Lanchas en la bahía (Manuel Rojas)

Lanchas en la bahía (1932)
Manuel Rojas (1896 – 1973)
Zig-Zag
ISBN: 9789561210271
110 páginas
Precio referencial: $2.700 
siempre
te sorprendió
la vida,
te despertó la muerte,
en camisa,
en largos calzoncillos
con flecos de colores (…)

Pablo Neruda.

Lanchas en la bahía,  primera novela de este escritor anarquista demuestra de un tirón todo lo que sobrevendrá después con Hijo de Ladrón (1951), el primer libro de su gran tretalogía. En esta novela corta, el chileno nacido en Argentina nos presenta la historia de Eugenio, cuyo trabajo consiste en cuidar las embarcaciones que están en uno de los tantos puertos desvaídos del Valparaíso de la década de los ’50. Allí siente los sonidos del mar, de la noche, los motores, los cánticos trituradores de los pescadores, y también se aburre. Se aburre mucho en las bocas de ese mar que Manuel Rojas describe personificándolo en su eterna extensión, y se queda dormido repleto de frío y con el arma —que debiera usar en casos extremos— en su mano, por lo cual es sorprendido y despedido de su cargo.
De esta manera, el joven queda a la deriva en el puerto principal de Chile. No tiene nada, solo su ropa, hambre y a sí mismo. Así, conviene en ir a visitar a Miguel y a su esposa, donde sabe que podrá dormir un poco, aunque sea al lado de una guagua. De allí en adelante, las cosas se suceden muy rápido: encuentra un nuevo empleo con el que ganarse (¿realmente ganarse?) la vida, la comida, el sueño que no tranza. Y conoce al Rucio del Norte, el gigante que devora a quien se le quiere cruzar por el frente, y a Alejandro, el que lo invita a su casa para que pueda descansar un poco, el aficionado al Sindicato, la única esperanza de salir a flote desde la pobreza invencible.
 
 Un día, en una salida junto al arrebatado, junto al trepidante Rucio, visita una casa demasiado alegre, con muchas mujeres, alcohol y desenfreno. No sabe que es una casa de putas. No tiene idea. Y Eugenio, muy ingenuo, se enamora de una de ellas. Después de eso, no deja de sentir el malestar en el estómago, el país de golpeteos en su cabeza que solo le entonan su nombre. Decide. Pero, como se puede notar, decide mal porque no controla ni la menor posibilidad real en lo que está viviendo. Sus manos no pueden hacer nada más que trabajar y su mente nada más que pensar.
“—Pero es que sufro pensando…
— (…) Uno sufre cuando las cosas suceden o van a suceder; pero cuando han sucedido siempre o hace tiempo que sucedieron  (…)”.
Esta es una historia corta que es imprescindible para quien quiera conocer a uno de los mejores escritores chilenos del siglo recién pasado; un libro que exhibe brutal la respiración honda y alegre bajo ese líquido desagradable de la miseria; una obra que pinta la fortuna de que, aunque todo esté en contra de solamente una persona, aún quedan los hombres, los amigos, los hermanos de la vida. Pero es que si ellos se van ya no queda nada y se llevan todo. Tan solo lanchas resonando en la bahía.
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