El Fumador y otros Relatos (2008)Marcelo Lillo (1963-?)
R.H. Mondadori (2008)
132 Páginas
Precio Referencial .cl $ 6.000
El Fumador y otros Relatos (2008)Vidas Ejemplares (1994)
Sergio Gómez (Temuco,1962 – ¿?)
Planeta Biblioteca del Sur
223 páginas
precio referencial $2490 (http://tiny.cc/hp8ms)
Un libro sobre vidas que se perdieron. Un libro sobre sueños que nunca se realizaron. Jóvenes que nunca pasaron a ser adultos y se quedaron varados en el medio. Vidas que no resultaron como tenían que ser.
Cuenta la historia de un taxista pirómano que se pasa las noches escuchando a Cat Stevens y quemando las casas de sus ex amigos. Una joven que fue la mejor de su generación al salir del colegio, pero no estudió nada y terminó vendiendo productos Avon y llegando apenas a fin de mes.
Abundan las referencias musicales y cinematográficas y entremedio se cuelan las historias de estos jóvenes fracasados y llenos de problemas. Historias de sexo, drogas y viajes sin rumbo. Un taxista que maneja por la noche penquista sin rumbo. Una madre que deja todo y se va a viajar con su novio veinte años menor y termina internada en una clínica de rehabilitación en Brooklyn.
Muchas veces la vida no resulta como la planeamos. Surgen problemas y de eso trata este libro. De vidas a medias. Vidas ejemplares.
La historia gira en torno a la vida de estos jóvenes y a un aerolito que caerá en Parque Deportivo. Aerolito que cambiará la vida de la gente y que algunos ven en sueños y los incita a quemar cosas. Quemar las casas de sus ex compañeros de colegio específicamente. Porque es como si estos personajes quisieran quemar su pasado. Olvidar a esos jóvenes llenos de sueños que eran diez años atrás. Jóvenes que sentirían pena si los ven cómo están ahora. Porque la vida de estos personajes no resultó como la planearon y eso es algo con lo que no pueden vivir. Lo sobrellevan con drogas y alcohol.
Pedro Pablo, el taxista pirómano, se junta con la compañera de departamento de su amiga. Todo va bien. Están a punto de tener sexo, pero antes se drogan y todo se va a negro. Al volver a despertar, el taxista se da cuenta que la mujer está muerta y la única solución que se le ocurre es quemar el lugar hasta los cimientos. Pero su historia comienza mucho antes, en unas vacaciones familiares. Con un amigo iban a robar a un viejo, todo sale mal y terminan quemando el lugar. Su amigo resulta detenido, pero no lo delata y Pedro Pablo vuelve a su vida normal, o al menos eso creyó. Ese incendio marcó su vida y no lo dejó surgir. Diez años después se encuentran. El amigo cree que no quedó todo resuelto y lo invita a su casa. El taxista acepta y cuando están a punto de tener sexo homosexual, le clava un tenedor en los testículos y lo deja ahí.
Y así, son varias las historias que se van sucediendo en este libro. Historias que ocurren en los ‘80s. Con la dictadura de fondo. Una frase marca el libro. Una foto de los ‘60s que dice ‘El futuro de la juventud está podrido’. Y ese futuro es el que viven los protagonistas de este libro y sus vidas se pudrieron en algún punto.
On the road (1957)
Hagas lo que hagas sólo eres una piedra
Pateada a la siga de que vaya o de que venga.
Chinoy. Trovador chileno.
El libro de lo que nunca se van a quedar un sólo minuto tranquilos en su metro cuadrado, de brazos cruzados en una rutina aburrida y demoledora, estáticos en algún lugar que los coma y los consuma para no dejarlos ir jamás. La biblia exquisita de una generación impertérrita que se entregó a las drogas blandas y duras, a la filosofía oriental, al jazz frenético e iluminador, a la poesía y a la vida desenfrenada que parecía tan efímera y hermosa. La historia particular de los establecidos que paradojalmente se inscribieron sin stablishment, en una época posterior a una guerra que quitó demasiado. Un clásico universal, un imprescindible para cualquier viajero de la vida y de las carreteras.
