Los mecanismos de la ficción -Cómo se construye una novela- (James Wood)

Los Mecanismos de la Ficción:
Cómo se construye una novela. (2008)
James Wood (1965-  )
Editorial Gredos
199 páginas
Precio Referencial 23,00 €


James Wood es un crítico literario de reconocida trayectoria y de muy buena reputación, es redactor en The New Yorker y, según dice la contratapa de mi ejemplar, profesor invitado de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Harvard. 

Este es un libro de crítica literaria, una especie de estudio sobre la literatura en general, llevado en términos bastantes simples que acercan la literatura –como objeto de estudio– al lector común (nosotros). Eso fue lo que puso este título entre mis manos, porque yo al menos no soy ningún literato sino que un simple amante de la literatura.

"La literatura hace que nos fijemos más en la vida; practicamos en la propia vida, que a su vez nos hace mejores lectores de los detalles de la literatura, que a su vez nos hace mejores lectores de la vida. Y así sucesivamente. Sólo hay que enseñar literatura para darse cuenta de que los lectores más jóvenes son malos observadores. Sé por mis libros más antiguos, anotados sin ningún miramiento hace veinte años, cuando era estudiante, que yo subrayaba rutinariamente, sólo para buscar el aprobado, detalles, imágenes y metáforas que ahora me parecen de lo más vulgar, y me perdía tranquilamente cosas que ahora me parecen maravillosas. Crecemos como lectores, y los veinteañeros son relativamente vírgenes. No han leído la suficiente literatura para que ésta les haya enseñado cómo leerla.
 
La introducción de este libro funciona como una especie de declaración de principios. En ella su autor nos cuenta que por allá por 1857 un autor, que no vale la pena nombrar acá, escribió un librito sobre técnicas de dibujo, que consiste en un manual para principiantes que, aplicando un criterio critico sobre el arte de crear, fue realizado con el fin de ayudar al pintor en su práctica, al observador en su capacidad de observación y al amante de ese arte en general. Nos cuenta que en aquel libro el autor va describiendo parte por parte los trazos del pintor de turno en obras reconocidas, mostrando donde están los aciertos, donde el genio, donde las fortalezas, todo ello de una manera muy simple, haciéndolo evidente a los ojos de quienes no son expertos en la materia. Su conclusión es que, en el área de la ficción hay muy pocos libros así. No hay muchos quienes hayan intentado realmente acercar la literatura-ficción al lector común, enseñándole dónde debe observar, y al escritor, mostrándole dónde debe pulir. Así “se vende” este libro, bajo el sub titulo “Cómo se construye una novela” y finalmente bajo la frase “Un libro que cambiará nuestra manera de leer”. No sé si haya cambiado diametralmente mi manera de leer o escribir (o al menos mis  malos intentos de hacerlo), pero sí creo que aprendí un puñado de detalles sobre el estilo, o sobre dónde posar la vista al momento de tomar una novela entre mis manos, sobre cómo leer. Por ende, objetivo cumplido para el autor, hay que decirlo desde ya.
El lenguaje de Wood es ameno, y aunque por momentos  se enfrasca  en explicaciones complejas ejemplifica una y otra vez lo que desea exponer logrando que el lector logre comprender lo que él quiere mostrar. El libro se divide en varios capítulos muy interconectados entre sí, al punto de muchas veces ser difusa la línea que divide uno de otro, pero sin que ello sea un defecto, es más, el mismo autor advierte que su subdivisión es más bien esquemática pero en el momento de analizar lo que propone todo tiene que ver mucho con lo demás y no conforman realmente entidades apartes, sino que más bien se entremezclan en la literatura. Los capítulos, que se dividen según los motivos que analiza dentro de la literatura ficcional son, entre otros, los siguientes: narración (donde someramente enuncia tipos de narradores y profundiza en el que a él pareciera serle más de su agrado, por un tema de técnica y belleza narrativa, y que al mí al menos logró convencerme bastante de sus capacidades, además de notar que había estado frente a él tantas veces sin percibirlo, siendo víctima del juego del autor), Flaubert y la narrativa moderna (donde enuncia y demuestra la importancia de este autor para toda nuestra narrativa, explicando el quiebre que significó en la literatura, mostrandonos donde está la innovación que él provocó), detalles (donde muestra, con un cúmulo de ejemplos, la importancia de los detalles y lo que provocan dentro de una obra), personajes (bastante obvio su contenido, pero él lo expone de una muy buena manera, explicando dónde radica la sustancia de los personajes, al menos desde su punto de vista), lenguaje (donde se adentra en temas como el ritmo y la sonoridad) y finalmente el dialogo (cómo lo abordan distintos autores, qué es deseable, qué no lo es).

El resultado de este libro es un pequeño manual critico, si es que existe tal expresión, que es al mismo tiempo una manera cercana y simple de llevar al lector común un paso más allá en la observación de una novela, más allá de la historia, más allá de la anécdota, para que sea capaz de apreciar todo el arte que conlleva. Por otro lado hace el mismo ejercicio con aquel eventual escritor incipiente, escritor amateur, mostrándole donde están las rosas entre las espinas, donde los aciertos y los fulgores, para que él pueda desarrollarlos. Todo lo anterior sumergido en una batería importante de ejemplos que hacen muy simple realmente asir lo que el autor trata de mostrarnos, ejemplos además que son bastante contemporáneos, que no caen en la jactancia sino que se encuentran ahí verdaderamente por el carácter utilitario que poseen dentro de su contexto. Nunca había antes leído un libro de crítica literaria. Siendo este tan ameno, cordial, y tan bueno como primer paso, no tengo dudas que iré ampliando mis lecturas también en este ámbito. Lo recomiendo para todos aquellos lectores avezados que tengan curiosidad no sólo sobre cómo leer y escribir, sino que además como poder verdaderamente apreciar lo que poseen entre manos. La editorial que lo está publicando en español se encuentra radicada en España, pero hacen envíos a toda sudamerica previo deposito y llegan en perfecto estado a destino.

