La elegancia del erizo (Muriel Barbery)


Por: Valeria González C.

L'Élégance du hérisson (2006)
Seix Barral
Muriel Barbery (1969-X)

368 páginas
Precio referencial: $11.900

La elegancia del erizo me cautivó desde el primer momento. Tenía una edición bonita, con la cara inquisidora de una niñita que me miraba desde la portada y que yo no descifraba de qué podía tratar. Desde su portada me hablaba de una estética clara, limpia, simple y pura. Como el canon de belleza oriental instalado en el inconsciente colectivo, que a través de las páginas del libro podemos ir descubriendo a través de los ojos de Paloma y de la mano de Renée, dos mundos distintos, intocables, unidos sólo por lo bello.
Muriel Barbery en su libro nos habla de lo convencionalmente bello, de lo simple, del arte, de la literatura, del cine, la filosofía y la música, aquella belleza innegable a los ojos de todos pero ignorada por muchos. Aquello que reside mucho más allá de lo tangible, aquello que convertimos en hermoso cuando nos sacamos las máscaras, cuando dejamos de pensar en lo superficial y en el orden establecido cargado de estereotipos. Pero también nos habla a través de un humor crítico, que logra verdaderas sonrisas, de los lugares comunes de la clase acomodada francesa, descripciones inocentes y ácidas de situaciones no tan difíciles de extrapolar al mundo en el que cada uno de nosotros se desenvuelve.
Porque de la mano de Paloma, una pequeña, que siendo sincera al principio me desagradaba quizás acostumbrada a la inocencia y a la facilidad con que una niña de esa edad ve el mundo, pero que sin embargo logró cautivarme ya que cansada del mundo en que vive, la burguesía francesa, decide acabar con su vida el día que cumpla 12 años, pero antes decide darle una oportunidad a todo lo que le rodea,, y a través de su “diario de pensamientos profundos” y “acerca del movimiento” nos muestra toda la sensibilidad que posee para ver todo eso que no nos percatamos porque solemos mirar y no observar, porque sordos del ruido externo, no logramos escuchar lo que las cosas nos dicen, y ciegos de la sobreinformación a la que estamos sometidos olvidamos ver lo que tenemos frente a nuestros ojos.


Y es así como aparece Renée en la historia, la portera de los condominios donde vive Paloma, jugando un rol que la sociedad le impone, viviendo clandestinamente. Sólo quien tenga la sensibilidad suficiente para observarla un momento podrá darse cuenta de la riqueza que esconde tras esa apariencia huraña y descuidada que intenta dar en contra de su naturaleza para no romper el orden de lo establecido en la sociedad en que se desenvuelve.

Es por las infinitas esencias que puede dejar el libro a cada uno de los lectores, es que yo los invitaría a leerlo, porque a mí, una niña que ama los libros pero que sin embargo por condiciones no logra devorarse muchos de ellos, éste la encantó. Logró que no quisiera soltarlo, al principio leyendo lentamente como intentando no perderme nada, como tratando de entender muchas de las teorías filosóficas, artísticas o incluso de lingüística que someramente esbozaban las protagonistas las cuales me resultaban desconocidas, como tratando de disfrutar en mi mente del movimiento de los abedules, de la cerámica japonesa, del sabor del sushi descrito, de las camelias, de analizar cada uno de aquellos movimientos que Paloma lograba ver y que la hacían aferrarse un poquito a la vida. La elegancia del erizo es un libro de fácil lectura pero que te obliga a disfrutarlo, quizás al avanzar las páginas y comenzar el desenlace no fue todo lo esperado, quizás porque ya no quería que acabase, quizás porque esperaba más debido al encanto, pero me hizo comprender otra de las grandes máximas que trata de esbozar el libro: lo importante no es el final, si no lo que uno hace antes de llegar a él.

