Los secretos del imperio de Karadima. La investigación definitiva sobre el escándalo que remeció a la Iglesia chilena

Los secretos del imperio de Karadima (2011)
Catalonia / UDP
ISBN: 9789563241051
CIPER Chile
480 páginas
Precio referencial: $11.900


Toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicido del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana.

Ralph Waldo Emerson

Los secretos del imperio de Karadima se publicó recién hace un mes, y a diferencia del libro Karadima. El señor de los infiernos de la periodista María Olivia Mönckeberg, que ya reseñamos y que se publicó poco tiempo después de que estalló el escándalo, explora los detalles de todo lo que sucedió luego del juicio en contra de la máxima figura de la parroquia de El Bosque, cuando ya todas las culpabilidades fueron por fin dilucidadas y el sobreseimiento del padre había sido aprobado por la Corte de Apelaciones. En estas páginas se muestran las palabras de las víctimas Murillo, Batlle, Cruz y Hamilton, las verdades no dichas —hasta ahora— por Verónica Miranda, la ex esposa de este último y quizás el punto centrífugo de la historia, las implicancias profundas de los distintos actores en juego durante la hegemonía del sacerdote, además de documentos, declaraciones y entrevistas inéditas referidas al caso.
A pesar de que la gran calidad de la investigación que llevaron a cabo estos tres periodistas de CIPER es evidente, llama especialmente la atención el esbozo del perfil psicológico y vivencial de Fernando Karadima. Los autores recurren a los datos efectivos —y no a los ficcionales por él creados y difundidos entre sus cercanos— de su vida para explicar los acciones que le dieron la fama que actualmente posee: su encuentro efímero con Alberto Hurtado, que el párroco exageró y le dio una significación que rayaba en lo ridículo; su trabajo en el banco; la relación con su duro padre, su querida madre y su familia; la verdad sobre los estudios de Derecho que se adjudicó frente a sus conocidos; sus notas y su comportamiento en su tiempo de escolar.
En el texto también se aborda la descripción, ya de adulto, de su impulso misógino, su comportamiento sexual y su escasa vida amorosa, las sospechas de abusos de su autoría y los cometidos efectivamente, además de su capacidad para mentir, disimular, dar órdenes en nombre de Dios, pregonar su propia santidad mitificada y construir todo un mundo cerrado, muy cercano a una secta, en la agrupación Acción Católica y en la parroquia de El Bosque.

Los autores (CIPER Chile)

Si bien en este libro el enfoque en la persona del sacerdote es importantísimo, no lo es menos la trastienda de todo lo que ocurrió dentro de la Iglesia, incluyendo el rol en la vida de Karadima de una elite económica chilena bastante conocida. Se habla de cómo los grandes círculos de autoridades clericales fueron indiferentes frente a la ocurrencia de los abusos sexuales de Karadima, frente a la gravedad rotunda de los hechos que hace rato estaban ocurriendo pero que nadie siquiera se atrevía a comentar, evidenciándose en el sufrimiento interior de cada una de las víctimas, aquí retratado por ellas mismas. Se comenta el cómo se tramitaron, por años, las cartas y las peticiones internas de las víctimas de Karadima dentro de las jerarquías eclesiásticas. Se dilucida la negligente actitud del cardenal Francisco Javier Errázuriz frente a la acusación de abusos sexuales, la gran cantidad de personas implicadas en los mismos y los vínculos directos o indirectos entre Karadima y algunas de las personas decisivas en la historia negra de Chile, como los implicados en la muerte del general Schneider en 1970, o su relación cercana con algunos de los grupos económicos más influyentes en los engranajes que conducen a este país, como los Matte-Capdevilla.
En este texto de casi 500 páginas se deja en claro —con evidencias y antecedentes— que todas las conexiones turbias respecto al padre y su séquito significaron, en términos particulares y generales, lo mismo o más que el daño que causó a todas las víctimas que acumuló durante todos estos años, muchas de las cuales probablemente aún estén escondidas en las sombras del desconocimiento, de la injusticia que durará toda la vida.
En fin, en esta minuciosa y precisa investigación, además de  lo dicho, se demuestra que las acciones de Fernando Karadima Fariña escaparon lejos de las murallas de El Bosque, afectando y repercutiendo con fuerza en la credibilidad de las escalas más altas de la sociedad chilena. Sobre eso no hay lugar a dudas.

Estrella distante (Roberto Bolaño)

Reseña remitida por: 
Jonnathan Opazo Hernández

Estrella distante (1996)
Anagrama
ISBN: 9788433966735
Roberto Bolaño (1956 - 2003)
160 páginas
Precio referencial: $6.500

¿Qué estrella cae sin que nadie la vea?

