viven con sus ideales en un planeta en decadencia, que ya ha tocado fondo o
está a punto de hacerlo: las corporaciones en general ya controlan la vida y
son capaces de secuestrar científicos en pos de sus intereses; el ejercito está
privatizado; las empresas farmacéuticas inventan estrategias para enfermar a la
gente y luego venderles remedios para una supuesta recuperación; la cárcel,
Painball, es un campo de concentración en donde dos equipos de distintos colores
deben intentar pillarse con pistolas de pintura; y la comida es transgénica e
impura a más no poder, exceptuando los vegetales venerados por la secta
protagonista de la historia, liderada por Adán Uno.
Pese a todo lo
narrado, vale decir que en este libro la crítica no va dirigida exclusivamente
a la sociedad y a la inútil capacidad de los hombres de destruir el planeta en
el que viven…También hay una crítica a los agrupaciones y religiones excesivamente
extremistas, cuyos preceptos son capaces de calarles el cerebro a sus
acreedores, entendiendo el molestoso proselitismo como único camino de triunfar
en sus formas de ver el mundo. Así, los Jardineros tienen una creencia híbrida:
persisten en la aceptación del evolucionismo de Darwin, exaltándolo como verdad
indiscutible —la ley del más fuerte, la cadena de la vida, etc.—, pero aún así
el cristianismo, su evolución moderna y la Biblia, forman parte central de su ética. Hay un
Dios, y este Dios a veces castiga, pero también quiere la seguridad para
quienes lo siguen en el Juicio Final. A esto se suma una leve aceptación de la
reencarnación en términos duros: los átomos nunca mueren, la energía nunca
muere; se transforma.
Por otro lado, la
organización social y la manipulación de la fe tampoco está muy alejada de la
crítica de la autora: la jerarquización horizontal sucumbe para bien de la
jerarquización vertical, con la necesidad de una autoridad que administre (Adán
Uno y a veces Zeb) aunque se niegue la existencia de líderes, y las verdades de
fe son manipuladas a través de falacias lógicas, para encontrar sentido a su
religión sin que haya huecos y obstáculos, en búsqueda de una verdad de razón
coherente. En este sentido, resulta hasta cómico cuando en un consejo de Adanes
y Evas se discute cuál es la verdadera fruta que Adán y Eva comieron del árbol
del paraíso, llegando a una conclusión irrisoria. Todo un gran chiste disfrazado
de ironía, que sin embargo no lleva poca relación con las religiones que
existen hasta hoy en día.
Dicho todo, lo más
impactante, y aun escalofriante, es que mucho de lo nombrado en este libro se
ve, al menos en proceso de cultivo, en nuestra sociedad actual. Las empresas
priman, la “seguridad” es cada vez más invasiva, la destrucción del planeta
Tierra es un hecho y los ciudadanos son capaces de despertar e informarse por
sí mismos, construyendo su propia escala de poderes y valiéndose de ella para
confrontar a los otros poderes, a los fácticos, ensañándose con las certezas impuestas por lo que está fuera
de ellos y no por sus pilares pasionales propios. No por nada la misma autora
menciona la existencia de teléfonos móviles capaces de registrar hechos no
cubiertos por medios oficiales.
Esta entretenida
novela de Atwood, multifacética escritura galardonada con el Premio Príncipe de
Asturias de las Letras en el año 2008 y miembro de Amnistía Internacional, tiene
en sus capítulos muchas palabras en mayúsculas, como sucede mucho en la ciencia
ficción. A este respecto, puede que entre más de estas existan (Jardineros,
Adanes, Evas, Corpsegur, Helth Wyzer, Diluvio Seco, etc.), más creatividad haya
en el texto, siempre y cuando no sean arbitrarias. También posee datos de supervivencia muy útiles, como la necesidad
de una linterna en el agua para poder pescar en más cantidad.
Para
concluir, vale aclarar que El año del
diluvio es de fácil y rápida lectura, con muchos
diálogos, así que sus casi seiscientas páginas no debiesen ser motivo de susto
para quien quisiera leerlo.








2 comentarios:
Bueno el dia del diluvio real fue algo impresioannte segun lo relata la biblia... Pero bueno cada quien expresa sus opiniones en sus libro jejeje... :)
Este libro no expresa muchas opiniones sobre el diluvio de la Biblia, hubiese ocurrido o no. En realidad es un libro de ciencia ficción que habla de un mundo postapocalíptico.
¡Saludos!
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