El mal de Portnoy (Philip Roth)

Portnoy´s Complaint (1969)
Debolsillo
ISBN: 9789875664432
Philip Roth (19-03-1933//  )
312 páginas

“La llevaba tan incrustada en la conciencia, que, al parecer, me pasé el primer año del colegio convencido de que todas y cada una de mis profesoras era mi madre disfrazada. Echaba a correr en cuanto sonaba el timbre de salida, e iba todo el camino preguntándome si llegaría a casa con tiempo para pillar a mi madre antes de que volviera a transformarse. Pero siempre, invariablemente, la encontraba ya en la cocina, poniéndome el vaso de leche con galletas.”

Apenas dar vuelta las primeras páginas en blanco de nuestro libro se nos explica que el mal de Portnoy es un trastorno en el que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual más extremado y, en ocasiones, perverso. Además, para nuestra mejor comprensión, se cita a Spielvogel: “Abundan los actos de exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo y autoerotismo, así como el coito oral; no obstante y como consecuencia de la “moral” del paciente, ni la fantasía ni el acto resultan en una autentica gratificación sexual, sino en otro tipo de sentimientos que se imponen a todos los demás: la vergüenza y el temor al castigo, sobre todo en forma de castración”. Para reseñar esta novela consideré necesario copiar casi textual dicha explicación, para que todos supiéramos de qué se trata lo que a continuación explico y cómo todo está ligado.

El mal de Portnoy –me refiero a la novela de aquí en más– es un largo monólogo de nuestro protagonista, Alexander Portnoy, que funciona en el supuesto de que es él quien va relatándole su vida a su psicólogo, personaje inexistente dentro de la narración y que solamente sirve como excusa para el juego inteligente del autor. Alexander es un niño/joven/adulto de familia judía, tanto como lo son muchos de los personajes de Roth, quien vive y ha vivido siempre bajo la agobiante enseñanza moral de su familia, bajo el dictado del terror, donde todo bordea la desgracia, donde todo es pecado. Y acá es donde tenemos el juego con el título y la enfermedad. Nuestro protagonista tiende a hacer un escape mental hacia el onanismo, en su primera edad, hacia la masturbación más profusa, exagerada e incluso repugnante.

"..Bueno, ¿dónde está ese sano juicio aquella tarde en que yo volví de la escuela y encontré que mi madre había salido de casa, y vi en nuestro refrigerador un grande y purpúreo pedazo de hígado crudo? Creo que ya he confesado lo del trozo de hígado que compré en una carnicería y asalté detrás de una cartelera cuando me dirigía a una lección de bar mitzvah. Bien, quiero vaciarme el pecho de ello, Santidad. Quiero confesar que aquélla..., aquello... no fue mi primer pedazo. Mi primer pedazo lo tuve en la intimidad de mi propia casa, enrollado en torno a mi pene en el cuarto de baño, a las tres y media, y, luego, lo tuve de nuevo en el extremo de un tenedor, a las cinco y media, en compañía de los demás miembros de aquella pobre e inocente familia mía. Bien. Ahora ya sabe la peor cosa que he hecho jamás. Jodí con la comida de mi propia famila."

Y así mismo lleva su vida en tanto va creciendo, con el despecho, esa relación de amor odio hacia sus padres, hacia el resto de la gente, especialmente a aquellos que no se comportan conforme a los cánones pero que, sin embargo, no reciben aquel castigo soberbio, ejemplificador, divino, aquel castigo prometido e inevitable, pero que después de todo, a los demás pareciera no importarles, ni acaecerles.

Pero no piensen que acá hablamos de una familia judía, con normas judías y una forma de ver el mundo desde su religión, porque aunque así es en estricto principio, todo el lamento es un ejercicio de reflejo de la realidad social actual, no sólo del judaísmo, sino que del comportamiento de todo el hombre moderno, y vaya ojo que tiene Philip Roth.

Cuando salió publicado este libro se convirtió rápidamente en un best-seller. Lógico; su lenguaje frontal, incluso burdo en ocasiones (no el del autor para escribir –Roth jamás podría ser burdo a la hora de escribir– sino que el de Alexander Portnoy al expresarse), su temática abundantemente sexual, todo ello lo puso de golpe en el mapa y en la polémica. Hoy en día no hay en ella mucho que pudiese hacer que un hombre medio se tirase los cabellos (como por ejemplo tampoco sucedería con “El guardián entre el Centeno”), pero aún hoy podemos apreciar el elevado tono sexual y erótico de esta novela (aunque dicho sea de paso, Roth no pareciera en ninguno de sus libros esquivar las temáticas sexuales).

