El mal de Portnoy (Philip Roth)

Portnoy´s Complaint (1969)

Philip Roth (19-03-1933//  )

Debolsillo

ISBN: 9789875664432

312 páginas

Precio Referencial: $7.000
La llevaba tan incrustada en la conciencia, que, al parecer, me pasé el primer año del colegio convencido de que todas y cada una de mis profesoras era mi madre disfrazada. Echaba a correr en cuanto sonaba el timbre de salida, e iba todo el camino preguntándome si llegaría a casa con tiempo para pillar a mi madre antes de que volviera a transformarse. Pero siempre, invariablemente, la encontraba ya en la cocina, poniéndome el vaso de leche con galletas.
Apenas dar vuelta las primeras páginas en blanco de nuestro libro se nos explica que el mal de Portnoy es un trastorno en el que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual más extremado y, en ocasiones, perverso. Además, para nuestra mejor comprensión, se cita a Spielvogel: “Abundan los actos de exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo y autoerotismo, así como el coito oral; no obstante y como consecuencia de la “moral” del paciente, ni la fantasía ni el acto resultan en una autentica gratificación sexual, sino en otro tipo de sentimientos que se imponen a todos los demás: la vergüenza y el temor al castigo, sobre todo en forma de castración”. Para reseñar esta novela consideré necesario copiar casi textual dicha explicación, para que todos supiéramos de qué se trata lo que a continuación explico y cómo todo está ligado.
El mal de Portnoy –me refiero a la novela de aquí en más– es un largo monólogo de nuestro protagonista, Alexander Portnoy, que funciona en el supuesto de que es él quien va relatándole su vida a su psicólogo, personaje inexistente dentro de la narración y que solamente sirve como excusa para el juego inteligente del autor. Alexander es un niño/joven/adulto de familia judía, tanto como lo son muchos de los personajes de Roth, quien vive y ha vivido siempre bajo la agobiante enseñanza moral de su familia, bajo el dictado del terror, donde todo bordea la desgracia, donde todo es pecado. Y acá es donde tenemos el juego con el título y la enfermedad. Nuestro protagonista tiende a hacer un escape mental hacia el onanismo, en su primera edad, hacia la masturbación más profusa, exagerada e incluso repugnante.
“..Bueno, ¿dónde está ese sano juicio aquella tarde en que yo volví de la escuela y encontré que mi madre había salido de casa, y vi en nuestro refrigerador un grande y purpúreo pedazo de hígado crudo? Creo que ya he confesado lo del trozo de hígado que compré en una carnicería y asalté detrás de una cartelera cuando me dirigía a una lección de bar mitzvah. Bien, quiero vaciarme el pecho de ello, Santidad. Quiero confesar que aquélla…, aquello… no fue mi primer pedazo. Mi primer pedazo lo tuve en la intimidad de mi propia casa, enrollado en torno a mi pene en el cuarto de baño, a las tres y media, y, luego, lo tuve de nuevo en el extremo de un tenedor, a las cinco y media, en compañía de los demás miembros de aquella pobre e inocente familia mía. Bien. Ahora ya sabe la peor cosa que he hecho jamás. Jodí con la comida de mi propia famila.”
Y así mismo lleva su vida en tanto va creciendo, con el despecho, esa relación de amor odio hacia sus padres, hacia el resto de la gente, especialmente a aquellos que no se comportan conforme a los cánones pero que, sin embargo, no reciben aquel castigo soberbio, ejemplificador, divino, aquel castigo prometido e inevitable, pero que después de todo, a los demás pareciera no importarles, ni acaecerles.
Pero no piensen que acá hablamos de una familia judía, con normas judías y una forma de ver el mundo desde su religión, porque aunque así es en estricto principio, todo el lamento es un ejercicio de reflejo de la realidad social actual, no sólo del judaísmo, sino que del comportamiento de todo el hombre moderno, y vaya ojo que tiene Philip Roth.
Cuando salió publicado este libro se convirtió rápidamente en un best-seller. Lógico; su lenguaje frontal, incluso burdo en ocasiones (no el del autor para escribir –Roth jamás podría ser burdo a la hora de escribir– sino que el de Alexander Portnoy al expresarse), su temática abundantemente sexual, todo ello lo puso de golpe en el mapa y en la polémica. Hoy en día no hay en ella mucho que pudiese hacer que un hombre medio se tirase los cabellos (como por ejemplo tampoco sucedería con “El guardián entre el Centeno”), pero aún hoy podemos apreciar el elevado tono sexual y erótico de esta novela (aunque dicho sea de paso, Roth no pareciera en ninguno de sus libros esquivar las temáticas sexuales).
Sé que hay gente a la que este libro le voló la cabeza, vieron en su protagonista la exacerbación de sus trancas, dolores infantiles, represiones infinitas, la sicología materna funcionando a chorros sobre ellos, pero no fue mi caso. Roth es un gran escritor y eso no lo discuto, pero El lamento de Portnoy es justamente eso, un lamento que dura las 301 páginas que dura este libro, tratadas con mucho humor (sin el que sería infumable seguramente una novela de este tipo), especialmente con humor negro, sardónico, inteligente, pero que al final no deja de ser eso, un largo lamento. Me costó trabajo en algún momento seguir avanzando hasta el final de la narración, pero logro vislumbrar en él todas aquellas cualidades que podrían atrapar a cualquier otro lector, hacerle sentirse personalmente identificados con el protagonista (a escala, obviamente) y hacer de esta novela un pequeño gran descubrimiento.
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3 Comments

  • EL LAMENTO DE PORTNOY (NO SÉ POR QUÉ EN ESTA VERSIÓN TRADUJERON «MAL DE PORTNOY»)ES SENCILLAMENTE UNA OBRA MAESTRA, LA MEJOR DE LAS OBRAS DE ROTH, CON GRAN SENTIDO DEL HUMOR Y UNA CAPACIDAD DE DESCRIBIR LA NATURALEZA HUMANA COMO HAY POCAS. RECOMENDABLE PARA CUALQUIER PUBLICO.

     
  • En ingles se llama Portnoys complaint. Ni mal ni lamento, es mas cercano a una queja, una reclamacion a si mismo. Lo mire por primera vez en manos de Donald Draper, y me parecio muy atrapante, solo que por cuestiones de estudio tuve que abandonar la lectura. Lo retomare sin duda, es muy buen libro.

     

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