William Faulkner

Leer a Roberto Bolaño es una odisea apasionante, comparable tal vez a una salida nocturna llena de infortunios que nos llevan a odiar tales venturas y desear no haber salido. Y es que el autor de Los detectives salvajes, novela ganadora del premio Herralde que le valió su edición por la prestigiosa aunque cara, acá en Chile por lo menos Editorial Anagrama, nos invita a implicarnos en alambicadas historias llenas de misterio, personajes malditos, gente perversa, niños bien, vesánicos posesos y paranoicos; en pocas palabras, gran parte de la gama de personajes que, como reza el famoso dicho, podemos encontrar “en la viña del Señor”. En este sentido Estrella Distante no se queda atrás. Situándonos en el contexto de los años 70 en Chile, el narrador, en este caso Arturo Belano, alter-ego de Roberto Bolaño, nos relata el misterio que comienza a erigirse en torno a Carlos Wieder, piloto de la fuerza aérea chilena implicado en algunas desapariciones de jóvenes poetas, y con ideas estéticas que lo llevan a la deserción de su puesto como aviador y posterior transformación en un verdadero mito de la poesía chilena de finales del siglo XX.


En esta búsqueda aparecerán las anécdotas más peregrinas: desde poetas que buscan una real compenetración con la literatura a través de peculiares prácticas, a un profesor de un taller de poesía cuya ruta se pierde en el complejo panorama sociopolítico de la Latinoamérica de las utopías. Los escenarios también son un entramado que tal vez solo Bolaño se ha atrevido a trazar con semejante facilidad: Concepción, Barcelona, Francia. En resumidas cuentas, parte del cosmopolitismo propio de un autor cuya literatura tiende al desarraigo, al nunca situarse en un lugar determinado.
Si leyó Los detectives salvajes y le pareció un insoportable capricho pueril de jóvenes poetas, le recomiendo se arriesgue con esta interesante propuesto que, además, no le tomará mucho tiempo finalizar (solo 160 páginas); si de alguna forma ha quedado fascinado con la narrativa "a la Boloñesa", este título trae nuevamente a colación tópicos familiares en su literatura, que no le serán extraños al avezado lector.

El pequeño comandante (Rodrigo Díaz Cortez)

Reseña remitida por: Ros de Olano

El pequeño comandante
Mondadori
ISBN: 9568228365
Rodrigo Díaz Cortez (1977 - X)
114 páginas


          Toda infancia es un período de crecimiento y retos, y las aventuras forman parte del descubrimiento del mundo exterior. El pequeño comandante, la nueva novela de Rodrigo Díaz Cortez (Santiago de Chile, 1977) nos conduce nuevamente a Paitanás, un pueblo minero cercano a Copiapó, por el que pasa el río Huasco, que alimenta las aventuras de nuestros dos protagonistas. Digo nuevamente Paitanás, porque su celebrada novela El peor de los guerreros, transitaba los mismos parajes del desierto atacameño.
          La voz es la de un niño llamado Benito, que comparte aventuras con su amigo Jim. A veces leen los chistes de Condorito bajo las higueras, a veces roban carteras en los trenes para comprar más revistas, a veces empujan una rueda para quemarla en el “festival de la protesta”; cosas de niños. Pronto consiguen una cámara neumática para lanzarse río abajo y poco a poco la corriente de los acontecimientos los va separando. Las propias familias los arrastran sin posibilidad de resistencia, a la enemistad y al silencio. El autor evita lo predecible, lo obvio o moralista, y el hilo central de la narración es el humor y el silencio que todo lo rodea. El silencio envuelve la figura del padre de Jim. Al parecer es piloto o mecánico de aviones en la Fuerza Aérea. Lo mismo ocurre con los padres de Benito, que se da a entender que se juegan el pellejo en la capital. O quizás ya están muertos y desaparecidos en la feroz dictadura de Pinochet; tampoco lo sabemos a ciencia cierta. Tal vez por eso la abuela sintoniza cada noche el programa de noticias radial “El diario de Cooperativa”. Desde los vecinos que se esconden pronto en sus casas hasta las reuniones del abuelo Samu con el señor Amigo, el autor nos expone que el silencio es uno de los temas centrales de su nouvelle.
       Tampoco sabemos cómo Benito llega a Paitanás para pasar una temporada que se prorroga indefinidamente. Lo que sí sabemos es que viene a la casa de sus abuelos, y que desde lo alto del nogal tiene un sillón de comando que carpintereó su padre en una época remota. Allí da comienzo a su primera incursión literaria, porque escribe en un cuaderno y desde los primeros capítulos el narrador-niño, o “viejo-chico” como lo nombra la abuela, no es más que el escritor-adulto que recuerda sus andanzas infantiles. Un método sutil tratado también en la nouvelle Las batallas del desierto, del poeta mexicano José Emilio Pacheco. “Esto puede resultar exagerado, pero en el momento en que supe lo del baúl enterrado, cierta obsesión se apoderó de mi mente y no pude evitar embarcar a Jim en esta aventura” (pág.19). O cuando está sentado en lo más alto del nogal: “Desde ahí puedo ver, no sólo a los vecinos que se esconden en sus casas cuando cae la noche y llegan las polillas, sino a más gente, más acontecimientos sobre los que también quiero escribir para recordar nuestra aventura río abajo” (pág.15). ¿Por qué el autor se empecina en este tipo de información al inicio de novela? No será porque el lenguaje utilizado es el de un adulto que rememora al niño que fue. Repito anticipos como: “Sobre todo pienso en el tesoro, esa parte de esta historia que aún no me atrevo a contar” (pág. 21), nos apunta que la narración que está por venir ya pasó, y que es un Benito-adulto el que cuenta sus experiencias.