Sé que hay gente a la que este libro le voló la cabeza, vieron en su protagonista la exacerbación de sus trancas, dolores infantiles, represiones infinitas, la sicología materna funcionando a chorros sobre ellos, pero no fue mi caso. Roth es un gran escritor y eso no lo discuto, pero El lamento de Portnoy es justamente eso, un lamento que dura las 301 páginas que dura este libro, tratadas con mucho humor (sin el que sería infumable seguramente una novela de este tipo), especialmente con humor negro, sardónico, inteligente, pero que al final no deja de ser eso, un largo lamento. Me costó trabajo en algún momento seguir avanzando hasta el final de la narración, pero logro vislumbrar en él todas aquellas cualidades que podrían atrapar a cualquier otro lector, hacerle sentirse personalmente identificados con el protagonista (a escala, obviamente) y hacer de esta novela un pequeño gran descubrimiento.

El evangelio según Jesucristo (José Saramago)


O evangelho segundo Jesus Cristo (2003)
De Bolsillo 
ISBN: 9789562398657 
José Saramago (1922-X)
560 páginas
Precio referencial: $ 5.500


El hombre es el ser supremo para el hombre.
Karl Marx

Este es un libro peligroso, y es el que escogí para conocer a José Saramago, ganador del Premio Nobel de Literatura de 1998 y de quien tanto se habla hoy en día. Peligroso porque en él se nos reinventa una de las partes más importantes y decisivas en el desarrollo de los últimos dos mil años de Historia de la Humanidad, de la mano de la vida de uno de los personajes más populares que han pisado la faz de la Tierra –se quiera creer verdadera esta afirmación o no: la vida y muerte de Jesucristo, compuesta en todo lujo de detalle, con adornos meticulosos, tales como ironías, sarcasmos, y juegos mentales, como alusiones a la astucia y concentración del lector, acompañados de una crítica ácida a los culpables de todo lo malo que sucedió a raíz de la poderosa gran causa en la que se convirtió el cristianismo inmediatamente después del último clavo enterrado en el cuerpo moribundo de Cristo.
En esta especie de gran párrafo interminable tenemos, sinceramente, mucho que decir pero muy poco que explicar, puesto que cada capitulo de la vida de nuestro protagonista es otro capitulo de sensaciones que nacen en quienes presencian esta nueva versión no oficial del hecho que ha legado tanto al mundo actual, que a la vez ha sido raíz de tantas culturas e ideologías, suscitando así modos de vida que persisten hasta hoy, cuyos fundamentos parten de la misma e invencible base; la necesidad de una ética definitiva, que gustara a la mayoría y que, en aras del poder político, pudiese imponerse para siempre. Todos los anteriores son preciosos detalles que deslumbran a cada minuto de lectura, los que se intensifican con el curioso estilo propio del portugués que, como vine a saber después, se mantiene férreo en muchos de los libros que provienen de su prodigiosa mano.



En cuanto a la trama, es importante destacar –sin contar demasiado- que en estas quinientas páginas se nos presenta mundanamente, a nada más ni nada menos, y como yo nunca había visto en libro alguno, a Dios y al Diablo. En uno de los episodios más impresionantes los dos seres aparecen humanizados en la vida de Jesús. Tienen sentido del humor y también intereses propios, y saben muy bien que el uno sin el otro, como simbolizando el bien el mal, no pueden sobrevivir sin que alguno de los dos llame, grite y ruegue a cada segundo existente la contraparte, para dar el equilibrio necesario y final al Universo. Como si juntos no quisieran que la estabilidad se cayera y todo se acabara.