Elegía (Philip Roth)

Elegía (2006)
Philip Roth (19-03-1933)
R. House Mondadori (2007)
149 Páginas
Precio Referencial .Cl $7.500


La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre.


Elegía es una forma de composición bastante antigua, utilizada para llorar a los difuntos, de ahí el nombre en español (en inglés se llama “Everyman” que es una referencia a una novela del siglo XV –según información obtenida en la red, de la que no doy fe- en la que a su protagonista se le aparece la muerte) dado en esta traducción. Elegía, de Philip Roth, es una novela de breve extensión que comienza y termina con la muerte y en la que se nos muestra la vida como un paseo a través del cual sólo se llega a la ya referida consecuencia. Ya lo sabemos todos nosotros; en este camino no hay vías alternativas ni metas distintas a este único destino compartido: la muerte. Acá nos encontramos con la prosa lúcida, limpia y sin afectaciones de Roth, que tantas loas –muy merecidas según mi humilde punto de vista—le han valido. Siempre es un agrado tener entre manos a un escritor de aquellos, no tan comunes como se podría pensar, de los que realmente saben cómo escribir (formalmente quiero decir), conduciéndonos a su antojo por la narración, evitando los ripios donde caen usualmente sus demás colegas. Es una historia pequeña, con no demasiados personajes, más de ellos se enuncian y mantienen en un muy segundo plano de lo que realmente interactúan con la historia. Esta narración avanza y retrocede, utilizando como excusa las operaciones, enfermedades e intervenciones médicas que ha sufrido nuestro protagonista a través de su vida, las cuales lo llevan al final de esta historia, que es también el capitulo primero, capitulo donde se nos sitúa en el entierro del susodicho.

"...Lo que había sabido no era nada comparado con el ataque inevitable que es el final de la vida. De haber sido consciente del sufrimiento mortal de cada hombre y mujer a los que había conocido durante sus años de vida profesional, de la dolorosa historia de pesar, pérdida y estoicismo de cada uno, de miedo, pánico, aislamiento y terror, de haber conocido cada cosa que les había sido arrebatada y que en otro tiempo había sido vitalmente suya, y la manera sistemática en que eran destruidos, habría tenido que permanecer junto al teléfono todo el día hasta la noche, haciendo otro centenar de llamadas por lo menos. La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre."

La muerte es la sombra que tiñe esta historia y lo que la condiciona. La vida es el paseo previo a ese estado. Nuestro protagonista, hombre anónimo, es un ser conciente de sus errores, desaciertos, olvidos y rencores, y todos ellos constituyen la pesada -y a veces intolerable- carga que debe soportar en sus últimos minutos. Roth nació el año 1933; cuántos de estos cuestionamientos debe estarse haciendo no como ficción, sino que angustiosamente, en primera persona, ahora que el reloj avanza sin tregua, contando en su propia vida ya más que hacia delante más bien en cuenta regresiva. Hay un tremendo drama existencial en este hombre (en cualquiera de los dos, en el protagonista o el autor) que mira hacia su pasado y se arrepiente incesantemente, porque es conciente que es humano y que como tal ha cometido errores. El protagonista lleva tres matrimonios (y 3 divorcios) a cuestas, un cúmulo de infidelidades que están lejos de hacerle sentir orgulloso, un hermano que admira pero que él mismo se ha encargado de apartar de su vida, posee hijos que ya no sienten ningún aprecio por él y una hija a la que adora, pero con la cual no logra vivir conjuntamente, como la armonía que él quisiese crear entre ambos. En suma, un hombre común y corriente, que en los descuentos de su vida puede mirar hacia atrás y ver cómo se han ido acumulando los desaciertos en su vida, uno tras otro, para llevarlo hacia ese presente tan distinto a lo que él mismo alguna vez proyectó para sí.

Roth logra componer esta novela breve sin caer en lloriqueos, sin lamentaciones inútiles, sin teñirla de autocompasión. Cualquier otro probablemente habría caído en esos facilismos; pero no Roth, no él. Esta es una novela sobre envejecer, una reflexión sobre equivocarse, cometer errores, ser hombre, arrepentirse, sobre la vida y la soledad. Hay música en esta novela, una muy muy triste, pero ahí resuena. Completamente recomendada.

Entre los Poros y las Estrellas (Emmanuel Tornés Reyes)

Entre los Poros y las Estrellas (2009)
Emmanuel Tornés Reyes (?)-Recopilador
Casa Editora Abril
348 Páginas
Sin precio Ref.



Hay algo acerca de Cuba, algo mágico quiero decir. Algo tienen sus calles adoquinadas, algo sus mulatas de caderas anchas, algo la música que se respira en el aire. Algo tiene ese país detenido en el tiempo, con sus autos antiguos, restaurados y aún en marcha, algo sus edificios a mal traer, restaurados y aún utilizándose, algo incluso en su forma de hacer gobierno, quimérica, revolucionaria, mal entendida. Algo tiene toda esa gente que ama a su país, e incluso algo hay también en los otros, aquellos que a pesar de quererlo escapan de él. Cuba es un país para llenarse de líneas al estilo realismo mágico, inverosímil pero aún así sucediendo día a día. Por todo lo anterior, por toda esa incomprensión, por toda aquella falta de lógica que, sin embargo, hace palpitar a ese país, fue que cuando me obsequiaron estos tres libros sobre literatura cubana (el primero ya reseñado por mí con anterioridad, el segundo mantenido en un silencio que no vale la pena explicar acá y con este término esta secuencia) contuve el aliento, expectante, secretamente emocionado, esperando encontrar en sus líneas aquella confesión oculta, el secreto mejor guardado, al miedo más profundo, o a la verdad escondida entre las fronteras cubanas.