En cuanto a lo anterior, no les voy a decir que solamente eso es lo que existe en el camino de En el camino, porque como a todos los personajes que conocerán, nos queda mucho más.
Allá en Dénver, allá en Dénver
No hacía más que morir
Todas estas páginas son la gran travesía de un montón de locos que no quieren más que bailar, viajar, sudar, cantar, reír, llorar, sufrir, amar hasta morir, anteponiéndose a la generación hippie que los sucedió e hizo, probablemente bajo injusticias de las modas, más historia que su espíritu beat. Un mundo increíble en el que amigos tan extraños como Dean, quien se mueve repetida y rápidamente hasta en los espacios más pequeños y se sienta en una cama con las piernas cruzadas toda la noche mirando al adorado Carlo Marx que está frente a él en la misma posición, tratando de engendrar ideas y bellezas por medio de una quemazón de ojos infinita. Una ficción que impele a depositar confianza en lo más simple y hermoso para afirmarse en aquéllos lisos pilares en los momentos más negros.
Para terminar, y a modo totalmente sincero y personal, quiero intimarles diciéndoles que este libro se convirtió de inmediato en uno de mis favoritos, por el mero hecho de que a mi cabeza, aunque quiera mil veces -cosa que dudo, se le hará prácticamente imposible borrar de su faz gris todo lo que recordó, aprendió y vivió junto a todas las experiencias que son parte de cualquier joven inquieto que se precie de serlo.
El Periodista Deportivo (1986) "Las cosas siempre vienen y se van, y eso es ley de vida. Todo lo demás es una mentira de la literatura y por eso fracasé como profesor y por eso metí mi novela en el cajón y no volví a sacarla de allí." Frank Bascome, protagonista de El periodista deportivo
Por: Diego Soto
Para un escritor lo más natural es escribir sobre lo que conoce, lo que le rodea y lo que, finalmente, le inspira. Por todo esto no es sorprendente que en la temática de Auster se repitan elementos como las calles frías de Nueva York y personajes intelectuales, escritores bohemios. Una de los asuntos recurrentes en la literatura de Auster son los cambios en las personas y cómo se producen (Tal como en
“Hace seis días un hombre voló en pedazos al borde de una carretera en el norte de Wisconsin.”
Como muestra del ritmo frenético, la prosa simple pero precisa de Auster. Un lenguaje a veces vulgar pero siempre cercano nos va introduciendo en la psiquis de Sachs, en su vida y en su motivación, con sólo los detalles necesarios y, siendo que ya conocemos el desenlace desde el principio, la historia nos atrapa como si fuéramos íntimos amigos del narrador y el protagonista. Y esta es, quizá, su mayor virtud. El armar una tesis a partir de un titular, mostrándonos siempre sólo lo que nos conviene ver, internándonos con fuerza primero en la vida nocturna de Nueva York, para luego cambiar al paraje inexplorado de la mente humana. Y lo que realmente aprendemos es a disfrutar del viaje, no del destino.
Además, la novela se nutre de personajes en su mayoría excéntricos, pero siempre manteniendo la realidad como base. Todo nos va pareciendo tan real, tan palpable, y en el final todo cuadra tan bien que esta obra no puede pasar desapercibida. Claramente, una de las mejores de Auster (si no la mejor) y una novela que nadie puede encontrar aburrida o ridícula.
Difícilmente encasillable en un genero (como novela negra o policial), trata sobre cómo nos afectan los sucesos que acontecen nuestra vida y cómo al final del día ya no somos los mismos. Todo esto ensalzado de un mensaje político-social para nada moralista, que solo expresa el inconformismo y el desencanto por las bases morales que a veces se convierten en los ídolos de una sociedad como la americana. Intriga, es lo que enmarca esta historia memorable que, a pesar de haber sido escrita a principios de los noventa, tiene un discurso claramente vigente luego del fin de la guerra del golfo, la era Reagan y los atentados de 2001. Claro que el mensaje va más allá de eso, es un análisis del ser humano y sus motivaciones, todo escrito de una forma simple, concreta y deliciosa. Un libro totalmente recomendable, esencial dentro de la literatura de fines del siglo XX y crucial dentro del postmodernismo más avanzado. Sin más, un clásico.