A modo personal, una de las cosas más increíbles del libro fue el preguntarse si lo que pasaba dentro era “verdadero” y coincidía con los hechos “reales” o no, pues obviamente, aunque muchos elementos son tomados de los acontecimientos bíblicos ya conocidos, Saramago, siempre incrédulo, juega con ellos, amoldándolos y haciendo lo que se necesita para construir lo que una novela es en esencia. Habría en este caso que considerar también que al iniciarla me consideraba completamente ignorante y ajeno a la historia del hombre santo que revolucionó, con su pensamiento y accionar, todo lo que un desarrollo social trae consigo. Asombra tener que presenciar, como si se estuviese viendo atentamente una película, cómo el nazareno es engendrado en su sustancia sobrenatural prácticamente de algo que por antinatural y alejado de lo palpable se hace inexistente, lo cual el escritor sabe ilustrar muy bien. Así, el narrador –que se agrega olímpicamente en relato como uno de los testigos y personajes en la vida de Jesús- coincide, ficcionalmente, claro está, con diversas cosas que nos ha enseñado la historia oficial, pero sin dejar jamás de criticar cómo es que todo esto pudo ser posible. Con argumentos nos quiere tratar de convencer que lo que el cristianismo nos ha contado por siglos no es más que el fruto de la soberbia humana, que inteligente y omnipresentemente, fue capaz de especular, inventar y sacar adelante un imperio espiritual que hasta el día de hoy hace vivir la ilusión de un mundo mejor en una cantidad interminable de seres atribulados, con una ética que se incrustó en el inconsciente colectivo, otorgando un glosario de valores y antivalores que, como crisálida que atrapa a todos los seres humanos para bien o para mal, impregna la vida de los que nacieron y de los que están por nacer. Esos hombres somos nosotros; esclavos de nosotros mismos:


“…el pensamiento, como una súbita hendidura, se abrió hacia la ofuscadora evidencia de que el hombre es un simple juguete en manos de Dios, eternamente sujeto a hacer sólo lo que a Dios le plazca, tanto cuando cree obedecerle en todo, como cuando en todo supone contrariarlo".

Un trozo de mi corazón (Richard Ford)

Un trozo de mi corazón (1976)
Compactos de Anagrama (2008)
ISBN: 9788433968050
Richard Ford (16-02-1944// )
312 Páginas

Esta es una novela de un título tan dulzón como amargo es su contenido. La historia es, en apariencia al menos, bastante simple. Capitulo primero; un muchacho dispara a un hombre, un muchacho mata, el muchacho amenaza a otro hombre, un hombre ha muerto, un hombre desconocido, sin motivo aparente. La vida es efímera y cualquier circunstancia puede cambiarla radicalmente. El capitulo en ese momento inconexo pareciera estar ahí para mostrarnos algo que Ford se preocupa de demostrarnos durante toda la narración a lo largo del libro: la vida está llena de una fragilidad abismal, como en constante peligro de perder el equilibrio, y nosotros los hombres nos mantenemos dentro de este juego pero no somos dueños en absoluto de los destinos, ni de las consecuencias de nuestros propios actos.

La historia radica en dos hombres. Ellos no se conocen entre sí y motivaciones diferentes los mueven a desplazarse por Estados Unidos hasta llegar a una pequeña isla en el estado de Missisipi, propiedad de un viejo duro y grosero que los acoge a uno por trabajo y al otro por motivos semi familiares. Robard Hewes deja a su mujer, momentáneamente según sus pretensiones, viajando para encontrarse furtivamente con otra mujer, la mujer de otro hombre, mujer que como él espera con ansiedad su reunión. Se desean mutuamente y largamente han añorado su unión física, el sexo del otro y poder escapar por ahí entre los moteles cercanos, para hacer todo aquello que han dejado de hacerse mutuamente para vivir una vida normal. Robard ha olvidado a su familia, ha olvidado quién es él dentro de ese mundo y ya sólo quiere ser con la otra, con la que es de otro, y amarla a ella. Sam Newel, por otra parte, es un joven desapasionado, un estudiante de derecho a punto de titularse, quien ya no busca a nadie e incluso a sí mismo desease perderse. Es un joven inteligente y analítico, pero pareciera ya no querer nada, vivir de lo que fue y probablemente querer retornar al pasado, aunque esto tampoco lo sabemos.