Este libro es, como el anterior, una antología de cuentos. La temática en este caso (la anterior estaba delimitado por el marco de mujeres cuentistas cubanas contemporáneas) se encuentra circunscrita al tema del amor. Del amor con mayúscula y también con minúscula. Del amor fraternal, del de pareja, del amor netamente sexual, de aquel que parece amor pero finalmente no lo es, de ese amor que más parece odio, del amor que cabe en el recuerdo, del amor que se acaba y del amor que comienza, todo ello en sus variantes, heterosexual y homosexual. Mi principal queja con mi anterior libro cubano reseñado era su falta de Cuba en sus líneas. Y no es que esperara visitas relatadas a sus muchos lugares históricos, o descripciones turísticas de lugares, sino que por el contrario, eché en menos ver realmente interactuar a sus personajes, en sus relaciones cotidianas, de manera que en ellas pudiese ver, entender y presuponer a la idiosincrasia de un pueblo. Y bien, acá sí vi superado ese escollo. Creo que el tema era propicio y, al no tener la limitación del genero en cuanto a su escritor la visión puede ser más amplia y menos “a pie forzado”. ¿Qué hay en este libro, entonces? Un sinfín de personajes interrelacionándose desde sus emociones, engañándose, amándose, desengañándose, odiándose, acompañándose, queriéndose. Hay toda una fauna de personajes, algunos más logrados que otros, viviendo una cotidianeidad en torno a esta temática universal que es el amor. No piensen, ni por un instante, en que se trata de un libro en el que el gustillo que deja resulta ser dulzón, muy por el contrario, hay más situaciones de desamor que de las otras, así que no teman en encontrarse –si es que alguna vez llegan a leer este libro- con una sucesión de escenas rosas. Yo habría arrojado el libro lejos antes de la mitad si así hubiese sido. El escenario es esencialmente Cuba, pero tampoco se queda olvidada la verdad de la emigración. La revolución lo tiñe todo, de una manera u otra. Las situaciones son muchísimas, las anécdotas numerosas, la calidad de los cuentos también es muy variada. Ese es mi principal temor con las antologías y esta no se escapó de dicha premisa. El nivel de los cuentos es tan disímil como su extensión. Hay algunos muy bien logrados, escritores con una prosa limpia, sin rimbombancias ni falsas afectaciones; hay otros que conviven en las mismas páginas en virtud de algún mérito que no logré captar. En eso quizás este libro se parece a la misma Cuba: tiene sus partes hermosas, ha sido capaz de guardar instantes del tiempo, pero así mismo, posee momentos para olvidar, que uno desearía poder simplemente pasar por alto. Pero estamos hablando de Cuba, y si la pretensión es conocer un poco más de ella, lo más correcto sea simplemente hacer el tour completo y aprender de todos sus altibajos. Pero no se queden sólo con esto último. Si desean conocer algo de la literatura cubana, esta es una bastante buena opción, con un panorama harto amplio y en una temática que permite reconocer las situaciones cotidianas, aquellas que sí constituyen la vida de una persona. Un recomendado para satisfacer a los curiosos como yo de estas lejanas latitudes.

Indignación (Philip Roth)

 Indignación (2008)
Philip Roth (19-03-1933// )
Random House Mondadori
165 páginas
Precio Referencial .Cl $11.000


 Phillip Roth es uno de esos escritores con un currículo intimidante. Tiene a su haber el Pen/Faulkner, el Pen/Nabovok, y el Pulitzer entre tantos otros premios. Es considerado, además, entre los mejores –si es que no el mejor– escritor Estadounidense vivo. Pesada carga en sus espaldas; lógicamente provoca que tras cada una de sus publicaciones miles de ojos se enfoquen en sus líneas, no sólo para leerlas en un estado de disfrute, sino que también para analizarlas –olvidé añadir que según Wikipedia existe una sociedad dedicada al estudio y análisis de su obra– así que eso es lo que en esta reseña nos traemos entre manos. Indignación es su más reciente novela, publicada, como dice el encabezado, el año 2008. Tengo entendido que hay otra novela con fecha de publicación 2009 y otra ya lista para este año 2010 (bastante prolífico el hombre), pero de las cuales aún no tengo noticias de alguna probable traducción al español. Pero en esto puedo estar equivocado.

Y bien, han sido muchos rodeos introductorios. ¿De qué va esta novela? ¿Dónde está la magia tras la cortina? En este libro nuestro autor nos narra la historia de un joven judío –al menos de cuna– estadounidense de nacionalidad, hijo de carnicero y dueña de casa. Marcus Messner es su nombre, a ratos feliz habitante de Nueva Jersey. Marcus es una especie de estrella rutilante dentro de su familia de clase media y esforzada, aquel joven que es lumbrera académica y foco de todas las expectativas familiares. Es, además, hijo único. No sólo es quien descuella en su familia sino que es incluso un hijo ejemplar, notabilísimo en su barrio, ayudante de carnicero. Como es obvio el muchacho logra ir a la universidad. Nada extraño. En ese momento su padre-amigo se convierte en una especie de padre-carcelero quien, transforma todos sus cariños en aprehensiones. No tolera la posibilidad remota siquiera de que su hijo Marcus fracase ante la posibilidad de cualquier mala decisión en la vida. Marcus, por el contrario, no tolera a su padre con su nueva faceta, razón por la cual se va a estudiar incluso más lejos, donde su padre ya no pueda intervenir.
Marcus aspira a la perfección. Aspira al escape. Al escape del mundo del que viene –ese mundo judío lleno de reglas- pero también del mundo del que forma parte, ese mundillo casi vulgar de las universidades y sus alumnos que parecieran no entender nada, ni interesarse realmente por sobresalir o por su futuro siquiera. Marcus desea escapar también del contexto mundial. No es pacifico que sea alrededor del año 1951, en plena guerra de Corea, en la que Estados Unidos jugaba un rol como apoyo estratégico a Corea del Sur, lo que se traducía como un apoyo al capitalismo. Los jóvenes eran enviados allá, a pelear por ese ideal, en tierras ajenas, en guerras de otros intereses. Marcus debía mantenerse en la universidad, estudiando. Ser expulsado lo haría seguramente ser llamado a “las filas”, lo que le acarraría una probable muerte. Pero extrañamente todo eso de mantenerse en la universidad, ser un buen chico, obtener buenas notas, se vuelve –precisamente para él, quien siempre se ha caracterizado en ser un alumno brillante– en algo sumamente complejo. Y no es que haya dejado de estudiar –que es prácticamente lo único que hace– sino que todas las decisiones que toma, por banales que sean, influyen de maneras impensadas y desencadenan consecuencias completamente fuera de cualquier predicción, como si su padre, aquel que ve el destino aciago en todas partes, más que un pesimista fuese un oráculo.
Podríamos aventurar que esta es la típica novela de viaje, en la que el protagonista va haciendo progresos internos de crecimiento; pero no. Un rotundo no. Podríamos decir que esta es una novela de iniciación, en la que el protagonista conoce y reconoce un universo que le es extraño, y en la cual los elementos se comportan de maneras que escapan a sus medios, pero no. Otro rotundo no. Esta novela es un hibrido un tanto más complejo. Nuestro protagonista, Marcus, pareciera realmente no aprender nada, no ir creciendo (de hecho no llega a crecer jamás), estar estancado, pero al mismo tiempo en él se van acumulando las culpas, los pecados, todo aquello que normalmente precede al aprendizaje. Y de la misma manera, dada la juventud de Marcus esta también es una novela de iniciación, pero a la vez no, porque el protagonista se enfrenta rígidamente a este mundo que lo rodea, de una manera estoica, como queriendo soportarlo por sí mismo sobre sus hombros, pero finalmente él decide escapar, y luego la vida pareciera querer escapar de él. En esta novela podemos encontrar temas como la sexualidad, la religión, la ambición y la autocompasión. En Roth podemos encontrar un mundo, lleno de pequeños detalles, de pequeñas jugarretas con nosotros, los lectores, de breves quiebres, y otros más grandes. En todo esto hay bastante oficio. Invisible probablemente no será nunca un clásico universal, pero si ampliamos un poco el punto de vista, y nos fijamos en Roth como un todo y en toda la literatura que ha creado, probablemente debamos dudar de esa afirmación. Y eso es realmente mucho decir de un autor.

