Karadima, el señor de los infiernos (María Olivia Mönckeberg)


Karadima, el señor de los infiernos (2011)
Debate
ISBN: 9789568410544
María Olivia Mönckeberg (1944- X)
553 páginas


El 26 de abril del año 2010 el programa Informe Especial de TVN transmitió un reportaje sobre las acusaciones de abuso sexual en contra del sacerdote de la Parroquia del Sagrado Corazón de El Bosque, Fernando Karadima Fariña. Dicha investigación fue posible gracias a que Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes de Karadima, se contactó con la periodista Paulina Allende Salazar un par de días después de que el mismo canal transmitiese el reportaje sobre el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. A partir de este primer llamado entre la periodista y Juan Carlos Cruz, comenzaron a contactarse con otras víctimas, quienes en forma individual, desde el año 2005 hasta la fecha, habían realizado denuncias formales que no fueron investigadas por la Iglesia Católica.


Por su parte, el médico James Hamilton, semanas antes de salir al aire el reportaje sobre Karadima, envió un correo electrónico a la periodista María Olivia Mönckeberg, a quien recordaba desde su infancia como amiga de sus padres. El motivo del e-mail era concretar un encuentro para conversar sobre el tema que, hasta ese entonces, no era de conocimiento público. Tras el encuentro entre Hamilton y Mönckeberg, ésta comienza la investigación que dará vida a Karadima, el señor de los infiernos. Durante un año de trabajo entrevistó no solo a los denunciantes James Hamilton, Fernando Batlle, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz, sino que también a otras personas que formaron parte de la agrupación de jóvenes pertenecientes a la Parroquia de El Bosque, la llamada Acción Católica.

Dicha agrupación fue el medio a través del cual Fernando Karadima tuvo acceso a una inmensa cantidad de jóvenes, durante décadas, para poder llevar a cabo sus abusos. Los testimonios de las cuatro víctimas que entablaron una denuncia en conjunto, tanto a nivel eclesiástico como a nivel judicial, son reveladores. Tras una primera revisión, se hace evidente el modus operandi del párroco. ¿Cómo logra éste rodearse da tal cantidad de jóvenes? ¿Cómo es posible que ciertos abusos hayan ocurrido en público, sin llamar la atención del resto de los jóvenes de la Acción Católica? ¿De qué manera el sacerdote lograba manipular a estos jóvenes para mantener los abusos en secreto?


Es importante mencionar que los testimonios de las víctimas apuntan directamente a esclarecer qué es lo que permitió que dentro de la Iglesia hayan sucedido estos abusos durante tanto tiempo. El poder que obtuvo Karadima es un tema no menor a la hora de entender sus crímenes. En relación con este tema, y en defensa de la Iglesia Católica, Eugenio de la Fuente, quien participó en la Pía Unión Sacerdotal de la parroquia del Bosque hasta el año pasado, afirma:
“Las personas que contiene la Iglesia son parte de una sociedad pluricultural y pluriambiental. Entonces, si una persona que trae una enfermedad basal combina esto con la autoridad que le da un sacerdocio, es un cóctel explosivo, pero ni se acerca en un cero por ciento a lo que es la Iglesia. Es sumamente importante darse una vuelta por un perfil psiquiátrico de la persona del padre Karadima para ver qué fue lo que permitió que esto ocurriera.” (p. 388)

Este perfil psicológico al que alude De la Fuente queda al descubierto tras la lectura de Karadima, el señor de los infiernos. Sin embargo, para otros entrevistados, el poder alcanzado por el padre fue potenciado por ciertas personas, pertenecientes o no a la Iglesia. Se investiga en este libro cómo el párroco fue capaz de armar, poco a poco, una red de protección dentro de la Iglesia, de manera que las primeras denuncias realizadas por los jóvenes, se presume, nunca llegaron a manos del Cardenal Juan Francisco Fresno. La investigación realizada por Mönckeberg también apunta al poder económico alcanzado por el sacerdote: desde los múltiples departamentos comprados en los alrededores de la parroquia hasta los lujosos autos que renovaba cada cierto tiempo gracias a las donaciones de sus benefactores.

Tras la lectura de esta investigación queda claro que falta mucho por descubrir con respecto a este caso. Se pone en evidencia que más allá del fallo emitido por el Vaticano en febrero de este año, el cual declara culpable al sacerdote, es necesario indagar más, hasta descubrir qué otras personas actuaron como cómplices de los abusos cometidos. Resulta difícil creer que personas tan cercanas a Karadima, como Juan Esteban Morales, sacerdote de su parroquia, o Andrés Arteaga, ex vicegrancanciller de la Universidad Católica de Chile, no vieron o no se enteraron de lo que sucedía dentro de la parroquia. Tampoco se explica por qué el Cardenal Francisco Javier Errázuriz ignoró las denuncias y luego no aceleró la investigación antes de que los delitos prescribiesen.

Es recomendable, para quien desee leer este libro, haber visto el reportaje de TVN mencionado al principio de esta reseña, además de la controvertida entrevista de James Hamilton en el programa Tolerancia Cero en abril del presente año. Se hace alusión a ambos programas en varias ocasiones durante el libro y haberlos visto, para así conocer a los denunciantes, facilitará mucho más la lectura.

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