Ford aborda la historia de una manera inteligente, tan bien elaborada al punto que pareciera no estar elaborada. Me explico: esta historia radica en estos dos hombres buscándose o perdiéndose, mientras sus historias casualmente se enlazan pero verdaderamente no se vuelven una, ni se conjugan. Ford entretanto va tejiendo la anécdota, mostrando el paisaje y el cómo ambos personajes parecieran cada vez alejarse más de sí mismos, pero sin contárnoslo, sin explicarlo, sino que solamente dejándolos actuar, comportarse desde sus limitaciones y yerros, nos muestra pero no nos enseña.

Esta fue la primera novela publicada por Richard Ford, uno de los más grandes portentos de la literatura actual norteamericana. Como primera novela uno extraña virtudes que sabe habrán aparecido con el tiempo, y que uno encuentra bien desarrolladas en, por ejemplo, El día de la Independencia. No obstante lo anterior es menester decir que la calidad literaria de Ford se muestra clara ya en esta tan primigenia etapa, que ya es bastante alta en esta novela. Me recordó, tengo que decirlo, a Faulkner y sus Palmeras Salvajes, pero a la manera en que Ford cuenta las cosas, y con los personajes bien delineados que Ford sabe crear. Seguramente este libro no es lo mejor de Richard Ford, pero incluso este primer paso se encuentra muy por sobre la gran mayoría de sus contemporáneos, porque el tratamiento de sus temáticas de fondo ya están ahí, lo que aún está desarrollando en este momento es la técnica, el cómo, pero no lo que lo lleva a ser el tremendo autor en el que finalmente se ha convertido.

Los mecanismos de la ficción -Cómo se construye una novela- (James Wood)

Los Mecanismos de la Ficción:
Cómo se construye una novela. (2008)
James Wood (1965-  )
Editorial Gredos
199 páginas
Precio Referencial 23,00 €


James Wood es un crítico literario de reconocida trayectoria y de muy buena reputación, es redactor en The New Yorker y, según dice la contratapa de mi ejemplar, profesor invitado de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Harvard. 

Este es un libro de crítica literaria, una especie de estudio sobre la literatura en general, llevado en términos bastantes simples que acercan la literatura –como objeto de estudio– al lector común (nosotros). Eso fue lo que puso este título entre mis manos, porque yo al menos no soy ningún literato sino que un simple amante de la literatura.

"La literatura hace que nos fijemos más en la vida; practicamos en la propia vida, que a su vez nos hace mejores lectores de los detalles de la literatura, que a su vez nos hace mejores lectores de la vida. Y así sucesivamente. Sólo hay que enseñar literatura para darse cuenta de que los lectores más jóvenes son malos observadores. Sé por mis libros más antiguos, anotados sin ningún miramiento hace veinte años, cuando era estudiante, que yo subrayaba rutinariamente, sólo para buscar el aprobado, detalles, imágenes y metáforas que ahora me parecen de lo más vulgar, y me perdía tranquilamente cosas que ahora me parecen maravillosas. Crecemos como lectores, y los veinteañeros son relativamente vírgenes. No han leído la suficiente literatura para que ésta les haya enseñado cómo leerla.
 