El Capote (1842)
Me explayaré un párrafo más sólo para mencionar la edición que yo adquirí. Hermosísima. Lanzada por Nórdica Libros con ocasión de la celebración del segundo centenario del nacimiento de Nikolái Gógol es una pequeña joya. Es un libro de un formato bastante más grande que el acostumbrado, parece más bien un cuaderno y posee ilustraciones (tantos años que no leía un libro con ilustraciones, qué gusto hacerlo otra vez, detenerse para apreciar sus detalles y complementar la imaginación) todas ellas muy bien cuidadas, en un papel de mucha calidad y con un resultado muy bien logrado. Sí, gasté lo que me hubiesen costado dos libros, pero no me arrepiento e incluso la recomiendo si pueden darse el gusto y si aún pueden encontrarla dando vueltas por ahí.
Las partículas elementales (1998)
"Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas.
Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte."
M. Houellebecq
Las partículas elementales: un libro que por su titulo sugiere probablemente un entorno ficticio apoyado en lo real, que se sabe compuesto de unidades y antiunidades mínimas sospechosamente indivisibles, repartidas en un baile existencial de opuestos, entre el animoso sí y el angustioso no. Estas contradicciones intrínsecas son parte del mundo en su totalidad, es la sociedad que nos muestra Houellebecq en cada una de sus ideas.
Sin embargo, por favor, seamos más específicos y escojamos una pareja de elementos para ilustrar el temple de esta estridente y fiel representación.
En las líneas de estas páginas teñidas de información sobre biología pura, experimentos científicos y brevísimos análisis sociológicos, se nos muestra la vida pública e íntima de dos hermanastros muy diferentes. En la primera esquina tenemos a Michel, un biólogo obsesionado con las aplicaciones filosóficas de la ciencia moderna a la vida actual, quien ha perdido su apetito sexual y que se conforma con vivir el día a día aferrado a un supermercado que lo ve pasar por entre sus estantes de productos enlatados todos los días, ritualísticamente. En la otra esquina, tenemos a Bruno: un profesor de literatura, un ser despreciado desde pequeño por su orbital figura y por su fama de ser el más ganador entre los perdedores. Desde el principio meado y vituperado por sus mayores en el internado que lo vio sufrir y abandonado a la vida sin más, una persona típica en una historia atípica, hundido en un hedor de fracaso desde su más tierna pubertad hasta su miserable y paupérrima vida adulta, resumida en una búsqueda mayormente infructuosa, aunque extasiante y desesperada, de una vida sexual que satisfaga por completo las fantasías que su imaginación desbordante engendra a cada instante. Pues su mundo está empapado por doquier de mujeres potencialmente desnudables que lo abruman –como a Michel sus circunstancias rutinarias- y que no fijan en ningún caso sus ojos en alguna de las moléculas que conforman su devastado cuerpo alimentado de masturbación. En fin y para no contarles más, les puedo decir que estos dos personajes en sí mismos no son más que el comienzo de la extensión de la raíz de hombres, mujeres, tristezas, alegrías, muertes, movimientos sociales y situaciones diarias y particulares que gobiernan la sociedad que Houellebecq –quien misteriosamente comparte nombre con el científico ficticio- nos pintará con delicadeza en la tela mental que tanto le obsesiona.
Michel y Bruno; Bruno y Michel: dos caras que son representantes de un planeta y una cultura occidental que se expande sin control y que se pudre a la misma velocidad que ha adquirido todo lo que lo rodea y compone. Un lugar y un tiempo en el cual las palpaciones en los culpables corpúsculos de Krause, cuyo pequeño y poderoso reinado conforman en lo más privado a cada uno de nosotros, brotan desde las manos más ansiosas y en el cual el deseo, de cualquier naturaleza y con un sólo objetivo, prima.

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