La Defensa (Vladimir Nabokov)

La Defensa (1930)
Vladimir Nabokov
Compactos Anagrama (2006)
ISBN: 9788433966216
254 páginas
Precio Referencial .Cl $8.500

Tengo que decirlo: después del mazazo de talento que me propinó Nabokov con su Lolita tuve que seguir leyéndolo. Era imprescindible conocer más sobre este tremendo autor. Mi segunda novela de él, titulada La Defensa, mantuvo la muy buena impresión que me formé, sin decaer en un ápice.
La temática es completamente distinta –punto para Nabokov– alejándose completamente del asunto sexual. Esta vez nuestro protagonista es un hombre –niño en el comienzo de la historia– que se ha obsesionado con el ajedrez. El asunto va un poco más allá. Esta no es una simple obsesión, sino que además es la historia del descubrimiento de un talento como ningún otro, al punto de convertirlo en un arte. Luzhin, el protagonista, resulta ser a muy temprana edad un genio del ajedrez y es ese juego, sus competencias, problemas y dificultades las que van absorbiendo su vida, hasta el punto que no queda nada más que Luzhin y el ajedrez. Luzhin el ajedrecista. Luzhin el maestro de maestros. Luzhin desarrollando partidas que pasarán a la historia. Y sin uno pareciera no haber el otro. Sí, otra vez tenemos al personaje obseso y neurótico, pero esto no es necesariamente reprochable, de otra manera difícilmente sería explicable un personaje del talante de nuestro protagonista. La historia se desarrolla desde el descubrimiento del juego por parte del Luzhin-infante. Su crecimiento abstraído de cualquier otra cosa que no sea el estudio y juego del ajedrez. Posteriormente el rechazo de este y la vuelta al juego, aunque de una manera completamente desfigurada. Eso en lo externo.
¿De qué va el fondo del asunto? Esta es la historia de la vida de un hombre entregada a una obsesión. Obsesión además que le es excluyente, que le impide vivir cualquier otra vida. A través de su obsesión él se defiende del mundo que desde pequeño le ha sido hostil y adverso, para enquistarse en aquel momento y lugar en el que él puede brillar, y no porque desee tal cosa, sino porque en ello es lo único en que encuentra regocijo. Ni siquiera conoce realmente el amor, ni fraternal ni marital. Y cuando su vida da un cambio, y le vuelve la espalda al juego comienza, luego de un tiempo, a vivir la vida misma desde el espectro de una partida de ajedrez. Se adelanta a los supuestos movimientos de las personas que lo rodean y de la vida misma, elige los suyos, adivina intenciones últimas y maquina todo como si siguiese tratándose de este juego que para él se torna macabro. Urde una nueva defensa. ¿Contra qué? Pues contra esta vida en la que él no se adapta. Vida para la cual él no posee armas ni recursos. Y si es contra la vida lo es contra todo, incluso contra sí mismo. Esa es nuestra historia. Aquí hay una rebelión tras otra. La primera, menos evidente: el momento en que escapa de la vida para sumirse en el ajedrez aún siendo un niño. La segunda, cuando escapa del ajedrez para hacer una vida más normal, alejada de aquella obsesión insana en que se ha tornado su genio sobre el tablero. La tercera, cuando urde una defensa contra la vida misma, la cual le lleva finalmente al desenlace de esta novela.
Cuando leí Lolita –es tan grande que no puedo evitar la comparación– pensé mucho en la tremenda historia que componía Nabokov. Me imaginaba ese Estados Unidos plagado de moteles que él iba pintando. Al leer La Defensa termino de caer en la cuenta lo muy ruso (si se me permite la expresión) que era este hombre. Sus personajes perfectamente delineados. Sus tragedias psicológicas, viscerales, vitales, más allá de toda anécdota. Todo el drama interno que va concatenando hechos que finalmente liberan las consecuencias, consecuencias que se radican en sus propios protagonistas, como si se regocijase en enrostrarnos la fragilidad humana. En Nabokov se puede ver la continuación y el desarrollo de todos los grandes escritores rusos del siglo XIX, y podemos sentirnos seguros que toda aquella tradición no se ha perdido ni ido a ninguna parte. Al menos seguía viva mientras Nabokov lo estuvo. Esto es lo que aprendí con La defensa sobre el mismo autor: Nabokov es un autor eminentemente Ruso.
¿Y cuál es mi conclusión sobre esta novela en específico? Que Nabokov vuelve a hacer gala de su genio con esta novela. Mantiene su puño ligero, fácil de leer y la construcción inteligentísima de sus historias. Desarrolla esta novela como si se tratase de una partida de ajedrez: apertura, preparación, ataque, defensa, ataque y derrota (desde mi punto de vista). Hay tantas cosas acá dentro y, sin embargo, la historia como anécdota es bastante reducida. Otro punto para Nabokov y a estas alturas ya no me queda espacio para apuntar cuantos lleva a su favor.
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1 Comment

  • Comparto tu admiración por La defensa, aunque no por Lolita. En general, soy un enamorado de la obra de Nabokov. Esta novela menos conocidad es una de mis predilectas. Su adaptación al cine no merece la pena.<br />Alberto.<br />cineyliteraturamiticos.blogspot.com

     

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