La introducción de este libro funciona como una especie de declaración de principios. En ella su autor nos cuenta que por allá por 1857 un autor, que no vale la pena nombrar acá, escribió un librito sobre técnicas de dibujo, que consiste en un manual para principiantes que, aplicando un criterio critico sobre el arte de crear, fue realizado con el fin de ayudar al pintor en su práctica, al observador en su capacidad de observación y al amante de ese arte en general. Nos cuenta que en aquel libro el autor va describiendo parte por parte los trazos del pintor de turno en obras reconocidas, mostrando donde están los aciertos, donde el genio, donde las fortalezas, todo ello de una manera muy simple, haciéndolo evidente a los ojos de quienes no son expertos en la materia. Su conclusión es que, en el área de la ficción hay muy pocos libros así. No hay muchos quienes hayan intentado realmente acercar la literatura-ficción al lector común, enseñándole dónde debe observar, y al escritor, mostrándole dónde debe pulir. Así “se vende” este libro, bajo el sub titulo “Cómo se construye una novela” y finalmente bajo la frase “Un libro que cambiará nuestra manera de leer”. No sé si haya cambiado diametralmente mi manera de leer o escribir (o al menos mis  malos intentos de hacerlo), pero sí creo que aprendí un puñado de detalles sobre el estilo, o sobre dónde posar la vista al momento de tomar una novela entre mis manos, sobre cómo leer. Por ende, objetivo cumplido para el autor, hay que decirlo desde ya.
El lenguaje de Wood es ameno, y aunque por momentos  se enfrasca  en explicaciones complejas ejemplifica una y otra vez lo que desea exponer logrando que el lector logre comprender lo que él quiere mostrar. El libro se divide en varios capítulos muy interconectados entre sí, al punto de muchas veces ser difusa la línea que divide uno de otro, pero sin que ello sea un defecto, es más, el mismo autor advierte que su subdivisión es más bien esquemática pero en el momento de analizar lo que propone todo tiene que ver mucho con lo demás y no conforman realmente entidades apartes, sino que más bien se entremezclan en la literatura. Los capítulos, que se dividen según los motivos que analiza dentro de la literatura ficcional son, entre otros, los siguientes: narración (donde someramente enuncia tipos de narradores y profundiza en el que a él pareciera serle más de su agrado, por un tema de técnica y belleza narrativa, y que al mí al menos logró convencerme bastante de sus capacidades, además de notar que había estado frente a él tantas veces sin percibirlo, siendo víctima del juego del autor), Flaubert y la narrativa moderna (donde enuncia y demuestra la importancia de este autor para toda nuestra narrativa, explicando el quiebre que significó en la literatura, mostrandonos donde está la innovación que él provocó), detalles (donde muestra, con un cúmulo de ejemplos, la importancia de los detalles y lo que provocan dentro de una obra), personajes (bastante obvio su contenido, pero él lo expone de una muy buena manera, explicando dónde radica la sustancia de los personajes, al menos desde su punto de vista), lenguaje (donde se adentra en temas como el ritmo y la sonoridad) y finalmente el dialogo (cómo lo abordan distintos autores, qué es deseable, qué no lo es).

El resultado de este libro es un pequeño manual critico, si es que existe tal expresión, que es al mismo tiempo una manera cercana y simple de llevar al lector común un paso más allá en la observación de una novela, más allá de la historia, más allá de la anécdota, para que sea capaz de apreciar todo el arte que conlleva. Por otro lado hace el mismo ejercicio con aquel eventual escritor incipiente, escritor amateur, mostrándole donde están las rosas entre las espinas, donde los aciertos y los fulgores, para que él pueda desarrollarlos. Todo lo anterior sumergido en una batería importante de ejemplos que hacen muy simple realmente asir lo que el autor trata de mostrarnos, ejemplos además que son bastante contemporáneos, que no caen en la jactancia sino que se encuentran ahí verdaderamente por el carácter utilitario que poseen dentro de su contexto. Nunca había antes leído un libro de crítica literaria. Siendo este tan ameno, cordial, y tan bueno como primer paso, no tengo dudas que iré ampliando mis lecturas también en este ámbito. Lo recomiendo para todos aquellos lectores avezados que tengan curiosidad no sólo sobre cómo leer y escribir, sino que además como poder verdaderamente apreciar lo que poseen entre manos. La editorial que lo está publicando en español se encuentra radicada en España, pero hacen envíos a toda sudamerica previo deposito y llegan en perfecto estado a destino.

Elegía (Philip Roth)

Elegía (2006)
R. House Mondadori (2007)
ISBN: 9789568228248
Philip Roth (19-03-1933)
149 Páginas


La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre.