Fulgor del aire (Juan Gelman)

 Fulgor del aire (recopilación 1956 - 2004)
Juan Gelman (1930)
 LOM Ediciones
 228 Páginas
 Precio referencial: $4.500


Antes de entender bien esta reseña deben conocer un pequeño dato; no soy bueno para la poesía. Seré de un alma muy simple o muy compleja, tal vez, pero nunca he llegado a comprender bien la poesía. Este libro, entonces, significa mi acercamiento a la poesía de una manera más concreta (por supuesto había leído a Neruda y a Mistral, como todo buen chileno) lo que no es un mérito menor. El poema que comienza el libro ("Oficio") me cautivó de manera casi instantanea. Acá unos versos:

"(...)quién me manda meterme, endecasílabo,
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos, 
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme, (...)"

De esa manera, con un humor vacilante entre la ironía  y la felicidad, Gelman logró construir en mi mente, sobre la niebla que significaba para mi la poesía, una figura tan nítida, tan simple y sin horizontes. Gelman habla de amor sin ser romántico, reflexiona sin deprimir y ironiza sin ofender. Este es un libro maravilloso, tan lleno de historias como de pensamiento, tan distinto cada vez que lo abres, que se queda ahí, porque esta allí fuera en el mundo y aquí dentro en nosotros. Esa es una temática, tan universal como íntima. 
Llendonos a lo práctico, porque no soy literato ni catedratico, un libro de poesía puede ser un mejor amigo, en especial de la gente ocupada; leer una novela puede ser tan difícil para quien dispone de tan solo unas horas al día, pero Fulgor del aire entretiene tanto o más que una novela, cuenta y enseña en cada poema, con una o dos páginas como terreno, lo que cualquier novela de calidad. 
Terminando entonces, con la anécdota de que Gelman recibió el premio de poesía Pablo Neruda en el 2005 (el libro parte con su discurso en el Palacio de la Moneda en el recibimiento del premio) y lo merecía a mares, porque supo romper esta cabeza de piedra mía y pulirla al menos un poco con sus versos. Totalmente recomendable para quienes leen poesía e imprescindible para quienes no.

                             

Una breve historia de casi todo (Bill Bryson)

A short history of nearly everything (2003)
Óceano
Bill Bryson (1951-X)
511 páginas
Precio referencial: $50.000


Lo que sabemos es una gota de agua;
lo que ignoramos es el óceano.

Sir Isaac Newton


Esta joya de divulgación científica llegó a mis manos por un intercambio temporal que llevé a cabo hace unos meses: yo entregué el libro de Carl Sagan que reseñé en los inicios de este proyecto, y a mi me dieron esta breve y potente historia de casi todo lo que nos rodea. Y pretende anunciarlo desde un principio: este es un libro sencillamente maravilloso, y lo es por muchas y diversas razones. En primer término, página tras página el británico Bryson, investigador empecinado con el viajar por los cinco continentes y el aprender cada detalle en cada uno de ellos, nos enseña todo lo que alguna vez tuvimos pernoctando, caminando o sobrevolando nuestro planeta, lo que tenemos en esta época –lo cual equivale el resultado de una acumulación de hechos después de un tiempo espantosamente largo-, y lo que probablemente obtendremos si seguimos los mismos poco previsores y erráticos pasos que caminamos en la actualidad. Sin embargo, y aunque esto suene a “¡Precaución!”, el libro en su totalidad no es una especie de férreo manifiesto contra la estupidez y desconsideración del ser humano para con sus pares y su medio ambiente o algo de esa suerte, lo cual tampoco quiere decir que tácitamente no se nos diga al oído que todo lo hermoso que es nuestro planeta y lo que está fuera de él son razones suficientes para cuidarlo y para no dilapidarlo. Se nos ilustra en sus párrafos, tranquila y diligentemente, todo lo mágico del funcionamiento de este reloj universal que construye milenio a milenio todo lo que podemos apreciar, y, a lo menos, tratar de entender.