        El lector que espere el despliegue de intensidad narrativa en las cerca de 300 páginas de El peor de los guerreros hallará una expectativa distinta. A diferencia de aquella notable novela, donde el autor lanzaba toda la carne a la parrilla, en El pequeño comandante Díaz Cortez renuncia a todo lo que no sea imprescindible para la narración. Es admirable la naturalidad y la eficacia de las escenas que persiguen siempre transmitir lo justo. Por eso resulta una nouvelle limpia, nada artificiosa, donde asombra el manejo artesano de la palabra, donde el pensamiento cotidiano, muchas veces humorístico, fluye en paralelo a una historia que termina demasiado pronto.  Quizás porque en esa época hubo historias que terminaron también demasiado pronto, antes de tiempo.
              El problema de los autores que conocen su oficio está en el dilema de saber qué es lo que dejarán dentro de su libro y qué es lo que se quedará fuera. Ese problemático ejercicio de exhibición y ocultamiento que es la verdadera literatura, hace que un súbito final confunda al lector con la sensación de quedarse con gusto a poco, cuando el autor pretende conseguir eso mismo, que entienda lo que son los súbitos finales. Al igual que en Una novelita lumpen de Roberto Bolaño, la narración cuenta al menos dos historias: una muy concreta, visual, en la que parece que no ocurre nada extraordinario, y otra que es una reflexión que corre en otro punto de la realidad. Pero lo pequeño no es sino un reflejo de lo grande.  
       Y pese a la brevedad tantas veces criticadas por los expertos, El pequeño comandante aspira a exponer un mundo reprimido, el sueño infantil de escribir un libro, ser escritor algún día, y los silencios compartidos que dividieron al país. El silencio de los que no quisieron saber, el silencio de las víctimas para que los hijos no conocieran la realidad de sus padres y el silencio de los que cometieron barbaridades, se confunden en la voz infantil-adolescente-adulta que se atreve a entretenernos con una historia, a la vez que juega con el lenguaje, con un tono travieso y nostálgico envuelto por el perfume de los neumáticos quemados en el “festival de la protesta”. A ver si llega pronto a España.

Océano mar (Alessandro Baricco)


Océano mar
Alessandro Baricco
ISBN 9788433967497
Anagrama
238 páginas



El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta.

