La Nariz (Nikolái Vasílievich Gógol)

Нос (1836)
Nikolái Vasílievich Gógol (1809 – 1852)
80 Páginas
Precio Referencial .Cl $7.000
“-Caballero… -replicó Kovaliov con aire muy digno-, no acierto a interpretar sus palabras…Me parece que el asunto está bien claro. ¡O pretende usted… ¡Pero si usted es mi propia nariz!
La Nariz es otro cuento de Gógol, así como el que ya en el pasado reseñé acá mismo, el laureado Capote. Y digámoslo desde ya: va exactamente en la misma línea. Se dice que Dostoievski habría acuñado la frase “Todos venimos del Capote de Gógol”, pero dicha frase debe juzgarse en cuanto al juego de palabras que encierra, pues perfectamente puede entenderse como: “Todos salimos de debajo del abrigo/las faldas/la influencia directa de Gógol”. Creo que se entiende. Lo que se reconoce es el giro que da Gógol, aquel giro nuevo e inexistente hasta ahí, el cual llevó a todos los rusos por un nuevo camino luminoso de creación literaria, en la que el hombre de la ciudad, sus dolencias, quejas, su vida buena y mala era el objeto de narración, el problema existencial del hombre como objeto literario. Dostoievski perfectamente pudo haber dicho también: “Todos venimos de La Nariz de Gógol”, en relación a este relato. Sí, permítanme destrozar el juego de palabras, ahora les explico por qué.
“Pero, no; no era una figuración. El asesor colegiado Kovaliov se tiró precipitadamente de la cama, sacudiendo la cabeza con preocupación: ¡no tenía nariz! Pidió su ropa al instante y partió como una flecha a ver al jefe de policía
La Nariz es un relato breve, un cuento que nos narra la historia de un funcionario de medio pelo de la administración rusa que un día despierta y nota que su nariz se ha salido de su cara, que simplemente no se encuentra ahí donde naturalmente debería estar, habiendo en su reemplazo nada más que la lisa piel, “como si se tratase de un panqueque” nos dice el mismo narrador. Esto es extraño, lo sé, pero es el juego que nos propone el autor para inmiscuirse en la intimidad cotidiana del protagonista, evitando además las fuertes censuras del régimen de la época y logrando caricaturizar, al mismo tiempo, a la sociedad peterburguesa. El protagonista se extraña y desespera, debe cumplir con las formas que su cargo le obliga y claramente la falta de nariz produce un menoscabo en su apariencia de funcionario reputado. Considérese la valoración extremada que se poseía del aparato burocrático y, por ende, de la carrera de funcionario público, de las formas y maneras, además de comportamientos sociales que exigía. Pues bien, la narración no se queda sólo en aquel extraño hecho. Prontamente nuestro protagonista -el asesor colegiado Kovaliov- emprende la búsqueda de su nariz, enterándose que esta ha adquirido una vida social propia, ha asumido un cargo en la administración pública como funcionario, un funcionario incluso de mayor rango que él mismo. Kovaliov le sigue el paso, se exaspera, no sabe cómo afrontarlo debido a su menor rango social –todo un contrasentido considerando que se trata de su propia nariz- y finalmente pareciera ya haber abandonado toda posibilidad de una vida normal para cuando un policía llega un día cualquiera y le retorna su nariz. Días después esta aparece adherida nuevamente en su rostro, y Kovaliov vuelve a su vida ordinaria de funcionario, como si aquella vida en San Petersburgo fuese todo lo que siempre hubiese deseado.
“De pronto, se detuvo atónito a la entrada de una casa. Ante sus ojos se produjo un fenómeno inexplicable: un carruaje paró al pie de la puerta principal y, cuando se abrió la portezuela, saltó a tierra, ligeramente encorvado, un caballero de uniforme que subió con presteza la escalinata. Cuál no sería el sobresalto, y al mismo tiempo la estupefacción de Kovaliov al reconocer a su propia nariz
A este puñado de relatos, los relatos comúnmente denominados “de San Petersburgo”, momento en que Gógol hace este giro ya mencionado y comienza a reflexionar sobre la vida del hombre común y corriente, no ya de las grandes batallas bélicas o hazañas heroicas como era el común denominador literario hasta entonces, el hombre inserto en esta gran ciudad rusa. Hay un antes y un después en la literatura desde que nacen este conjunto de relatos, hay una fantasía en Gógol, un humor,todo ello que conduce a un realismo severo en cuanto al fondo. Sí, porque por muy nariz desprendida sobre la que hablemos, desde acá el hombre se ha convertido en objeto material de análisis, inspiración, estudio. Borrón y cuenta nueva, hay muy pocos sobre los que se pueda decir que han redefinido todo el arte: Gógol es uno de ellos. Borrón y cuenta nueva. Una explosión en la que el arte dejó de mirarse el ombligo y, en cambio, permitió que la vida misma se colara de lleno entre sus líneas.
“Efectivamente, a los dos minutos salió la nariz. Vestía uniforme bordado en oro, de cuello alto, y pantalón de gamuza y llevaba la espada al costado. El penacho del tricornio indicaba que poseía el rango de consejero de Estado. Según todas las apariencias, estaba haciendo visitas. Miró a un lado y a otro, llamó de un grito al cochero, subió al carruaje y partió. El pobre Kovaliov estuvo a punto de volverse loco.
Les dejo un link si es que desean profundizar en el estudio de la obra de Gógol. Un artículo publicado por otro ruso inconmensurable, León Trotsky, sobre el mismo Gógol y su literatura, publicado en el año 1902.
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