Este libro vale un cadáver (Marcelo Lillo)

Este libro vale un cadáver (2010)
Marcelo Lillo
Literatura Mondadori
ISBN: 9789568228262
143 páginas
Precio Referencial $9.000
Diré antes que todo, a modo de introducción, que si titulase esta reseña le pondría un titulo como “No lo hagas, Lillo, por favor”. Marcelo Lillo ha sido mi mayor hallazgo en la literatura chilena contemporánea y, con esta su primera novela (antes tiene publicados dos libros de cuentos), ahora mi mayor decepción. Esta novela acaba de ser publicada en mayo de 2010. La vi en librerías por primera vez hace no más de dos semanas y, como se trataba de Lillo, corrí a comprarla. Pero vamos por parte. Primero, como es usual les contaré de qué va el argumento.
Primera página. El protagonista recibe la noticia de que su hijo de veintidós años ha muerto. Se ha suicidado. Se ha cortado las venas. Él se queda como paralogizado ante el hecho, ante su vida y ante todo. Desde ahí devienen un cúmulo de circunstancias, de actos y acciones lógicas. Va al Servicio Médico Legal (la institución que en Chile es la encargada) a reconocer el cuerpo de su hijo, luego se dirige al cementerio donde arregla las cosas para que su cuerpo sea incinerado, luego la incineración propiamente tal y unas tantas consideraciones sobre su vida, sus pensamientos y sobre lo que debe sentir. No mucho más adelante la novela concluye. Por supuesto aparecen furtivamente un puñado escueto de personajes: la hermana del protagonista, la ex mujer y madre del difunto, el cuñado, una amiga del hijo ya muerto, gente del trabajo, gente que va y viene sin ser verdaderamente delineada como personajes. En fin, eso es en esencia todo.
¿Lillo, por qué lo hiciste? Escribes excelentes cuentos, muy buenos. Tengo claro que tributas a Carver hasta el punto de parecer en ocasiones una copia, pero qué importa de donde se saquen las influencias si el resultado es sólido. Vuelve a los cuentos. Olvida que escribiste esta mala novela y vuelve a lo tuyo. ¿Qué por qué es tan mala? Hay muchos detalles. Primero, esta novela es sumamente inconsistente, está cruzada por varios detalles notoriamente erróneos desde su principio, como si hubiese sido escrita descuidadamente (obviando el lenguaje siempre prolijo de Lillo) ¿cómo cuales?, pregunta de simple respuesta. Página uno: unas luces azules (recalco, azules) avisan al protagonista que un automóvil de la policía se estaciona en su frontis. Donde sea que leas esta reseña (y ahora critica) puede ser que las balizas de los automóviles de la policía sean efectivamente azules, pero acá en Chile son y han sido desde que tengo uso de razón de color rojo. Lo sé, eso por si sólo no es mucho decir. De hecho, mi primer pensamiento fue algo como “sé que Lillo no ha vivido en España pero quizás tenga alguna relación con Europa y seguramente en más de algún país allá los automóviles policiales tengan balizas con luces azules”. Pero no. La novela está ambientada en Chile y eso queda en claro prontamente. Además, el protagonista jamás se pregunta en detalle cómo murió su hijo, las circunstancias del hecho, eso ya de por sí es extremadamente insustancial, pero puede pasar en este universo de desapego. La única vez que mantiene esa conversación la respuesta que obtiene de la amiga de su hijo es que se cortó las venas: “simplemente se cerró la puerta, se encerró en el baño y lo hizo”. Esa es toda la descripción que alguna vez le importa obtener. Avanzamos unas 100 páginas y el protagonista agrega un detalle que jamás nadie le ha contado, del que no ha podido enterarse jamás y que nunca se ha nombrado en el libro, y el relato varía así “Se sumergió en una tina con agua caliente y no sufrió, nada más se dejó ir…” el tema del sufrimiento es malamente tratado con antes y después (es otra inconsistencia la verdad, porque vamos, tu hijo se cortó las venas -dejemos de lado todo el sufrimiento moral que debió existir- necesitó tiempo para desangrarse, cómo es eso que no sintió dolor, si murió desangrado, de seguro lentamente) pero el detalle de la tina, ¿de dónde salió?, pues se inventa en la página 105 del relato, y los pocos detalles de la muerte están en la página 59. Último ejemplo de inconsistencia y falta de cuidado. Este me parece incluso más garrafal que los anteriores, porque daña directamente la historia: Sebastián, el hijo suicida, al quitarse la vida tiene 22 años. Se marchó de la casa a los 18. El protagonista, homónimo, es profesor de un colegio. Él tiene 50 años. Una resta rápida y sabemos que tuvo a su hijo a la edad de 28 años. Cuál es el problema de esto, que más adelante en el libro nos enteramos que conoció a la madre de su hijo cuando él tenía 30 años y ella “cuatro o cinco años menos”. Él tenía 30 años cuando la conoce, pero tuvo a su hijo –con ella– a la edad de 28. Eso es no tener ningún cuidado con la historia. Y no sólo culpo al autor, sino que también y quizás especialmente al editor. Qué falta de cariño con este trabajo.