Este libro –o almanaque, receptáculo del saber científico, o como se quiera decir-, está repleto de información de todo tipo: particulares historias de geología, química, física y astronomía; un breve resumen de los años y años de evolución vegetal y animal, además de los relatos de las vidas de hombres de ciencia, desde los más insólitos e introvertidos personajes hasta los hombres más conflictivos y sabihondos, como el famoso Cavendish, gracias a quien sabemos el peso total de la Tierra. A modo de ejemplo, se nos cuenta el proceso que tuvo que vivir Charles Darwin para ver a toda luz la publicación del “Origen de las especies” y, también, cómo fue que a Albert Einstein se le ocurrió la tan bien ponderada y famosa Teoría de la Relatividad, intercalando apreciaciones sobre hechos concretos en el tiempo, reconocidos astros como elementos para hacer las comparaciones dentro de la naturaleza de la teoría, eclipses que cumplieron la labor de confirmarla, y sucesos específicos en la vida personal de quien fuera alguna vez trabajador de una oficina de patentes en Suiza. Todo esto revuelto espectacularmente con datos objetivos en relación al Universo y su relación con nuestro pálido puntito azul (como diría Carl Sagan), explicaciones didácticas a pie de página sobre leyes tan hermosas como las de la termodinámica, o un útil glosario al final del libro para ubicarte, a modo de enciclopedia científica, cuando necesitas buscar un nombre, un concepto, una hipótesis o una historia de las muchas que pueblan este gordo pero imprescindible título.


Como ya se habrán dado cuenta, es imposible mostrar grosso modo todo lo que contiene este libro sin antes comenzar a enumerar lo variado de su repertorio. Porque Una breve historia de casi todo es una Historia –y una historia- que conmueve hasta las vísceras más íntimas del ser humano, puesto que lo que se nos cuenta, explica y describe no es nada más ni nada menos que nuestra realidad; la vida de todos y cada uno de nosotros en un Cosmos que no es nuestro pero que nos hizo parte de su inmensa hermosura.
Para terminar, me gustaría citar unas breves palabras del divulgador científico estadounidense Neil deGrasse Tyson, quien nos cuenta emocionado de qué se trata todo esto:

“I know that the molecules in my body are traceable to phenomena in the Cosmos. That makes me want to grab people in the street and say, "HAVE YOU HEARD THIS?!"
(Yo sé que las moléculas de mi cuerpo son rastreables hasta los fenómenos del Cosmos. Eso hace que quiera agarrar a la gente en la calle y decir: “HAS ESCUCHADO ESTO?!”)

Ciudad de Cristal (Paul Auster)

Ciudad de Cristal (1985)
Paul Auster (03.02.1947- )
Compactos Anagrama (1997)
163 Páginas
Preci Referencial .Cl $8.000

Yo soy nuevo cada día. Nazco cuando me despierto por la mañana, envejezco durante el día y muero por la noche cuando me duermo. No es culpa mía. Hoy lo estoy haciendo muy bien. Lo estoy haciedno mucho mejor que nunca.
(Paul Auster, Ciudad de Cristal)


A Paul Auster me lo encontré. Me lo encontré reiterativamente en artículos de diarios, en revistas, en las librerías y ahora último me lo encontré en “Lo que leímos” gracias a una reseña de Diego Soto. Así que sin más decidí dejar de encontrármelo y empezar a leerlo. Para empezar escogí al azar. Nada mejor que el azar para elegir entre los muchos libros que ha publicado este autor que manifiesta no creer en la causalidad o motivación de las cosas. Así llegué a esta novela de corte policiaca –no son mis favoritas ni por lejos– que según bien sabía era la primera parte de una trilogía llamada justamente “La trilogía de Nueva York”.
Esta primera entrega trata sobre un llamado telefónico. Un llamado telefónico que es un error. Un error que, obviamente, es inmotivado. El error produce un efecto y ese efecto es esta novela. En una noche cualquiera a nuestro protagonista suena su teléfono. El ring lo molesta y apenas alcanza a contestar: “¿Es usted el detective Paul Auster?” o algo así preguntan al otro lado de la línea y por supuesto que no se trata de Paul Auster (sí, el autor usó su nombre para uno de sus personajes) sino que de Quinn, nuestro protagonista, un escritor de novelas policiacas de mediano éxito (otra auto referencia, aunque quizás un poco cínica). Lógicamente él manifiesta que hay un error, que ahí no vive nadie de ese nombre, ni menos que sea detective. En los días siguientes y durante las mismas horas el llamado de las noches vuelve a producirse. Quin –un tanto aburrido de todo– decide finalmente decir que sí, que él es el detective Paul Auster. Desde ahí todo comienza a tomar vuelo. Esta especie de rutina sucedió efectivamente en la vida del autor: una noche alguien llamó a su teléfono preguntando acaso era él el detective tal o cual, y él dijo lógicamente que no. Y luego quedó preguntándose por días ¿qué habría pasado si hubiese dicho que sí?. Bueno, dijo que no, y lo que sucedió fue esta historia.
La narración avanza cuando él toma el caso. Se trata de la historia de un hombre al cual su padre lo mantuvo encerrado durante los primeros 10 ó 12 años de su infancia experimentando con él, tratando con aquel encierro que él volviese a un estado de naturaleza tal que se reencontrase con el idioma pre Torre de Babel, antes de que dios nos castigase con la multiplicidad de lenguas que existen hoy en día, antes de que dejáramos de entendernos los unos a los otros. Suena un poco a Dan Brown pero la trama no avanza por ese lado. Y no se asusten, hasta ahora no les he contado nada que no aparezca dicho, claro que con otras palabras, en la contratapa del libro. Quinn, suplantando a Paul Auster –el reputado detective privado– es contratado para cuidar a este hombre de su padre, quien luego de años recluido en una institución mental ha sido puesto en libertad, del cual se sospecha que vendrá a asesinarlo. Los motivos son tantos como se puedan imaginar y no quiero ahondar en ellos porque no deseo darles la novela a medio masticar.
¿Qué hay tras esta novela policial que le ha valido tanto reconocimiento a su autor? Pues en un primer momento me pregunté exactamente lo mismo. Su escritura es pulcra, funcional, correcta, simple y agradable de seguirse, pero no supera a otros contemporáneos coterráneos como Ford, Roth o Carver. La narración es límpida, no posee grandes ripios e incluso es amena durante largos pasajes pero con ello no bastaría para tanto reconocimiento. Pero luego está la historia tras la anécdota. Aquella historia inmotivada, –como opina su autor que es el universo– aquella historia que acaba sin un final, y que destruye los paradigmas de las novelas detectivescas. Ahí donde entra el azar comienza el juego del autor con sus personajes, convirtiéndolos en muñecos del destino más que en dueños de sí mismos. Y al final el destino se burla. Claro que lo hace, si nada tiene una razón de ser. En esos instantes está la vida y en esos instantes se va la vida de nuestro protagonista. Es difícil explicarlo sin contarles el trasfondo de la historia, sin echárselas a perder completamente, así que me limitaré a dar mi opinión general: este es un buen libro, bastante lejano de ser brillante, pero bueno al fin y al cabo, con un buen retrato de lo que es Nueva York, de las motivaciones de su gente, con temáticas como el dinero, el amor (o la falta de él), la vida en la ciudad, el destino y el sinsentido, especialmente el sinsentido. Si son amantes de las novelas policiacas esta puede ser un tremendo giro para ustedes, porque les dará un gran trasfondo allí donde normalmente prima la anécdota y el comentario o resolución sagaz, sino no es así, opten por otra novela de Auster, que tiene mucho más que entregar.

