Las partículas elementales (Michel Houellebecq)

Las partículas elementales (1998)
Anagrama

Michel Houellebecq (1956-)

320 páginas

Precio referencial: $11.540

"Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas.

Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte."

M. Houellebecq


Las partículas elementales: un libro que por su titulo sugiere probablemente un entorno ficticio apoyado en lo real, que se sabe compuesto de unidades y antiunidades mínimas sospechosamente indivisibles, repartidas en un baile existencial de opuestos, entre el animoso sí y el angustioso no. Estas contradicciones intrínsecas son parte del mundo en su totalidad, es la sociedad que nos muestra Houellebecq en cada una de sus ideas.

Sin embargo, por favor, seamos más específicos y escojamos una pareja de elementos para ilustrar el temple de esta estridente y fiel representación.

En las líneas de estas páginas teñidas de información sobre biología pura, experimentos científicos y brevísimos análisis sociológicos, se nos muestra la vida pública e íntima de dos hermanastros muy diferentes. En la primera esquina tenemos a Michel, un biólogo obsesionado con las aplicaciones filosóficas de la ciencia moderna a la vida actual, quien ha perdido su apetito sexual y que se conforma con vivir el día a día aferrado a un supermercado que lo ve pasar por entre sus estantes de productos enlatados todos los días, ritualísticamente. En la otra esquina, tenemos a Bruno: un profesor de literatura, un ser despreciado desde pequeño por su orbital figura y por su fama de ser el más ganador entre los perdedores. Desde el principio meado y vituperado por sus mayores en el internado que lo vio sufrir y abandonado a la vida sin más, una persona típica en una historia atípica, hundido en un hedor de fracaso desde su más tierna pubertad hasta su miserable y paupérrima vida adulta, resumida en una búsqueda mayormente infructuosa, aunque extasiante y desesperada, de una vida sexual que satisfaga por completo las fantasías que su imaginación desbordante engendra a cada instante. Pues su mundo está empapado por doquier de mujeres potencialmente desnudables que lo abruman –como a Michel sus circunstancias rutinarias- y que no fijan en ningún caso sus ojos en alguna de las moléculas que conforman su devastado cuerpo alimentado de masturbación. En fin y para no contarles más, les puedo decir que estos dos personajes en sí mismos no son más que el comienzo de la extensión de la raíz de hombres, mujeres, tristezas, alegrías, muertes, movimientos sociales y situaciones diarias y particulares que gobiernan la sociedad que Houellebecq –quien misteriosamente comparte nombre con el científico ficticio- nos pintará con delicadeza en la tela mental que tanto le obsesiona.

Michel y Bruno; Bruno y Michel: dos caras que son representantes de un planeta y una cultura occidental que se expande sin control y que se pudre a la misma velocidad que ha adquirido todo lo que lo rodea y compone. Un lugar y un tiempo en el cual las palpaciones en los culpables corpúsculos de Krause, cuyo pequeño y poderoso reinado conforman en lo más privado a cada uno de nosotros, brotan desde las manos más ansiosas y en el cual el deseo, de cualquier naturaleza y con un sólo objetivo, prima.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno...
Y al final se parecía Houellebecq en algo a Loriga como me acordaba yo de cuando varios años atrás leí Plataforma?

Anónimo dijo...

Sí, amigo mío, pero estoy seguro que "Plataforma" es muy diferente a esta novela que reseñé.

En cuanto a si se parecen: los dos son del siglo XXI y escriben por y para él, por lo mismo sus temáticas y formas también se asimilan entre sí.

LSM.

Anónimo dijo...

Mi comentario iba por el lado de la manera en que abordan sus tematicas. Apenas me empapé un poco de Tokio ya no nos quiere me recordó a Plataforma. Ambos tienen una crudeza en su estilo y en la forma en que tratan sus temás muy contemporanea. Quizás e incluso como si escribieran un poco para la galucha... me pareciera que van muy al choque y lo hacen muy a proposito, aunque esto no tiene por qué entenderse necesariamente como una critica, para nada. Pero es algo latente en ambos, la crudeza en el lenguaje y en la forma en que abordan y desarrollan sus temas. Hay un par de cuentos de Houllebecq que se supone que, al momento de haber sido leídos por primera vez publicamente, han generado desmayos en el público que conforma la audiencia. He leído esos cuentos -que se pueden encontrar en la red- y de verdad son bastantes chocantes, y aún así muy bien escritos, aunque no sé que tan cierto sea ese comentario o si sólo sea para acaparar "camaras". Un poco por ahí mismo va mi comentario.

Slds.
GS

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