Elegía es una forma de composición bastante antigua, utilizada para llorar a los difuntos, de ahí el nombre en español (en inglés se llama “Everyman” que es una referencia a una novela del siglo XV –según información obtenida en la red, de la que no doy fe- en la que a su protagonista se le aparece la muerte) dado en esta traducción. Elegía, de Philip Roth, es una novela de breve extensión que comienza y termina con la muerte y en la que se nos muestra la vida como un paseo a través del cual sólo se llega a la ya referida consecuencia. Ya lo sabemos todos nosotros; en este camino no hay vías alternativas ni metas distintas a este único destino compartido: la muerte. Acá nos encontramos con la prosa lúcida, limpia y sin afectaciones de Roth, que tantas loas –muy merecidas según mi humilde punto de vista—le han valido. Siempre es un agrado tener entre manos a un escritor de aquellos, no tan comunes como se podría pensar, de los que realmente saben cómo escribir (formalmente quiero decir), conduciéndonos a su antojo por la narración, evitando los ripios donde caen usualmente sus demás colegas. Es una historia pequeña, con no demasiados personajes, más de ellos se enuncian y mantienen en un muy segundo plano de lo que realmente interactúan con la historia. Esta narración avanza y retrocede, utilizando como excusa las operaciones, enfermedades e intervenciones médicas que ha sufrido nuestro protagonista a través de su vida, las cuales lo llevan al final de esta historia, que es también el capitulo primero, capitulo donde se nos sitúa en el entierro del susodicho.

"...Lo que había sabido no era nada comparado con el ataque inevitable que es el final de la vida. De haber sido consciente del sufrimiento mortal de cada hombre y mujer a los que había conocido durante sus años de vida profesional, de la dolorosa historia de pesar, pérdida y estoicismo de cada uno, de miedo, pánico, aislamiento y terror, de haber conocido cada cosa que les había sido arrebatada y que en otro tiempo había sido vitalmente suya, y la manera sistemática en que eran destruidos, habría tenido que permanecer junto al teléfono todo el día hasta la noche, haciendo otro centenar de llamadas por lo menos. La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre."

La muerte es la sombra que tiñe esta historia y lo que la condiciona. La vida es el paseo previo a ese estado. Nuestro protagonista, hombre anónimo, es un ser conciente de sus errores, desaciertos, olvidos y rencores, y todos ellos constituyen la pesada -y a veces intolerable- carga que debe soportar en sus últimos minutos. Roth nació el año 1933; cuántos de estos cuestionamientos debe estarse haciendo no como ficción, sino que angustiosamente, en primera persona, ahora que el reloj avanza sin tregua, contando en su propia vida ya más que hacia delante más bien en cuenta regresiva. Hay un tremendo drama existencial en este hombre (en cualquiera de los dos, en el protagonista o el autor) que mira hacia su pasado y se arrepiente incesantemente, porque es conciente que es humano y que como tal ha cometido errores. El protagonista lleva tres matrimonios (y 3 divorcios) a cuestas, un cúmulo de infidelidades que están lejos de hacerle sentir orgulloso, un hermano que admira pero que él mismo se ha encargado de apartar de su vida, posee hijos que ya no sienten ningún aprecio por él y una hija a la que adora, pero con la cual no logra vivir conjuntamente, como la armonía que él quisiese crear entre ambos. En suma, un hombre común y corriente, que en los descuentos de su vida puede mirar hacia atrás y ver cómo se han ido acumulando los desaciertos en su vida, uno tras otro, para llevarlo hacia ese presente tan distinto a lo que él mismo alguna vez proyectó para sí.

Roth logra componer esta novela breve sin caer en lloriqueos, sin lamentaciones inútiles, sin teñirla de autocompasión. Cualquier otro probablemente habría caído en esos facilismos; pero no Roth, no él. Esta es una novela sobre envejecer, una reflexión sobre equivocarse, cometer errores, ser hombre, arrepentirse, sobre la vida y la soledad. Hay música en esta novela, una muy muy triste, pero ahí resuena. Completamente recomendada.