La historia también tiene varios ripios severos en el fondo. Se salva, como siempre, el lenguaje de Lillo. Pero son una tremenda carga sus diálogos; tenemos jóvenes de 18 y 19 años que hablan como si hubiesen vivido ya dos vidas. Hijos que se quitan la vida –historia que es el motor del relato– pero que jamás se desarrollan sus motivaciones, de hecho se nos quiere hacer creer que prácticamente no existen. El mismo protagonista duda una y otra vez sobre el cariño a su hijo, pero no se ven los motivos de un quiebre (sí, es un hijo problemático que se ha marchado de la casa, pero vamos, es su hijo, algo más que ser problemático tiene que hacer para que el padre no se inmute casi ante su muerte). Peor aún, avanzas un par de hojas y caemos en una vuelta de mentalidad en el protagonista que no se condice con ningún desarrollo psicológico que se haya expuesto en el libro, y luego vuelve atrás. Todo ese vaivén podría fácilmente justificarse dado el contexto, pero ese desarrollo no está en la narración, y no parece omitido para reflejarse a través de los actos, simplemente no existe en absoluto, no producen una sensación de progreso en aquel duelo, sino que se nota la falta de trabajo en la novela misma. Este hombre, contra toda costumbre, no vela a su muerto. Ridículamente su familia le exige explicaciones sobre lo que hará con él, de manera airada, pero lo dejan solo. Nada de eso se condice con la historia. Sí, claro, apaga el teléfono, pero otra vez, por favor, su hermana claramente sabe donde vive, y sabe que acaba de morir su sobrino, su querida lo llama una y otra vez, pero jamás lo va a ver, a acompañar en el momento en que su hijo ha muerto; no me lo creo. Más todavía, su cuñado lo va a buscar al cementerio cuando el protagonista va a visitar la tumbar de su padre. No sólo atina en la hora, sino que se da el trabajo de buscarlo, pero nadie es capaz de ir a verlo a su casa en esos momentos. Él hace todo el proceso solo. Para qué hablar de la supuesta relación dentro de la que se concibe a ese hijo. No tiene sustento. Ella es una mujer de Cortazar, una Maga, un tanto etérea de la que él se enamora y con la que se casa rápidamente. Sí, podemos admitir que él se enamore de esa mujer que es todo lo que él no es, pero no hay ningún motivo expuesto que nos haga creer que esa mujer de fantasía ponga su vida en un compromiso teoricamente permanente con un hombre ramplón como él.
Me detengo acá, no quiero seguir explayándome. Como han visto, los motivos de mi profunda decepción son múltiples. Estoy seguro que, tal como la contratapa de mi ejemplar, habrán muchos que ensalzarán esta novela. No es problema. Esta es la opinión de un lector común y corriente y vale en lo poco y nada que vale en ese espectro. Si alguna vez sucede lo impensado y tú, Lillo, lees esto este es mi consejo: hecha pie atrás, eres un tremendo cuentista y estás justamente en tu ambiente cuando no necesitas crear un mundo para tus personajes sino que sólo preparas el golpe preciso -empuñando una mano escondida tras la espalda- para conseguir el Knockout de un solo manotazo. Más de tus cuentos por favor, no más de estas novelitas.
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3 Comments

  • Creo que te equivocaste en algo, la novela obviamente está ambientada en Valdivia, el río, el mar, la isla (isla Teja)… son detalles que si conoces la zona podrás identificar.

     
  • Agradezco la corrección. La página de El parque del Recuerdo me engañó con sus locaciones. Me imagino deben ellos tener también una sucursal en las cercanías de Valdivia (que es el detalle que me lleva al equivoco).<br /><br />Slds.<br />S.

     
  • hola, primero quiero agradecer el que escribas sobre este autor que tambien es uno de mis favoritos y del cual me ha costado un mundo poder encontrar informacion o algun blog que comente su literatura.<br />en cuanto a la opinion del libro estoy muy en dasacuerdo contigo, dejando de lado lo del lugar en donde se escribio la obra, creo que tal ves no hayas creido un poco los sentimientos del

     

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