     En un momento de Océano mar se menciona que hay tres tipos de hombres: los que viven frente al mar, los que se internan en el mar y los que logran regresar, vivos, del mar, y eso es, justamente, lo que intenta reflejar, de todas las formas y perspectivas posibles, Alessandro Baricco. Porque Océano mar solo pudo haber sido escrito a partir de una obsesión. Obsesión por abarcarlo en todas y cada una de sus dimensiones. Observarlo, sumergirse, ahogarse, salir de él, y observarlo otra vez. 
     En este encuentro con el océano, Baricco nos presenta dos personajes que conviven en una posada y que, al igual que él, están motivados por una obsesión: un pintor que intenta retratar una y otra vez el mar con el agua de este mismo. Día tras día, hasta que anochece, hasta que el nivel del mar se eleva y lo cubre casi por completo. Y un profesor que pasa el tiempo buscando los límites del océano para acabar su Enciclopedia de los límites de las cosas.
     Tenemos, también, una joven acompañada por un sacerdote, que ha viajado hasta la posada Almayer para deshacerse del terror que la invade y que le impide vivir; un hombre que observa y que está siempre a punto de matar; niños que atienden esta posada, acompañan a los personajes, conceden sueños, observan el mar.
    Por otro lado, una balsa en el medio del océano, repleta de gente aferrándose a ella para sobrevivir. El mar y el viento norte. El mar, la oscuridad y el horror que entrega espacio a la verdad -¿por qué las cosas sólo llegan a ser verdaderas en la dentellada de la desesperación? 
    Baricco, mediante una especie de écfrasis, logra retratar de tal forma esta escena del naufragio, que no puede sino recordar La balsa de la medusa de Géricault, con esos hombres y mujeres abandonados cruelmente a su propia suerte, aferrándose a la vida. Estamos, pues, en medio del océano, sumergidos y viviendo el horror de sentir la muerte cerca, de ver el mar y sentir su incesante danza. De sentir que el peligro ya no viene del océano, sino de los propios hombres.

El mar danza, pero lentamente.
Ni plegarias, ni gritos, nada.
El mar danza, pero lentamente.
¿Querrá contemplar mi muerte?

     El autor vuelca sobre las páginas un sin fin de historias que podrían ser muchas más. Porque para este la historia de un hombre que nunca ha vivido fuera del océano -como Novecento- debe ser contada, así como la historia de un hombre que solo se para frente al mar para retratarlo, o la de una mujer que va al encuentro con el océano por orden de su marido. O porque, simplemente, gracias a Baricco nos percatamos de que toda forma de relacionarse con el mar está cargada de tanta belleza que merece ser narrada.

Africanus, El hijo del Cónsul (Santiago Posteguillo)


Reseña remitida por: ShineOn


Africanus, el hijo del Cónsul (2008)
Ediciones B
ISBN : 9788466639323
Santiago Posteguillo (1968 - X)
712 páginas
Precio referencial: $22.000


         Africanus, el hijo del Cónsul, es la primera de las tres novelas históricas que narran la vida de Publio Cornelio Escipión, el único general Romano que pudo derrotar al temible Cartaginés Aníbal.
            Africanus nos muestra los primeros años y juventud de Publio Cornelio Escipión, pero además nos da una buena pasada por la Roma del 220 a.C. El cómo vivían los romanos, sus costumbres y lenguaje están muy bien explicados, llamaando mucho la atención la narrativa fácil de leer.
           Pero este primer libro no solo nos muestra como protagonista a Publio, sino que nos abre otros dos flancos a través del propio general cartaginés Aníbal Barca y el tramoyista Tito Maccio.
            Anibal, movido prácticamente por la venganza de la muerte de su padre y con el apoyo del senado Cartaginés, forma miles de soldados y comienza su cruzada por Europa con el objetivo de llevar la guerra a las puertas de Roma. Asi, nos paseamos por hechos históricos debidamente detallados como el asedio de Sagunto, el desastre de Cannae o las innumerables batallas de Hispania, comandadas por Cneo Cornelio Escipión y Publio Cornelio Escipión (tío y padre de nuestro Publio, respectivamente). El libro es un deleite para quienes gusten de la estrategia militar, y les aseguro que verán en Aníbal un general digno de admiración.


           Por otro lado, los contratiempos de Tito Macio en su trabajo como tramoyista nos evidencian la dinámica del teatro de la época, su duro público y la forma en que se exponían las obras, básicamente trajedias. Además su vida nos paseará por las calles y la propia infantería romana.
           Africanus, el hijo del Cónsul es una excelente novela histórica, con la cual se puede aprender mucho de la época. Tiene una gran cuota afectiva y se puede considerar muchas veces violenta, aunque no es tan explícito. Tal vez lo único que podría criticar al autor es que pueden encontrarse algunos diálogos o situaciones un tanto forzadas que pierden verosimilitud, pero la verdad es que son detalles muy pequeños como para mermar la excelente calidad que posee y la no menor calificación que debería tener esta obra. Para anotar: las novelas que le continúan en esta saga son Las legiones malditas y La traición de Roma.

Miltín 1934 (Juan Emar)


Miltín 1934 (1934)
MAGO Editores
ISBN: 9789563171426
Juan Emar (1893 - 1964)
243 páginas
Precio referencial: $8000 (Merced 22, Plaza Italia)

      

¿Has visto alguna vez en el campo a mediodía una ampolleta eléctrica encendida?
 Yo he visto una. Es uno de los malos recuerdos de mi existencia.


