En la luna (Vicente Huidobro)

En la luna (1934)
Vicente Huidobro (1893-1948)
Universitaria
ISBN: 9789561112292
207 páginas
Precio referencial: $9.190
“Una cortesana llena de melindres es tan repugnante como un ladrón económico.”
Vicente Huidobro
Todos sabemos que Vicente Huidobro fue el poeta responsable del Creacionismo y del vanguardista poemario Altazor; algunos tampoco desconocen que estuvo involucrado con el Partido Comunista y que incluso se candidateó por sí mismo para ser Presidente de la República, fracasando rotundamente; otros no ignoran que también escribió narrativa, como demuestran su Mio Cid Campeador y Cagliostro. Pero muy pocos saben que el excéntrico y multifacético hombre, que ahora descansa en su tumba emplazada en un discreto cerro de Cartagena, también escribió obras de teatro, y ésta que reseñamos ahora es una de ellas.
En la luna es un guiñol, es decir, una puesta en escena con títeres –además de una escenografía propia de este arte- los cuales, en esta pieza de teatro en específico, y por expresas ordenes de Huidobro en la advertencia de las primeras páginas, deben actuar con gestos pintorescos, aunque sin rozar la vulgaridad. Este es uno de los rasgos que hace que la obra sea tan cómica y paródica, aludiendo, con los hechos y referencias que la inundan, a la crisis política que había en Chile en los años 30’, década que se caracterizó por una sucesión caótica de cortos gobiernos de la República Socialista, los que remecieron a la sociedad chilena. De esta forma, y usando recursos irónicos, el dramaturgo nos quiere mostrar lo absurdo y confuso de esta época en específico y lo hipócrita de la vida social en general.
Sin embargo, ¿Por qué la obra se llamará En la luna si lo que se quiere –suponemos- es reflejar lo que sucede en la Tierra? Considerando que la obra se publicó en 1934, se podría decir que en ese año los científicos y, por lo tanto, la opinión pública en general, no tenían una idea clara de lo que realmente pasaba en la luna, o qué suerte de habitantes había ahí, si es que los había, como llegó a confirmarse en el 69’ cuando la NASA llegó al satélite y no encontró a nadie. Antes de esto, los poetas se limitaban a alabarla en su hermosura y a instaurarla como símbolo de inspiración, y la sociedad la usaba como palabra al sinonimizar a los locos con los lunáticos, o sea, los anormales, los que viven en un “lugar mental” donde todo sucede al revés, o por lo menos no de manera común. Y así es como se comportan todos los personajes de esta obra titiritesca y profundamente entretenida: como hombres y mujeres poco cuerdos que parecieran no pertenecer a un espacio cotidiano.
En fin, una corta, amena, excelente y admirable pieza teatral, que en esta edición, vale decirlo, va acompañada de Gilles de Raiz, otro texto de Vicente Huidobro. En fin, sólo queda decir que es preciso conocer el hombre que fue tan importante para la literatura chilena y universal, que si bien fue más conocido por ser uno de los poetas más reaccionarios de su tiempo, sus incursiones en los otros géneros no se quedan atrás.

 

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