Rayuela (Julio Cortázar)

Por: Valeria González C.
Rayuela (1963)
Punto de lectura
Julio Cortázar (1914-1984)

711 páginas

Precio referencial: $7.220


"Era duro renunciar a creer que una flor puede ser bella para la nada; era amargo aceptar que se puede bailar en la oscuridad."

Julio Cortázar


La primera vez que Rayuela llegó a mis manos no tenía la intención que de pronto terminara comiéndose mi vida. Rayuela es de esos libros que no sólo los lees si no que ellos terminan leyéndote un poquito a ti, como si la historia escrita tuviera algo de tu historia aunque transcurra en un escenario tan diferente a la bohemia parisina y a las callecitas humeantes de calor y gente de Buenos Aires. Con aquel amor claroscuro, parisino, itinerante, aunque el escenario de lectura no sea más que palabras no dichas bien guardadas, o un año de distancia en un verano de lluvia casi eterna, uno termina sintiéndose más personaje que nunca.
Al comenzar a leer Rayuela, lo hice sabiendo que lo que tenía en mis manos era una primicia. Aquél libro que cambiaría un poco mi percepción de lo leído anteriormente, lo abría con cuidado, mirándolo desde lejos, como no sintiéndome lista para realizar su lectura. Y lo comencé con aquella fascinación, consciente de que descubriría algo que no había visto antes. Entonces, mientras yo sonreía, Rayuela me hablaba de las callecitas de Paris, de Ópera, de Jazz, de la rue de Seine, de Mondrian, de Joan Miró, de Morelli de la guayaba, de Montevideo, de Notre Dame, de América y Europa, de dos escenarios distintos entrecruzados por la vida de Oliveira, ese personaje de personalidad perturbante y envolvente que da vida a dos historia casi simétricas en ambos continentes.
Porque a través de una narrativa perfecta, y de llevar el lenguaje al límite transgrediéndolo, cambiándolo, jugando con el lector, invitándolo a cambiar la historia, a desafiar el orden tradicional de leer un libro, a ser no sólo parte de aquella tristeza y locura melancólica de cada integrante del club de la serpiente, de esa libertad e impulsividad de Lucía, del cansancio, desengaño y confusión de Oliveira, de la tranquilidad (¿cansada, resiganda o madura?) de Traveler, del vivir por vivir sonriendo, de aquella inocencia escogida de Talita, también Cortázar te hace parte de una verdadera revolución en la manera de escribir una novela Latinoamericana. Y aunque escribo esto un año exactamente de la primera vez que Rayuela llegó a mis manos, y que gracias a que los escenarios son totalmente otros logré quedarme con las calles de París y con el amor de Maga y Oliveira, con las sesiones alucinantes, sucias, mojadas y lluviosas del club de la serpiente y así dejar de huir de aquella historia que hace un año me ahogaba, ya que me hablaba inusualmente de esa otra historia que sin desearlo siquiera lograba trasladarme a esa realidad-fantasía, a aquella verdad-mentira de la que ya no deseaba ser parte.



Porque muy lejos de decirles que si este libro es bueno o no, si se los recomiendo o no, sólo puedo hablar del efecto personal que provocó, ese que me dejó con la misma sensación de las cosas inconclusas, de los besos no dados, de las palabras no dichas pero que sabes que algún día, quizás tarde quizás temprano, tendrás la oportunidad de hacerlo, aunque ya no logren el mismo efecto. Porque más que cualquier cosa es un libro hermoso, con palabras bellas, y lugares soñados, porque terminas por darte cuenta que lo bello no está en las grandes cosas, que una imagen bella puede ser el dilatar por horas la noticia inevitable e irrevocablemente triste gracias a la complicidad secreta de un grupo de personas, porque lo realmente hermoso está en una noche lluviosa, en una pieza húmeda, en los zapatos embarrados, en aquello que saberlo ahora o en un par de horas no cambiará el efecto. La belleza en un manicomio y la pequeñísima distancia con un circo venido a menos.
Porque Rayuela te regala un pedacito de muchas vidas, que nunca serán como la tuya y que sin embargo pueden volverse tu vida misma, porque Cortázar logra envolver al lector de tal manera que de pronto pareciera que uno fuera el regalo y el libro comenzará a rayar tu vida. Un libro que podrás releer mil veces, y siempre logrará hablarte de algo diferente. Puesto que aunque las circunstancias sean parecidas, al igual que cada uno de nuestros días, jamás será el mismo.