Así como la frase de arriba, así, tan extraña, incomprensible, pero a la vez repleta de un sentido que no se quiso decir. Así, polifónica, concertante, desconcertante, incontenible, contenible, angustiante, liberadora e irrisoria de lo presuntamente serio… dicho en clave poco seria. Así, atrapante, esquizoide y atractiva; así —tan difusamente— es la literatura de Juan Emar, escritor chileno cuyo verdadero nombre fue Álvaro Yáñez Bianchi, quien fuera, además, hijo de Eliodoro Yáñez. En fin, un autor que, con su pseudónimo, se vio en la necesidad de contarle a todos los que lo leyeran algún día que “estaba harto” (J en ai marre: expresión francesa que denota hastío). De forma que este libro suyo, escrito en 1934, como delata su título, y que se lanzó hace apenas un mes y medio, es una reedición de una especie de novela experimental cuya circulación es, hasta ahora, nula en Chile y, como es obvio, en el mundo entero. Parte hablando de Martín Quilpué, un hombre que camina bajo el sol y que desparrama líquidos espesos para luego rebotar en ellos, inverosímilmente. Un ser humano que adora escabullirse en las malezas de lo escondido. Después de esto, habla de abejas de lugares de fiestas de gritos de mujeres de vírgenes. Después sigue hablando de más seres más excéntricos: Naltagua, su amigo, el capitán Angol, Rubén de Loa, Tomás Copiapó, etc., quienes curiosamente tienen, como apellidos, nombres de poblados de Chile.

 


Pero en el medio del libro comienza a hablar del cacique Miltín, cuya historia da origen al título del texto: un indio que llora sin razón en un cerro de provincia y que trató de defender a su pueblo de los conquistadores españoles por medio de bombas… ¿lacrimógenas? Una historia realmente alucinante que despierta —no es mentira— pensamientos que son probablemente casi inéditos. Y de allí en más se dispara en la escritura más meta, más caótica que probablemente se ha escrito en estas longitudes ladinas.
Sin embargo, desde un principio se empieza a notar la hermética intención del libro. Hay palabras para las matemáticas = risa en la cara de las matemáticas; para la  geometría ∆ risa en la cara de la geomería; para la astronomía ☼  risa en la cara de la astronomía; y desbande del discurso científico en pos de su destrozo. Hay también, en todo el cuerpo de los párrafos del texto, algo que trata ser un antitratado de estética, que se mofa de los tratados de estética demasiado graves. Pero por sobre lo dicho hay algo aun más importante: la crítica a los críticos, la crítica a la crítica de los intelectuales.
Se habla de Alone, el reconocido crítico de literatura chilena. Se le interpela directamente, diciendo que en su profesión solo se debe hablar de las obras que repugnan hasta más no poder o de las más brillantes, “y silencio sobre todo lo demás”. Es casi como si Juan Emar le estuviese diciendo a Alone a cada palabra suya: “—Oye, mira, encuéntrale un sentido a esto. Piensa en las lacrimógenas de los indios y en el llanto brutal de Miltín en Puangue. Piensa si puedes encuadrarlo, si puedes pintarle un sentido, si puedes criticarlo…”. Desde acá (considerando acá como algo totalmente imaginario) incluso el título mismo del libro toma sentido, pues es… realmente arbitrario. Después de leerlo, da la sensación de que hay que rogarle a los intelectuales que lo saben todo que dejen de hablar sobre el mundo, que por favor dejen hablar y reír último a Emar. Porque verdaderamente hay que escucharlo, porque, como dijimos, hace una crítica a los críticos a partir de ideas al azar, ideas totalmente inconexas que no tienen ninguna relación entre sí y que no nacen por ninguna motivación de índole intelectual, o por lo menos lógica. Pero que saludan diligentemente a la ironía.

—Ustedes, gente superficial, necesitaban ver. Nos­otros, que somos intelectuales, necesitábamos saber. Y te prohíbo, mujer, una sola palabra más sobre el asunto.

Naltagua a su esposa
Entonces, para el final, ¿qué es lo que tenemos en este libro? Después de todo, ¿qué es lo que tenemos? No lo sabemos muy bien. Es difícil. Solo podemos saber que se parece a algo así como una fractura. La fractura de la literatura, de la prosa. O tal vez la fractura de la mente de Juan Emar y el consciente y consecuente esguince intelectual de sus lectores.
Ahora bien, las únicas tres cosas que no dejan lugar a dudas son 1) el hecho de que esta reseña no dice nada sobre el significado de este libro, 2) que hay que leerlo, y 3) Sí o sí.