Perú (Gordon Lish)

Perú (1986)
Gordon Lish (11-02-1934// )
Periférica (2010)
ISBN: 8492865016
224 páginas
Precio Referencial .Cl $35.000

Vi esta novela en la libreria que acostumbro a visitar y creo haber tiritado mentalmente. Por fin publicada en español, recién este 2010, luego de más de veinte años de haber sido concebida en su idioma original. Hago una especie de recuento y los pongo al tanto para el que no lo sepa o recuerde. Gordon Lish -el autor de esta novela- es un editor muy reconocido, especialmente en el ámbito del realismo sucio norteamericano. Ha sido editor y descubridor de autores como Richard Ford, Don DeLillo y -aquí el quiz del asunto- Raymond Carver. Gordon Lish es el editor que practicamente coescribió el libro de Carver titulado “De qué hablamos cuando hablamos de amor” (originalmente llamado por Carver “Principiantes”). Todo esto lo cuento en la reseña respectiva. Entonces, no había leído nada de Lish hasta encontrarme con este libro. Y lo ví y sentí miedo de leerlo y hacer caer mi apreciación de Raymond Carver. Dificil paradoja, la curiosidad versus mi altisima valoración de otro autor. Leyendo a Gordon Lish esperé reencontrar a Carver. Por suerte me equivoqué. Acá va mi reseña de Perú:
Gordon Lish escribe de una manera muy particular. Según leí en la contraportada se dice que en sus clases de composición que dicta aconseja no contar buenas historias, sino que escribir buenas frases. Pues buen, así mismo escribe Lish. Párrafos breves, muy breves (no al estilo Carver, que son frases cortantes, acá los parrafos pasan de una idea a otra y luego vuelven tras de sí a repetir la idea, en escasas líneas, como si se tratase de la marea retomando y arrastrando cada vez más arena). Su fraseo también es escueto, pero sin llegar a ser necesariamente agresivo. La historia va a así. Un hombre de cincuenta años nos va relatando, en su particular estilo, la historia de cómo cuando tenía seis años mató a otro niño que tenía labio leporino. Este hombre maduro se le vienen las imágenes a la mente, mientras observa la televisión, allí donde otras imágenes muestran una realidad que no acaba de comprender, la de otro país, Perú, donde hombres armados se enfrentan y matan entre sí. Así la historia comienza, o más bien, retrocede en su mente para darnos cuenta de lo sucedido.
Hice como hago siempre que leo un libro. Busqué información en la red, comentarios de otros lectores, personas que me den sus puntos de vistas (como yo lo hago ahora) y encontré la reiteración de una palabra que -según mi punto de vista- deberían borrar de sus mentes absolutamente si es que abordan este libro, la palabra es la siguiente: culpa. El autor, en su muy particular estilo, hace este gran flash back hasta la época del asesinato, hasta volver a matar en su mente, y en ello no hay nada de culpa. Es un niño dando paladas a otro en la cabeza, hasta ocasionarle la muerte, pero sin embargo, ni ahora siendo adulto confronta la culpa. Acomete el acto como un niño, sin sensación de consecuencias, y lo recuerda también como un infante, sin mañana, sin responsabilidades, excento de toda responsabilidad. El acto del golpe, el golpe que produce el resultado muerte, luego la vida se extingue. Nada más. Sin culpa. Ni aún cuando se tienen cincuenta años. Más aún, recuerda el protagonista no sólo los actos, sino los pensamientos, allá donde es todo acción, recuerda como niño, no como adulto (extraño planteamiento a decir verdad, pero en el libro tiende a funcionar). Recuerda incluso la sensación que tenía referente a que la madre del niño debió, según su consideración, estarle agradecida de haberle arrebatado a ese hijo, por el hecho cruel (crueldad infantil, marcando a aquel que es fisicamente distinto) de poseer labio leporino. Puede ser chocante, chocante a la manera en que sólo logran serlo los niños.
Volvamos un instante al capitulo inicial. Una conversación entre el hombre (antes niño matando) y su actual esposa. Las imágenes asesinas de una cárcel de Perú. El hombre queda pasmado, angustiado quizás. Ahí repercute lo que ve. A la sorpresa le sigue la curiosidad. Levanta el telefono y llama a la cadena televisiva. Es noche, un guardia contesta. Pregunta de qué se trata lo que ve en la televisión, el guardia rehuye una respuesta. La televisión estaba sin sonido, se excusa. Era una cárcel en Perú, una fuga o algo así (se le explica después de mucho esquivar la respuesta). El asombro de un hombre adulto. En contraste su mente trabaja, y el asombro no se produce al pensar en su propio acto, su acto infantil, desmotivado e irreflexivo. Tiene algo de genial este link entre una cosa y otra. La reproducción de su propia historia desde una memoria netamente infantil, sin reproches, es lo que es extraño. Pero hay que decirlo, los autores crean sus propios mundos, sus propias realidades, y en la de Lish esto funciona.
Deseo concluir aquí redondeando un poco mi impresión general. Primero, volver al tema Lish/Carver. Ellos no conviven en Lish, Lish es uno así como Carver no es el otro, eso por suerte. Segundo, la historia como idea básica me parece muy buena, su tratamiento es bastante original y quizás eso sea lo más destacable de todo. El estilo está al servicio de esta reminiscencia infantil. No se condice que un hombre de 50 años se exprese como lo hace expresarse el autor, pero si entendemos lo anteriormente dicho en esta reseña sí tiene una lógica estructural y funcional. En suma un buen libro, que en manos de un autor ruso seguramente se habría transformado en la historia de la culpa y la expiación, en un drama psicológico, pero que Lish en cambio se da el gusto de tratar como una especie de experimento, en la que la irresponsabilidad sin el más minimo cuestionamiento sobrevive en el recuerdo infantil de un hombre maduro. La visión infantil reproducida en un adulto, con toda su falta de responsabilidad.
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