Ampliación del Campo de Batalla (Michel Houellebecq)

Ampliación del Campo de Batalla (1994)
Michel Houellebecq (26-02-1958// ¿? )
Compactos Anagrama
174 Páginas
Precio Referencial .cl $8.500

Desde hace unos años camino junto a un fantasma que se me parece y que vive en un paraíso teórico, en estrecha relación con el mundo. Durante mucho tiempo he creído que tenía que reunirme con él. Ya no.

El campo de batalla es sangriento e inexorable. Nos rodea de manera irremisible. El contexto es descarnado y aflora por doquier. En esta guerra no hay treguas ni trincheras. En esta guerra hay sólo un bando, y ese es el bando perdedor. El campo de batalla crece, se va ampliando, y va abarcando cada uno de los recovecos de la existencia, todos los momentos, todas las acciones, todos los silencios. En esta guerra existe sólo un bando, y ese es el bando perdedor. En esta guerra todos son enemigos, todos, sin excepción. Y el resultado, sabido de antemano, demuele el día a día, de esta guerra cotidiana, donde no hay esfuerzo suficiente y la diferencia entre morir luchando o rendirse no es ninguna. No hay condecoraciones posibles al mérito. Sólo el resultado manda. Y ya lo hemos dicho: esta es la guerra de un sólo bando, el bando perdedor. En ese bando está nuestro protagonista, y en ese bando estás tú… y también estoy yo.
Esta es una historia narrada en primera persona. Nuestro protagonista es un hombre de 30 años, informático, que debe vender a sus eventuales clientes el software que crea su empresa. La narración es bastante personal, se ha dicho que incluso tiene caracteres autobiográficos. El lenguaje que utiliza la historia es simple y muchas veces coloquial. La narración es breve y de fácil lectura. El tono es amargo, depresivo y denota el hastío del protagonista, de este hombre que ha perdido en la vida. “Me asombra tener sólo treinta años; me siento mucho más viejo” nos plantea nuestro autor con desolación, en clara referencia a la sensación de esta vacuidad del tiempo, que se escapa, que pasa lento, pero que en el fondo pasa inútil, por cuanto con él no deviene ni devendrá nada nuevo. No hay mejorías posibles en el horizonte. “Y luego tomo calmantes, y todo se arregla. Todo se arregla”.
Esta es una historia bastante mínima. Además del protagonista tenemos a un compañero de trabajo que es un vencido, un perdedor en lo sexual, un feo por antonomasia, ridiculizado por la vida, virgen a los 28, a quien el narrador lo persuade de matar a una mujer y su pareja, para así rebelarse a la derrota, a la forma en que se han dado las cosas, al status quo. Pero luego se sucede la muerte. Y nuestro protagonista ensalza a su compañero de trabajo, quien ha muerto, pero el que al menos –según sus palabras– ha muerto sin haberse nunca rendido, como si ello significase algo, como si ello no fuese una contradicción consigo mismo, o una forma más en las que se manifiesta el ridículo. Ronda también en la historia la idea constante del suicidio, como acto de abandono, pérdida o alejamiento de este campo de batalla, y la idea del cercenamiento del órgano sexual, también como abandono del campo de batalla, esta vez, en el plano de la vida sexual, batalla en la que también se ha fracasado. “Si hubiera que resumir el estado mental contemporáneo en una palabra yo elegiría, sin dudarlo, amargura”, y también “ -Ya verás, al envejecer las cosas se vuelven muy sencillas- ¡Cuánta razón tenía.”
Esta es la lectura que hace Houellebecq del estado actual de las cosas. Su amarga visión. Su desencanto con todos y todo. Su prosa es limpia y simple. Su construcción de la historia es precisa y sin desvíos innecesarios. El resultado es prolijo. La historia, en sí misma, es mínima y, quizás por lo mismo, muy bien lograda. No hay mucho más que decir. Esta fue la primera novela de este autor, y con ella puso inmediatamente un pie en el mapa de la literatura francesa. Este es el primer escalón en el camino de un tremendo escritor en su trayecto hacia convertirse en un gran escritor. No tan bien logrado como sus posteriores, pero con todo el germen de sus temáticas e intereses. Y no menos conmovedor, ni menos bello… a su manera.

Plan de evasión (Adolfo Bioy Casares)

Plan de evasión (1945)
Emecé
Adolfo Bioy Casares (1914-1999)

192 páginas

Precio referencial: $18.740

La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
Jorge Luis Borges


Adolfo Bioy Casares era muy amigo del gran escritor Jorge Luis Borges, quizás el más maravillosamente perfecto y perfeccionista de todos, con quien compartió, además de nacionalidad y buenos momentos junto a las hermanas Ocampo, autoría de variados libros y la afición a la fantasía, como a las novelas y relatos policiales. En el caso del escritor que murió ciego y con menos momentos experienciales como legado al mundo, “El inmortal” es un cuento excepcional y un gran ejemplo de la pasión literaria que corroía a las dos almas; en cuanto a Bioy Casares, el amigo más vividor y conocedor de lugares fuera de la protección de un techo, “Plan de evasión”, el libro cuya reseña plasmaré en los próximos párrafos, es un ilustrador ejemplo de la temática que infundó las letras de los dos argentinos.

Este libro nos muestra una serie de islas de prisioneros, cuyas superficies cobijan una especie de sociedad-secta manejada por un calculador jefe mayor, Castel, quien entrena las cabezas de ciertos capturados seres humanos con ayuda de pequeños cuartos en un lugar secreto de la isla. Aquellos cuartos ínfimos y con forma de cubos tienen, en las paredes, distintas configuraciones de dibujos y colores que hacen que la mente de los que las miran se difuminen en pensamientos y realidades que no existen. El relato entero es la lucha de uno de los más reacios a convertirse en marioneta por salvarse y entender qué es lo que realmente pasa, Enrique Nevers, hombre que además envía cartas a un conocido que, alejado del delirio que se esconde bajo el cielo de las islas, lee y responde, con dificultades obvias, a su amigo que le cuenta angustiado lo que pasa en esos espacios tan extraños.

