Los altísimos (Hugo Correa)

Los altísimos

Los altísimos (1951)

Hugo Correa (1926-2008)

Alfaguara

ISBN: 9789562397957

267 páginas

Precio referencial: $6.900

“Pongamos por ejemplo el planeta Tierra (…) Allí, el hombre es el padrón, el punto de referencia, la medida con la cual todo cuanto existe es susceptible de reducirse a términos comprensibles. Su tamaño le hace pensar, no sin razón, que se halla situado a medio camino entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Hacia abajo, el átomo, y en el cielo, el espacio poblado de estrellas”.
La primera página de Los altísimos puede ser resumida burdamente como la narración de un típico abrir de ojos de algún hombre desorientado en un lugar desconocido, sobre una cama quirúrgica y con una modorra y un mareo indescriptibles. El hombre: Hernán Varela, ahora nominado X. El lugar: el planeta Cronn, mil veces más grande que la Tierra, donde habitan seres extremadamente prácticos, que han olvidado bajas pasiones como el amor y la mutua ayuda espontánea, limitándose a la mera “convivencia”. Una raza que vive monótonamente, sirviendo a la Colectividad y cayendo en el consecuente egoísmo debido a la ambiciosa búsqueda del bienestar personal, con el exclusivo sustento político y económico que es la literal tecnocracia salvaguardadora, con sus Nodrizas, su Mente y sus Técnicos, entes de jerarquía superior que tienen la fiel tarea de regular y que convierten a los humanoides en meras tuercas de un mecanismo que los mantiene suspensos.
Este es un mundo que sobrepasa con creces la población de la Tierra en la época de Correa, y aun en la de nosotros, 60 años después. A pesar ello, cada uno de los integrantes de este nuevo mundo llevan una letra en una placa como nombre identificatorio, tal como el mismo X., L., quien lo entrena para ser vigía, o A. e I., dos mujeres que se topan con el protagonista; es decir, no hay más variedad de denominaciones que la cantidad de letras que contiene el alfabeto, lo que podría simbolizar la incapacidad de distinción entre las gentes en una sociedad que ha “avanzado” hasta lo inimaginable, tanto en materia civil, como vimos, y científica, en donde la velocidad de la luz puede superarse y el átomo, por ejemplo, es capaz de ser manipulado y agrandado para crear Máximos o empequeñecido para crear Mínimos.
Con todo esto, los cronnios de esta novela sumergen a X. en una confusión que lo desmantela psiquícamente, sufriendo un “trauma interplanetario”, como le llama L., a lo que copeera también el ambiente que lo rodea, con ciudades con vida propia tales como Ernn y Dnak, que no conocen la propiedad privada —puesto que los hombres pueden ocupar cualquier casa disponible, con tal de que esté vacía— o lugares inhóspitos como la Corteza o el eje interior. En este nuevo planeta ya no está Hernán Varela; solo un X.; un habitante más en vísperas de convertirse en un vigía al servicio férreo de la sociedad.
Sin embargo, y a pesar de todas estas aristas técnicas y rasgos extravagantes que pueda tener Cronn, el libro escrito por Hugo Correa denota también un tipo de vida dominado por la religión o, más bien, el sentimiento religioso, el miedo y en menor grado el regocijo en lo desconocido. El autor chileno nació en Curepto, VII región de Chile, recién al fin del primer cuarto de siglo. En aquel tiempo, y sobre todo en aquellos lugares lejanos a la capital chilena, la vida de los pueblos más pequeños estaba casi en su totalidad regida por la creencia en divinidades más grandes y fuertes que el hombre… como los invisibles Altísimos. Pese a esto, el escritor, sin duda, tiene que haber visitado, alguna vez en su vida, una gran ciudad organizada, burocrática y con una tecnología incipiente, lo cual queda evidenciado en la novela misma.
De esta forma los dos ingredientes de la vida del autor y probables puntos de partida del texto, la fe propia del campo y la fe en la técnica de lo urbano, conforman arremolinados esta petrificante obra de ciencia ficción a la cual se refirieron conocidos autores como Bradbury o Asimov. Y es que, al fin y al cabo, la ciencia ficción se basa en la experiencia cotidiana de quien la crea, partiendo de la idea de que existimos en un mundo como este, el planeta Tierra, y continuando con la convicción de que la imaginación es capaz de edificar realidades infinitamente distintas a la propia.
Sea lo que sea, basta recordar que en Curepto, Santiago o Cronn, hay algo en común, inspiración de todos los hombres —o cronnios— a través del tiempo y el espacio, que hace que estos lugares hayan confluido juntos en la cabeza de un gestor de semejante fantasía: las estrellas. Porque ellas pueden contemplarse desde donde sea, desde donde haya quienes puedan sentirlas, y son, quizás, el latigazo mental para escribir ciencia ficciòn y reflexionar sobre lo inabarcable e incognoscible, desde Johannes Kepler hasta los autores contemporáneos.
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2 Comments

  • Me pareció interesante lo que dice de la vida de Hugo Correa, en el sentido que se puede ver a Curepto como un planeta Tierra y a Santiago u otra ciudad centralizada como Cronn. <br />Excelente novela de ciencia ficción y fantasía utópica , recomendado totalmente.

     

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