La granja de los Animales (George Orwell)

Animal Farm (1945)
George Orwell (25-06-1903 // 21-01-1950)
Clásico Universal
135 Páginas
Precio Referencial .Cl $3.500
La granja de los animales es uno de aquellos libros inspiradores. Creo no exagerar al decir que es de aquellas novelas capaces de hacer cambiar la forma de ver el mundo a las personas. Transversal, simple, pero muy profunda (y por ende compleja). Una de esas novelas que perdurarán infinitamente en el tiempo. Creo haberla leído al menos tres veces (es bastante breve y de lectura muy amena) y no me canso de encontrar detalles, puntos de vista, no dejo de impresionarme ante no sólo la lucidez de Orwell, sino que especialmente ante su talento –casi exagerado– para tratar un tema tan difícil de una manera tan sencilla que hasta un niño puede leer esta novela y entender, en buena parte al menos, de qué va la historia y qué es lo que el autor desea mostrar.
El hombre es el único ser que consume sin producir. Él no da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado, y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin embargo, es dueño y señor de todos los animales. Los hace trabajar, les da el mínimo necesario para mantenerlos y lo demás se lo guarda para él“.
Pero vamos paso a paso y dejemos las conclusiones para más adelante. La granja de los animales (también traducida como Rebelión en la granja, y llevada al cine en dos ocasiones con similares nombres) es una breve novela satírica. Orwell la concibió originalmente como una critica a la Revolución Rusa, al punto de que cualquier conocedor bien informado puede identificar claramente a qué personaje histórico ruso representa cada uno de los animales de la granja. Pero no abarca sólo el caso en especifico, sino que es un análisis de cómo el poder corrompe hasta a la empresa mejor fundada.
La historia nos cuenta que un buen día, los animales de una granja, motivados por las últimas palabras de uno de sus integrantes, deciden rebelarse ante el granjero, contra sus malos tratos y abusos. El lector no podrá más que alegrarse ante la idea de liberación de aquellos animales oprimidos y sus honestos planes de tomar las riendas de la situación para llevar las cosas al punto de mayor conveniencia para todos, siempre en aras del bien común. He ahí el parangón ideal con revolución que da comienzo a esta historia. Los animales logran, con dificultad pero con mucho esfuerzo y buenas intenciones, echar a andar la granja, administrarla. Para ello trabajan duramente, pero la recompensa es grande, son dueños de los frutos de sus esfuerzos y nunca antes han sido a tal punto prósperos. La historia es breve así que no deseo adentrarme tanto en su relato, sólo diré que más adelante los animales más inteligentes son elegidos como líderes, porque lógicamente gracias a su inteligencia indiscutible consiguen que el trabajo logre mayores frutos, y todos, en teoría, vivan mejor. Como se imaginarán desde ese punto el sueño de liberación se comienza a ir al tacho de la basura. Y no hay como enmendar lo que se ha roto.
Nadie cree más firmemente que el Camarada Napoleón el principio de que todos los animales son iguales. Estaría muy contento de dejarles tomar sus propias determinaciones. Pero algunas veces podrían ustedes adoptar decisiones equivocadas, camaradas. ¿Y donde estaríamos entonces nosotros?
El sueño de la Revolución Rusa se escapó por entre los dedos de su pueblo. Trotsky fue muerto, las grandes figuras decepcionaron a su gente, y lo que alguna vez fue la gran aventura roja, aquel ideal brillante por el que los corazones de un pueblo entero palpitaban, se corrompió desde sus mismas entrañas, cuando quienes detentaban el poder dejaron de pensar en plural, en el bien común, y empezaron a anteponer sus propios intereses. ¿Cómo culpar esta rebelión, cómo criticarla? ¿Quién podría no querer lo que es mejor para todos? ¿Quién no quisiera ser dueño de los frutos de su trabajo y despertar con el corazón henchido de un ideal que se ha vuelto común, transversal, inclusivo? Pero cómo podemos libertarnos de la naturaleza humana, de nosotros mismos. No, de aquella, por lo visto, no hay escapatoria alguna. La historia así lo ha demostrado y este libro así lo retrata.
Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, sería el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad, el fuerte protegiendo al débil… En su lugar – ella no sabía por qué – habían llegado a un estado tal en el que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier, y donde uno tenía que ver como sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles“.
Al final de cuentas nosotros mismos somos los animales. Y Orwell nos enrostra nuestros defectos, aquellos capaces de hacer caer incluso nuestro sueño más puro:
Todos los [animales] hombres somos iguales, pero algunos son más iguales que otros“.
Pero cómo dejar de siquiera soñar. Imposible.
Declaro que leo desde mi primera infancia, sólo porque existen libros como este. Un imprescindible.
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