Los párrafos que pueblan las páginas son un admirable juego de percepciones y consciencias, que atribuladas en su perdición, no intentan escapar de los sucesos y su condición impuesta, pues comprenden que lo que están mirando, sintiendo y absorbiendo es lo que simplemente tienen y deben vivir, ignorando totalmente lo que es el mundo anteriormente conocido y, por qué no decirlo de otra forma más cercana, verdadero. Es por eso que esta obra es también un guiño a la psicología y al carácter infinito que tienen los fenómenos mentales, tan bellos y misteriosos en sus manifestaciones más recónditas. En resumen, una escalofriante obra multifacética.



Como término, para no seguir carcomiendo más los ánimos probables que tengan los potenciales lectores de “Plan de evasión”, no me queda nada más que decir que Latinoamérica, como continente con grandes ganancias y exponentes culturales, no se queda atrás en lo que es la literatura de fantasía e incluso la ciencia ficción (basándonos en términos un poco más generales), puesto que con esta novela, si bien no es la más conocida de Adolfo Bioy Casares –pues “La invención de Morel” se gana este podio en específico-, queda totalmente demostrado.

El fumador y otros relatos (Marcelo Lillo)

El Fumador y otros Relatos (2008)
Marcelo Lillo (1963-?)
R.H. Mondadori (2008)
132 Páginas
Precio Referencial .cl $ 6.000

Marcelo Lillo era profesor de castellano en un colegio ABC1 para niños problema. Lidiaba con pequeños alcohólicos de nueve años y ganaba alrededor de un millón de pesos al mes. Un día se dio cuenta que la vida que vivía no era lo que él quería así que junto con su mujer vendieron todo lo que tenían. Contaron el dinero, hicieron unos cuantos cálculos y llegaron a la conclusión de que les alcanzaba para vivir durante cuatro años. Cuatro años fue el tiempo que se dio para poder vivir de la literatura. Tan perentoria fue su decisión que al mismo tiempo se compró un revolver y lo puso bajo su almohada. Si fracasaba en el tiempo ya dicho le daría un tiro a su mujer y se daría otro él. La pareja se fue a vivir a Niebla, poblado (o más bien caleta de pescadores) de unos dos mil habitantes. Desde ese momento Lillo se dedicó por completo a la literatura. No obstante lo anterior no conseguía ser publicado y se acercaban los cuatro años que él mismo se había dado. Finalmente lo llamó un editor de España, que le solicitó más de sus cuentos. Y los meses pasaban y nada sucedía. Cuatro meses antes de cumplirse los cuatro años ganó un concurso literario. Con el premio su tiempo se extendía otros diez meses, pero una vez llegados esos diez meses, amenazaba su Colt desde bajo su almohada. Finalmente lo llamaron de España. El sueño se había realizado. El escritor chileno, pueblerino, quien ya había renegado de la vida que llevaba y se disponía a renegar de la vida en absoluto si esta no le sonreía había conseguido nada más ni nada menos que llegar a las grandes editoriales de España sin siquiera antes haber sido publicado en Chile, y sin tener a su haber más que un puñado de premios por sus narraciones breves.
Ese es Lillo. Marcelo Lillo. Antiguo profesor de castellano, de colegio cuico –como él lo ha llamado en alguna entrevista– y actual éxitoso escritor.
¿Cómo son sus cuentos? Pues, como Lillo!!! Perentorios, definitivos, precisos, siempre al borde del quiebre, como si toda su realidad estuviese a punto de naufragar en cualquier momento y como si a sus protagonistas todo ese eventual naufragio los tuviesen sin cuidado. El fumador y otros relatos está constituido por diez cuentos, de breve extensión, que siguen de cerca la tradición Carveriana a la que explícitamente tributa. El lenguaje es conciso y tajante. Las historias mínimas. Los relatos cotidianos. Las anécdotas son inexistentes. Acá prima lo mundano, el día a día, el quiebre que no se ve, pero del que se sufren los efectos. Y con momentos que son silencios más que sucesos va retratando al hombre contemporáneo, hombre que pareciera vivir en cualquier parte, en cualquier sociedad, como si fuera un apátrida incluso de sus emociones y sentimientos, como si ya no quedara raigambre alguno entre los hombres. Una Colt 45 espera a Lillo para cuando la fortuna literaria deje de sonreírle, antes de ser demasiado viejo (así mismo él lo ha dicho). El mismo destino funesto parecieran tener asegurados todos sus personajes, como si olieran una muerte segura que les espera demasiado anticipadamente, y por eso ya nada importase realmente.
Cuando este, su primer libro, fue publicado en el año 2008 su nombre apareció por primera vez en las publicaciones especializadas. Se le entrevistó profusamente. Este es un hombre de comentarios tan políticamente incorrectos que resulta, sospechosamente, comercialmente correcto. Su lengua desmerece a su puño. Sus comentarios sobre otros escritores chilenos pueden tener mucho de verdad, pero parecieran ser dichos a tal punto para la galería que desmerecen su propia escritura. Me imagino que un escritor como él debe ser mucho más simple de venderse que a un típico come libros ratón de biblioteca –estoy seguro que se impactaron tanto como yo la primera vez que leí la historia de su pistola bajo la almohada y el plazo autoimpuesto–, pero no olvidemos sus relatos. Este hombre se desacredita con su lengua que a veces pareciera intencionadamente mordaz. Por suerte, tenemos de él su puño que escribe. Y luego de sus cuentos, casi geniales como he dicho, todo lo demás puede ser pasado por alto. Para mí Lillo fue EL descubrimiento de la literatura chilena de la última década. El mejor libro chileno del año 2008 fue este y el autor revelación fue Lillo. Y el 2009 volvió a lanzar un batatazo. Pero eso es materia de una próxima reseña. Por el momento, se los recomiendo, sigan a Lillo antes de que vuelva a toparse con su Colt 45, que ahí ya será muy tarde.